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MISIONERAS CLARISAS AL ENCUENTRO DE INDÍGENAS

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Misioneras Clarisas al encuentro de indígenas
 
Gerardo Mora Pana
gmora@iglesiacr.org
 
“El campo de la Misión ad gentes se ha ampliado notablemente y no se puede definir sólo basándose en consideraciones geográficas o jurídicas. En efecto, los verdaderos destinatarios de la actividad misionera del pueblo de Dios no son sólo los pueblos no cristianos y las tierras lejanas sino también los ámbitos socioculturales y, sobre todo, los corazones”.
Así se expresaba el Papa Benedicto XVI sobre esta importante misión que está en mano de los cristianos y que 10 Hermanas Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento hicieron suyas los últimos días de octubre.
El corazón, podemos decir, fue abierto en Grano de Oro, zona indígena que pertenece a la Diócesis de Cartago, y desde ese corazón se transmitió a Cristo, pero también en ese corazón se recibió a Cristo en la experiencia que tuvieron las religiosas con los hermanos indígenas.
 
Sencillez
Estas 10 religiosas hicieron eco de las palabras que su fundadora, la Beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, expresó en este lema: “Que todos te conozcan y te amen es la única recompensa que quiero”.
La Hermana Priscilla Arcia Mora reconoció la riqueza de la vivencia, pues nunca habían ido de misión a un territorio indígena. “Estamos a cinco horas desde San José, es una realidad que realmente está cercana y no conocíamos. Preparamos catequesis, hicimos visiteos, y buscamos adaptarnos a evangelizar en esta cultura”, detalló.
El sacerdote Carlos Luis Mena León hace la experiencia de misión en esta zona. Para las misioneras clarisas, el testimonio del presbítero es sendero que se traza para que otros recorran el camino que Cristo mismo marcó.
Hacer palpables las obras de misericordia por medio de charlas y encuentros, pero también tocar al excluido en su realidad, fue la vivencia que marcó a estas jóvenes que viven un proceso de formación y que tienen cerca de un año y medio, o varios meses, de haber profesado votos temporales.
“Llegamos a donde una señora muy pobre, que tenía a su niño en el hospital y el esposo de ella lo acompañaba a él. Tienen siete hijos. No tenían qué comer. Con la ayuda que familiares y amigos nos dieron, pudimos llevarles alimentos”, dijo la Hermana Priscilla.
Cuentan que es la primera vez que misioneras religiosas llegan a este territorio. Antes solo frailes, sacerdotes o seminaristas habían recorrido el lugar. Esta vez mujeres consagradas a la misión palparon la realidad del territorio.
 
Fe por medio del grano de frijol
La Hermana Yoselyn Rivera Segura comentó que con una obra de teatro basada en los frijoles, los cuales siembran en este territorio, hicieron expresión de la vivencia de Dios, para adaptarse a las costumbres que fueron conociendo y hacer más fácil el mensaje del Evangelio para estos pobladores.
“Que hermoso ministerio el tuyo fervorosa misionera clarisa: hacer que Jesús reine en todos cuantos corazones hay en el mundo entero. Esta frase de la Beata es nuestro ministerio principal”, aseguró la religiosa.
Sueños, esperanzas y compromisos. Esto quedó marcado en la vida de estas muchachas tras esta vivencia. Pues a medida que avanzaba la misión, Dios las iba también sorprendiendo a ellas.
“Nuestra madre fundadora nos dice que la Virgen nos va acompañar siempre. Es la Virgen de Guadalupe la que le hace una promesa a ella. Y cuando fuimos a esta misión, no sabíamos mucho del lugar y al llegar nos encontramos un hermoso signo, un cuadro de la Virgen de Guadalupe. Esto nos confirma y nos da la certeza de que la Madre está con nosotras, pero está también con estos pobladores, sabemos que ella abre puertas, que ella inicia la misión. El patrono de la zona es San Juan Diego”, dijo la Hermana Nadia Videla Valdez de nacionalidad argentina.
Ver de este modo, reflejada la confianza en el amor de Dios, fue para estas hermanas, motivo para seguir queriendo la misión, para volver pronto, para no cesar en el anuncio.
“Siempre con alegría y sencillez. Siempre el deseo de llevar la Palabra de Dios, de compartir las obras de misericordia. Urge que Cristo reine, pero es con nuestro testimonio que lo podemos hacer”, dijo la Hermana Mayela Carrillo Vargas.
 
 
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