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Conferencia Episcopal de Costa Rica Cuaresma...camino hacia la Pascua 2016

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Conferencia Episcopal de Costa Rica
Cuaresma...camino hacia la Pascua
2016
 
Al iniciar el tiempo cuaresmal, nosotros, Pastores del Pueblo de Dios, nos unimos al llamado del Papa Francisco  para que «la Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios.»[1]

“Celebrar la Cuaresma”
Este tiempo litúrgico que antecede y prepara la celebración de la Pascua, nos estimula  a escuchar, atentamente, al Dios misericordioso que nos llama a la conversión. Tiempo penitencial y, por ende, de  gran riqueza espiritual para renovar nuestro compromiso cristiano y vivir con plenitud el misterio de la muerte y resurrección del Señor.“Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro.”[2]

Asimismo, mediante la práctica del ayuno, la limosna y la oración, como fiel expresión del anhelo de conversión, la Cuaresma nos lleva a vivir, de manera más radical, el amor de Cristo. Abrirnos a su amor es permitir que él viva en nosotros y nos lleve a amar con él, en él y como él, para expresar con san Pablo: “Ya no vivo yo, sino es Cristo quien vive en mí…” [3]

“Experimentar la Misericordia”
Lejos de promover una piedad individual, desencarnada, abstracta y sin compromiso comunitario, la Cuaresma hace un sincero llamado a la conversión que no es, sino, ir contracorriente, contra la vida superficial e incoherente. 
Como destaca el Santo Padre en su mensaje cuaresmal «Misericordia quiero y no sacrificio[4] la misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, impulsándolo a amar al prójimo y animándolo a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales:“Ellas nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo…En el pobre, en efecto, la carne de Cristo «se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga... para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado”.

Esta propuesta, acogida auténticamente,  nos lleva a  reorientar con determinación nuestra existencia según la voluntad de Dios; no sólo  en este tiempo litúrgico, sino en todas las áreas y circunstancias de nuestra vida. Así, además del ansiado compromiso de conversión personal, los cristianos tenemos el deber de transformar,  y con nuestras obras, construir una sociedad más justa y fraterna.

La realidad nacional exige, particularmente de nosotros, creyentes en Cristo,  una firme decisión moral capaz de rectificar conductas con sensatez. Es fundamental que nuestra inteligencia y nuestros actos sean iluminados por el Evangelio y la Cruz de Cristo.

Costa Rica experimenta un tiempo de grave confrontación política y social que empaña nuestra convivencia cívica y nuestra tradición pacifista. Hay sectores que se resisten a una “cultura del encuentro” fomentando el desconcierto y la intolerancia. En este campo, también necesitamos conversión para dar pasos hacia un diálogo de altura.

Como Pastores del Pueblo de Dios, reconocemos la actitud cívica que ha predominado en los  comicios para elegir los gobiernos locales y damos, desde ya,  nuestras palabras de aliento a los funcionarios electos en quienes las comunidades han depositado su confianza, para que sepan responder con responsabilidad, trabajo y dedicación a tal designación.

Hemos cerrado el año más violento en la historia por su alta tasa de homicidios. Somos, igualmente, testigos del grave sufrimiento que aflige a muchos costarricenses  por la pobreza y la exclusión social por causas estructurales que no se quieren afrontar. Son muchas las familias sin vivienda digna, sin servicios de salud, educación  y seguridad. Día a día el matrimonio y la familia son el blanco de políticas que lejos de generarle protección social, pretenden  minarles, agravando aún más su crisis.

La comunión, la solidaridad, la construcción por un país mejor son también frutos de conversión. La fe no es nunca una opción política, pero encontramos en ella  la luz y la fuerza para actuar con criterios claros en la construcción  del bien común,  de la solidaridad, de la justicia, dando primacía absoluta al ser humano.
 
Unidos en la oración y en el amor
Cuaresma, es pues, ese tiempo de gracia  que nos lleva a levantar nuestra mirada al Dios de Misericordia para descubrir la luz capaz de generar el cambio de actitud e avivar la esperanza en nuestros corazones. Imploremos al Señor el don de la conversión como proceso permanente de nuestro caminar en fe. Oremos con el salmista: “Oh Dios, crea en mi un corazón puro, renuévame con espíritu firme.” [5]

Celebremos la Cuaresma y experimentemos la misericordia, anunciemos a Jesucristo  promoviendo el  encuentro  con  el  hermano, seamos solidarios en sus dificultades,  y sobre todo, acompañemos a los más vulnerables en su camino para manifestar verdaderamente  el amor del Padre.

Mientras nos encomendamos a su oración, les aseguramos la nuestra e imploramos sobre todos ustedes, por la interseción de María, “Madre de Misericordia”, abundantes bendiciones  de nuestro Dios.

Dado en la sede de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, el 8 de febrero del año del Señor 2016.
 
Obispos de Costa Rica
 
 
 
 


[1]Misericordiae  vultus, 17
[2]Idem, 2
[3] Ga 2,20
 
[4] Mt 9,13
[5] Salmo 50,12
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