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El amor nos comunica con el hermano

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El amor nos comunica con el hermano
“Debemos dar la vida por nuestros hermanos” (1 Jn 3,16).
 
* Mensaje con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.
Domingo 28 de mayo de 2017.
 
Monseñor José Manuel Garita Herrera
Obispo de Ciudad Quesada
 
1.- Vivimos en un mundo que, a pesar de estar tan comunicados gracias a la tecnología, nos damos cuenta que estamos muy distantes al mismo tiempo. Resulta contradictorio que nos acerquemos para ser distantes e indiferentes ante lo que le sucede al otro. Retomo así una de las ideas que presenté en mi Carta Pastoral sobre el amor y la misericordia con motivo de esta 51 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales donde el Papa Francisco nos invita a comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos.
 
2.- Nos adentramos en una sociedad sin rostro, en la cual el otro ya no es mi hermano (cfr. Carta Pastoral sobre el Amor y la Misericordia). Cada día vemos en las noticias cómo en nuestra sociedad se dan casos en los cuales se aprovechan los medios de comunicación para distanciarnos. Gente inescrupulosa utiliza las redes sociales o el whatsapp para engañar con publicaciones falsas o para contactar a otros ofreciendo servicios o ayuda y terminan dañando a aquellos que pusieron su confianza en un mensaje que en apariencia era positivo. Vemos como rápidamente se propagan las malas noticias por los diferentes dispositivos móviles y seguimos viendo que los sucesos siguen acaparando las principales páginas de los periódicos o la mayor cantidad de minutos en los noticieros que se transmiten por las distintas plataformas (televisión, redes sociales, radio).
 
3.- También, los medios más avanzados han servido lamentablemente para denigrar a las personas, para vapulear por medio de un perfil al otro, para propagar insultos. Con desánimo, muchas veces, vemos una mentira que se vuelve “trending topic”. Con desilusión vemos muchas veces a un hermano que cae en el juicio mediático sin la mayor contemplación. El odio se ha apoderado de los más avanzados medios tecnológicos y eso es lo que se está comunicando en muy buena parte. De esta manera se contribuye a reproducir las actitudes que condujeron a Caín para que acabara con Abel su hermano (Gén 4,8). San Juan nos dice “el que odia a su hermano es un homicida” (1 Jn 3, 15). Pero, al mismo tiempo, nos revela la fórmula que nos permite salir de esta lógica que daña al otro, optando por una experiencia fundamental: ser amados para amar: “En esto hemos conocido el amor: en que él entregó su vida por nosotros. Por eso, también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos” (1 Jn 3,16).
 
4.- Este amor, que en la experiencia cristiana hunde sus raíces en el misterio de Dios, como nos lo ha señalado el Papa Benedicto XVI en su encíclica Dios es amor, se vive con Dios y se desborda en la relación con los demás. Las redes sociales, principalmente, son escenario de persecuciones, fermento de discusiones, multiplicadores de enemistades. Si alguien le cae mal al otro lo elimina de su grupo de amistades... infelizmente, este escenario solo revela lo que pasa socialmente en nuestras comunidades, cuando no practicamos el amor de Aquél que ha dado la vida por nosotros. ¡Basta ya! Debemos cambiar y convertir las redes sociales en oportunidad de crear amigos verdaderos para ser escenario de la vivencia de Dios.
5.- Ya en el Sermón de la Montaña, Jesús nos daba una máxima: “Ustedes han oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo’ y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo” (Mt 5, 43-45). Es pues la lógica del amor que engendra vida, es la opción de aquellos quienes queremos seguir a Jesús de Nazaret en nuestra vida diaria. Esta lógica implica que la Iglesia se descubra amada, en todas sus situaciones, y se lance a la tarea de comunicar ese amor, de manera que las acciones, las palabras, los gestos manifiesten la cercanía de Dios Padre. El amor lo cambia y lo renueva todo.
 
6.- Por tanto, nos corresponde aprender a ser “la casa del Padre donde todos puedan entrar con su historia a cuestas” (cfr. Evangelii Gaudium). Ser la casa del Padre para transmitir las lógicas del amor a todos: los más cercanos (dentro de cada comunidad parroquial, la diócesis y la Iglesia toda) y con aquellos que se encuentran distanciados, de manera que podamos ser hermanos de los hombres y mujeres (cfr. Parábola del Padre Misericordioso -hijo pródigo-). Al celebrar esta Jornada, recordamos los 10 años de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, realizada en Aparecida, Brasil. El Documento Conclusivo nos marcaba la ruta para ser: “Discípulos y Misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 16,4)”.
 
7.- Ya desde Aparecida se nos decía: “Los medios de comunicación, en general, no sustituyen las relaciones personales ni la vida comunitaria local” (Numeral 489). Entendemos los medios de comunicación como esos nuevos areópagos donde debemos reforzar la presencia cristiana. Es ahí donde debemos ser discípulos y misioneros constructores de paz (cfr. Numeral 491 Aparecida). Es ahí donde se nos llama a iluminar el camino y abrir nuevos senderos de confianza y esperanza (cfr. Mensaje Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2017, Papa Francisco).
 
8.- Al celebrar la Ascensión del Señor, dejémonos guiar por la certeza que nos marca el sabernos salvados por la esperanza y pongámonos en camino para reconocer a nuestros hermanos, para comunicarnos por medio del amor que ha sido sembrado en nuestros corazones. Las plataformas de comunicación podemos convertirlas en sitios de alegría que reflejen la verdadera cercanía de quien se siente amado, pues también son plataformas que nos permiten reaccionar con amor, que nos permiten publicar estados de confianza y armonía. Ojalá que podamos multiplicar “hashtags” que reflejen vida, esperanza, alegría, amor.
 
9.- Hemos visto a Jesús y en él hemos visto al Padre (Jn 14, 9). Los gestos de Jesús, palabras y sus curaciones son actos de amor, un amor que exige nuestra respuesta al ser sus amados. Esto nos lleva a comprometernos y a utilizar la comunicación para servir a los demás (cfr. Carta Pastoral sobre el Amor y la Misericordia).
 
10.- “Si alguno dice: ‘Amo a Dios’, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1 Jn 4,20). Sabiendo la dignidad que nos ha dado nuestro Padre del cielo, manifestemos la alegría que nos depara la Resurrección del Señor y nos compromete a vivir y comunicar este estilo de vida del que hemos sido partícipes por la misericordia de Dios.
 
 
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