Mensaje Cuaresmal de la Conferencia Episcopal de Costa Rica - IGLESIACR

Buscar
Vaya al Contenido

Menu Principal:

Mensaje Cuaresmal de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

Documentos > Mensajes > MANSAJES 2017



Mensaje Cuaresmal de la Conferencia Episcopal de Costa Rica
 
Solidaridad: “El amor de Cristo nos apremia”
(2 Corintios 5, 14)
 
Cuaresma: camino hacia la Pascua
Celebramos nuestra Asamblea ordinaria en el contexto de tiempo litúrgico de la Cuaresma. En este tiempo recordamos la estadía de Jesús en el desierto, durante cuarenta días, tiempo que, a la vez, evoca los cuarenta años del pueblo de Dios en camino por terrenos desérticos, tras su salida de la situación de esclavitud y muerte en Egipto; y los cuarenta días del trayecto de Elías por el desierto, huyendo de la persecución de la criminal reina pagana Jezabel. Ni el pueblo hebreo, ni Elías, ni Jesús permanecieron en el desierto para siempre, sino que tuvieron una meta: Israel, la Tierra Prometida, para construir una sociedad fraterna y justa, centrada en la alianza con Dios sellada en el desierto; Elías, el monte Horeb, para encontrarse con Dios, que le daría fuerza para rescatar a Israel de la idolatría y la injusticia de la casa del rey Ajaz; el Señor Jesús, el inicio de su misión de anuncio y realización del Reino de Dios, reino de vida, de justicia y de solidaridad. El momento culminante de esa misión se concretó en el misterio pascual: su pasión, muerte y resurrección, que nos salva y conduce a la plenitud de vida, de la que empezamos a participar desde nuestro bautismo.
 
En el tiempo pascual celebraremos gozosamente dicho misterio. Por eso, también estamos en camino en el desierto cuaresmal, hacia la celebración del triduo pascual, en la Semana Santa, y de la gozosa cincuentena pascual. En la Cuaresma revivimos nuestra conciencia de la necesidad de esa salvación y de remover obstáculos a la gracia bautismal. Por eso hablamos de las fracturas de nuestra relación con Dios y con los hermanos –nuestro pecado–, y de la imperiosa necesidad de estar en proceso de conversión permanente.
 
Tiempo para fortalecer la solidaridad
El llamado a la conversión en la Cuaresma nos pone muy especialmente frente al “otro”, que es un don, como ha señalado el papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma de este año. Pero muy especialmente ante el pobre, que es víctima de la injusticia de este mundo, en el que, pese a que los bienes de Dios dan para que todos los seres humanos puedan vivir dignamente, hay millones de personas hundidas en la pobreza y en la miseria. El Papa ha animado “a todos los fieles a que manifiesten también esta renovación espiritual participando en las campañas de Cuaresma que muchas organizaciones de la Iglesia promueven en distintas partes del mundo para que aumente la cultura del encuentro en la única familia humana”. En esa dirección y como todos los años, nuestra Iglesia también, bajo el impulso de nuestra Pastoral Social-Caritas, está desarrollando la Campaña Cuaresmal de la Solidaridad “Sirvamos a Cristo en el hermano”. ¡Que nuestro ayuno y nuestras abstinencias nos lleven a comprometernos a acabar con el ayuno y la abstinencia que sufren durante todo el año cerca de 350 mil personas en nuestro país! ¡Es tiempo para fortalecer la solidaridad, que, como nos enseñó san Juan Pablo II, "es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos"(SRS 38).
 
Hemos perdido la ruta de la solidaridad
Desde el examen de conciencia personal y social al que nos invita el tiempo de Cuaresma, descubrimos que en otras épocas nuestro país tuvo en la solidaridad uno de sus pilares que permitió grandes conquistas sociales, como las garantías sociales fraguadas en el siglo pasado, los modelos de atención en salud y de aseguramiento con un marcado acento solidario, así como los sistemas de protección y de pensiones. Sin embargo, nuestra sociedad costarricense ha ido perdiendo la ruta de la solidaridad, por lo que debemos empeñarnos en volver a colocar nuestras miradas y nuestros corazones en recuperarla.
La solidaridad implica asumir la responsabilidad de todos por todos y por cada uno, en nuestras relaciones con los demás, con nosotros mismos y con toda la obra de la creación. De ahí que la conversión promovida por el tiempo cuaresmal es en realidad un proceso de toda nuestra vida para cambiar las maneras en que nos vemos y nos relacionamos, es ese cúmulo de relaciones las que le dan forma a la vida social, que como ya dijimos, tuvo, en otro momento histórico de Costa Rica, la solidaridad como uno de sus pilares.
 
No podemos permanecer pasivos frente a la fragmentación social que ha venido ocurriendo en nuestro país y que menoscaba la dignidad personal de cada uno de sus habitantes y debilita los vínculos entre ellos. Esa fragmentación es un síntoma de un cambio más profundo que ha minado la experiencia de comunidad, los vínculos familiares y las interacciones de las personas, convirtiéndolas más en un objeto que en sujeto de su propio camino de realización, donde el bien común posibilita su concreción. Sin duda, esta es una de las raíces profundas de fenómenos tan dolorosos como el acelerado incremento de todas las formas de violencia en nuestro suelo.
 
Urge un diálogo sincero, diáfano e inclusivo sobre los adultos mayores y el régimen de pensiones
En aras a una armoniosa vida social, capaz de impulsar una cultura de paz, consideramos necesario abrir los espacios para un diálogo sincero y diáfano sobre el cuidado de los adultos mayores en nuestra sociedad, puesto que conforme pasa el tiempo somos una sociedad en la que el número de adultos es cada vez mayor, y junto con este cuidado por ellas y ellos, y por cada persona, es necesario revisar y dialogar sobre los sistemas de protección para vivir la ancianidad con dignidad, de manera que podamos encontrar caminos comunes que fortalezcan y aseguren el régimen de pensiones para que en un futuro se pueda contar con este auxilio para la época de la vejez. Ante la grave crisis del régimen de Invalidez, Vejez y Muerte, dicho diálogo resulta impostergable y ampliamente inclusivo, de modo que todos los sectores que conformamos la sociedad costarricense nos comprometamos a salvarlo.
 
Recuperar la senda de la solidaridad
Si la solidaridad es una responsabilidad de todos por todos, y dado que los vínculos humanos afectivos y efectivos se han debilitado, dejemos que la caridad de Cristo nos apremie y comencemos por hacer más humana nuestra vida diaria, porque asumimos la solidaridad como principio dinamizador de nuestras relaciones con los demás.
 
Ser solidario desde la relación con Dios, con el otro como hermano y con toda la Creación que nos rodea comporta un cambio de nuestro estilo de vida. En palabras del lenguaje de la Cuaresma, una conversión que transforma la vida toda. De allí que deseamos invitar a las comunidades parroquiales y diocesanas para que vayamos transformando nuestra vida y cultivando actitudes de acogida, fraternidad, bondad, ternura, compasión y cuidado de unos por otros.
 
Este cuidado hay que extenderlo a la creación como regalo de la bondad infinita de Dios que se nos ha dado para ser administrado con responsabilidad. Por ello animamos a las comunidades parroquiales a emprender iniciativas que reflejen un cuidado responsable de los bienes que Dios ha creado para el disfrute de todos (cfr. GS 69).
 
En este sentido es necesario que vayamos creciendo en la conciencia de una ecología integral, según los expuesto por el papa Francisco en Laudato Si', de manera que podamos comprender la problemática ecológica y nos comprometamos para solucionarla con gestos concretos que modifiquen y conviertan, nuestras prácticas sociales y culturales en torno a la casa común.
 
La Virgen María, inspiración para nuestro camino cuaresmal
¡Que la Madre de Jesús, que proclamó la protesta de Dios contra un mundo en el que la riqueza y la pobreza son caras de una misma moneda (Lc 1,52-53), que vivió con su hijo el dolor de la Cruz (Jn 19,25-27) y que acompaña a la Iglesia en el gozo de la presencia pascual de Jesucristo (Hech1,14), nos ayude en nuestro camino cuaresmal a nutrirnos de la Pascua de Jesús para que todas y todos, sin ninguna excepción, en nuestro país tengamos vida en abundancia!
 
Dado en San José, a los 17 días del mes de marzo del 2017
 
Los Obispos de Costa Rica
 
Regreso al contenido | Regreso al menu principal