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¡Sacerdotes que vivan las Bienaventuranzas!

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¡Sacerdotes que vivan las Bienaventuranzas!

* Esta semana los sacerdotes de la Diócesis de San Isidro tuvieron un retiro espiritual.

Entre el 20 y el 24 de marzo los sacerdotes de la Diócesis de San Isidro se encontraron en la Casa Pastoral María Inés Teresa Arias, de las Misioneras Clarisas en San José para vivir su retiro espiritual cuaresmal.

Monseñor Fray Gabriel Enrique Montero fue el predicador de los ejercicios que llevaron al clero a reflexionar sobre las Bienaventuranzas, pero también alrededor de la figura de San José, fueron llamados a vivir en fidelidad.

Igualmente, con motivo del XXXVII aniversario del martirio del Beato Mons. Óscar Arnulfo Romero, el Obispo de San Isidro, destacó que la clave para alcanzar la santidad, consiste en amar a Dios en su dimensión trinitaria y que ese amor desemboque en un amor especial por los hermanos como fue el caso del Beato.

Alrededor de la figura de Romero, se reflexionó sobre aquellos que son bienaventurados que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Esto implica “una acción y actitud que toma el cristiano delante de situaciones de no reconciliación, cómo ser agente de paz y contribuir así para que haya reconciliación entre personas, familias y pueblos”, recordó el Obispo.

Señaló que “la paz cristiana tiene por característica esencial que es un don de Dios y gracia dada por el Espíritu Santo, proviene de Dios porque viene de un acto total de perdón y misericordia hacia nosotros, siendo el gran anuncio luego de la Resurrección”.

Es esta paz “la que hace posible que se restituya la comunión con él y entre nosotros…, por tanto no será algo momentáneo, sino que es un estado permanente y profundo, ya que al producir la comunión con Dios produce una paz duradera y lleva a un perdón con los demás; este es el camino cristiano, el que lleva al perdón fraterno”.

El cierre del encuentro provocó la meditación sobre los perseguidos por la justicia porque de ellos es el Reino de los Cielos, que es la última bienaventuranza y tiene una función inclusiva y conclusiva. Ésta “señala cómo responde el cristiano frente a las injusticias, cuando el cristiano compromete su vida a favor de la causa de la justicia, sabiendo que hay persecución y ésta llegará cuando se hagan denuncias puntuales como lo hizo Juan el Bautista”.

“Se requiere gran madurez cristiana, porque tendrá que estar preparado para las persecuciones y tendrá que arriesgar su propia vida; si la primera bienaventuranza es el amor máximo a Dios, ésta es el amor máximo al hermano, porque trata del amor que esté dispuesto a morir, y esta es la gran madurez que nos cuesta tener”, indicó Mons. Montero.

Gerardo Mora Pana / gmora@iglesiacr.org

Colaboró el Pbro. Elí Quirós, Director de Radio Sinaí.

 
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