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Mensaje De La Conferencia Episcopal De Costa Rica Con Motivo De La Cxi Asamblea Ordinaria

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MENSAJE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE COSTA RICA
CON MOTIVO DE LA CXI ASAMBLEA ORDINARIA
 
¿MISERICORDIA O VIOLENCIA?
 
1- Una Costa Rica cada vez más violenta
 
Es con profundo dolor que lo estamos constatando, según el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), durante el 2015 se cometieron 560 homicidios, lo que constituye el índice más alto de los últimos años según los parámetros de Naciones Unidas. Según los parámetros de Naciones Unidas, esta cifra ya es indicadora de una “epidemia”, la cuarta parte de esos homicidios está asociada al narcotráfico.
De su parte la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) ha reportado un constante crecimiento de accidentes de tránsito. Por ese motivo se tuvo que dar 32.269 atenciones médicas. Durante los primeros meses de este año ya son demasiados numerosas las muertes en carretera.
Impactante y muy doloroso es la violencia en contra de la infancia; en menos de un decenio (2006-2015) se ha duplicado. Si en el 2014 el Hospital Nacional de Niños atendió 2400 niños agredidos, en el 2015 se tuvo que atender 3.100.
No cabe llegar a reconocer con relativa precisión los muy numerosos casos de violencia intrafamiliar, como tampoco esa forma de violencia que denominamos bullyng o matonismo que ha arrastrado a varios de nuestros estudiantes al suicidio.
 
2- Ineficaz control de la violencia
 
Nos enorgullece no contar con un ejército. Esto ha permitido destinar abundantes recursos a la inversión social. Sin embargo, a pesar de invertir el 2% de nuestro Producto interno bruto a la seguridad y contando con no pocas organismos de seguridad privada, constatamos una creciente y al parecer incontrolable inseguridad social.
 
3- Injusticia y violencia
 
Por todos es conocida la noble afirmación: “el fruto de la justicia, la paz”. De ahí que toda injusticia es un acto de violencia. En nuestra Patria, el hambre, la carencia de una vivienda digna, la falta de la debida asistencia médica, etc… violentan la vida de 317.660hogares, que integran a más de un millón de personas que viven en pobreza, además de otras 374.185 que sufren pobreza extrema. Por otra parte sabemos que no se detienen el número de los sin trabajo (Cfr EGN)
 
4- Caminos de violencia
 
Muy complejas son las causas de la violencia en todas sus múltiples manifestaciones. Tienen que ver con la desatención del desarrollo y del bienestar familiar, la desigualdad, el modelo de desarrollo que ya no tiene al ser humano y el bien común como su objetivo, los desaciertos de algunas políticas públicas, la programación indebida de algunos medios de comunicación, la débil propuesta y vivencia de los auténticos valores humanos en nuestros centro educativos, la desconfianza en las instituciones públicas, los numerosos casos de corrupción etc. Estas y otras causas reflejan un fundamental problema ético que a su vez remite a la concepción que tengamos del ser humano.
Avanzamos pues hacia una atmósfera que fomenta la violencia y que a nosotros, sus Pastores, como toda persona de buena voluntad, nos llena de profunda preocupación.
 
5- Caminos de esperanza
 
No todo es obscuridad y desesperanza. Nuestra Patria tiene todavía una importante reserva de una profunda y arraigada cultura pacifista. Basta con ver las miles de asociaciones y organizaciones que trabajan por el bienestar de las personas, tanto en los ámbitos comunales, como en el de la salud, de la cultura, del deporte y del medio ambiente. Pero no podemos evadir la realidad: nos encontramos ante un importante viraje cultural y comportamental, que nos pide una clara iluminación y un fuerte compromiso de parte de todos.
 
6- Misericordia, alma de la cultura de la paz
 
En el presente Año Santo, querido por el Papa Francisco, como Año de la Misericordia, proponemos y exhortamos a que ésta sea cultivada y practicada en todos los ámbitos de la sociedad, para dar, juntos, el paso de la violencia a la paz, de la antifraternidad a la solidaridad. Por misericordia entendemos todo cuanto sea bondad, compasión, ternura, clemencia, ayuda desinteresada, perdón, sensibilidad frente al dolor ajeno etc.  El Papa Francisco nos exhorta a ser Misericordiosos como el Padre. Urge pues que abramos nuestros ojos para mirar con corazón compasivo a tantos hermanos y hermanas privados de su dignidad y sintamos provocados –nos exhorta el Papa Francisco- a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele que suele para esconder la hipocresía y el egoísmo (Cfr El Rostro de la Misericordia, 15).
Humanicemos nuestra sociedad practicando las obras de la misericordia, desde comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir al enfermo, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Sin olvidar las de misericordia espiritual: dar consejo al que lo necesita, escuchar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste, perdonar las ofensas, soportar con paciencia a las personas molestas, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.
 
7- Perdónanos como perdonamos
 
Sembremos en los hogares la paz, por los caminos del perdón y de la reconciliación para que ellos sean escuelas armoniosas convivencia. Acojamos con plena disponibilidad lo que nos dice nuestro Papa Francisco en su Bula que nos convoca el Año de la Misericordia: “el perdón de las ofensas deviene la expresión del amor misericordioso y que para nosotros cristianos  es un imperativo del que no podemos prescindir. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices, en paz. Hagamos nuestra la exhortación del Apóstol Pablo: “No permitan que la noche los sorprenda enojados” (Ef. 4,26) y hagamos tesoro la bienaventuranza proclamada por Jesús: “Dichosos los misericordiosos porque encontrarán misericordia” (Mt. 5,7).
 
 
8- Un llamado vehemente
 
Nuestra Iglesia Católica, las demás confesiones las Instituciones del Estado, el sistema educativo, los medios de comunicación, las familias, no podemos postergar la educación de las nuevas generaciones en la misericordia, para romper las cadenas de la venganza, del odio, de la antifraternidad y de la indiferencia que alimenta la cultura de la violencia. Está en nuestras manos recuperar a Costa Rica como una sociedad en que brillen la paz y el pleno respeto de toda vida humana. Podemos lograrlo con la constante ayuda de nuestro Padre Dios, que es “Dios de la Paz”.
“Como Pastores de la Iglesia en Costa Rica, hemos abierto la Puerta Santa de la Misericordia en distintos templos del País, para que todos tenga la posibilidad de atravesarlas como signo de compromiso, de conversión, perdón y reconciliación con el Padre Misericordioso, que espera con sus brazos abiertos a todos sin exclusión alguna”
 
Dado en San José, el 26 de febrero del 2016.
 
Los Obispos de Costa Rica
 
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