Texto sustitutivo 16887 - IGLESIACR

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Texto sustitutivo 16887

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Señores
Comisión Permanente Especial de Derechos Humanos
Asamblea Legislativa
Pte.
 
 
Estimados Señoras y señores diputados:
 
 
El suscrito, José Rafael Quirós Quirós, Arzobispo de San José, en mi condición de  vice Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica y en nombre de mis co-hermanos Obispos, doy respuesta a la consulta hecha por esa instancia legislativa sobre  la “Moción de Texto sustitutivo 16887: Adición de un nuevo capítulo III referente a los derechos en salud sexual y salud reproductiva al título I del libro I de la Ley General de Salud 5395 del 30 de octubre de 1973 y sus reformas”, proponiendo desde la enseñanza de la Iglesia y desde el criterio técnico de profesionales católicos, elementos que iluminen la discusión sobre este tema.
 
Previo al análisis de ciertos artículos del proyecto, presento algunas consideraciones fundamentales sobre el inicio de la vida, el embarazo, el derecho a la salud, los derechos de las mujeres y la sexualidad en general.
 
El tema que aborda el proyecto es de suma importancia y actualidad para la Iglesia pues, como indica el Papa Francisco, “entre esos débiles que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo. Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. Es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. Si esta convicción cae, no quedan fundamentos sólidos y permanentes para defender los derechos humanos, que siempre estarían sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno. »[i]
 
Para la Iglesia en Costa Rica es un deber manifestarse sobre estos temas fundamentales para defender la vida de la persona aún no nacida, pero también para proteger la integridad de las mujeres, que no en pocas ocasiones,  son víctimas del aborto,  acto que, paradójicamente, se promociona como favorable  para su salud.
Ya lo hemos dicho en nuestro documento “Sexualidad humana: don y responsabilidad”: “junto con las muertes de seres humanos en sus primeras fases de desarrollo, el aborto ocasiona también serios daños físicos y psíquicos en las personas involucradas en este acto.  Estos daños en numerosos casos son muy difíciles de sanar.  Con acierto se ha dicho que es más sencillo sacar al niño del vientre materno que sacarlo de la mente”.  [ii]
 
La vida Humana
 
Un aspecto que debe ser considerado preliminarmente es el de la vida humana en sus inicios.  Sin un análisis de esta materia sería imposible dar un criterio bien fundamentado.
 
La definición del inicio de la vida humana no debe estar sujeta a opiniones arbitrarias, sino que debe respaldarse en la evidencia científica. Es criterio de numerosos científicos y filósofos que no hay pruebas de que el desarrollo humano inicie en un momento distinto a la fertilización, es decir, el proceso provocado por la unión de un gameto femenino (óvulo) con un gameto masculino (espermatozoide), para formar una célula huevo o cigoto.
Este cigoto alberga todas las instrucciones necesarias para construir las sucesivas fases del cuerpo humano.  Se trata de una  célula altamente especializada que constituye el inicio del desarrollo embrionario y es radicalmente distinta en su composición y comportamiento con respecto a cualquier otra célula del organismo humano.
 
Puede decirse, además, que el cigoto es un ser humano, pues se comporta como un organismo, es decir, sus partes actúan de forma coordinada e interdependiente para llevar a cabo las actividades de la vida. La diferencia entre una fase y otra del desarrollo embrionario se debe a las circunstancias: nutrición, tiempo, ambiente, regulación génica en las diversas células y tejidos. Por lo tanto, cualquier técnica o actividad que atente contra el cigoto atenta contra la vida de un nuevo individuo.
 
Existen razones de peso para sostener que el inicio de la vida comienza en el proceso llamado fecundación, reconociendo al cigoto como la primera manifestación corporal del continuo proceso del desarrollo humano.
 
Desde esta evidencia científica, la Iglesia procura siempre defender el valor incomparable de cada persona humana, especialmente, los seres humanos más invisibles ante los ojos de ciertas corrientes ideológicas, a saber,  los embriones.
 
De hecho, haciendo eco a las palabras del Papa Juan Pablo II en su encíclica Evangelium Vitae: “Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural inscrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política”.[iii]
 
 
 
Ley pro aborto
 
El proyecto parte de un problema radical al hacer una inconveniente disociación de la integralidad del concepto de derecho a la salud. Lo que existe es el derecho constitucional a la salud y tal concepto no debe presentar desviaciones. En este caso  la iniciativa impone la expresión de “derecho a la salud sexual” y a la “salud reproductiva”, como si el derecho a la salud  se segmentara. El derecho a la salud es uno.
 
Por la forma errada en que está redactado el inciso g del artículo 42, se establece una tácita aprobación del aborto, pues afirma que está dentro de “los límites y responsabilidades establecidas en el ordenamiento jurídico” la posibilidad de definir “el número e intervalo de los nacimientos”, cuando lo que debe indicarse correctamente es la posibilidad de definir el “número e intervalo de los embarazos”. Esto porque una vez que la mujer se encuentra embarazada, el nacimiento o no de la criatura deja de ser algo que quede al arbitrio de la decisión materna. Este inciso del artículo violenta el derecho a la vida establecido en nuestra Constitución Política: Art. 21  “La vida humana es inviolable.”
 
El inciso f) del artículo 42 otorga como una concesión del Estado, el definir que está dentro de “los límites y responsabilidades establecidas en el ordenamiento jurídico” el poder de decidir libremente “si desean o no reproducirse y con quién desean hacerlo”. Aquí una vez más, un craso error de concepción jurídica.
Ese tipo de decisiones ciudadanas son ajenas al ámbito de  control y regulación estatal. En los Estados democráticos no deben impulsarse leyes que establezcan normas de tal naturaleza como si la libertad de reproducirse o no y con quién, sea una conducta que deba estar contenida en un tipo legal como una concesión del orden público en materia de salud. Esas conductas están fuera del margen de control legal, salvo que se trate de los delitos que ya están señalados por nuestro ordenamiento criminal.
El proyecto insiste en la idea de establecer libertades como si fuesen concesiones otorgadas por gracia del orden público. Ya antes, el artículo 38 promovía la regulación por parte del Estado de aspectos tales como “…la libertad para reproducirse o no; en caso afirmativo, cuándo, con quién y con qué frecuencia…”.  Este tipo de aspectos están reservados a la esfera privada de libertad e intimidad de los ciudadanos, razón por la cual el Estado no debe involucrarse en esa materia, sino solo para castigar la conducta que violenta la voluntad de la persona en esa área, como es el caso de los delitos de naturaleza sexual.
 
Por otra parte, el primer párrafo del artículo 40 establece la disposición por parte del Estado de implementar “acciones sobre sexualidad” (nótese la redacción) para rematar en el párrafo final de dicho artículo con el precepto de que el Estado promoverá la modificación de los patrones… de “feminidad y masculinidad”.
El Estado  no tiene como fin modificar los patrones sexuales de los ciudadanos. De hacerlo, transgrede el principio constitucional de la libertad de disfrute de la intimidad propia y de conciencia.
 
Antes bien, insistimos en la necesidad de una educación para la afectividad que no promueva aislar el placer sexual y utilizarlo como un fin en sí mismo, ni que se limite a la descripción genital e información anticonceptiva; una verdadera educación sexual que incluya el valor de la abstinencia, hecho que incide positivamente en la disminución de los embarazos adolescentes y en el contagio de enfermedades sexuales,  además de atacar de raíz los múltiples problemas sociales que son consecuencia de una visión  inadecuada del sexo.
 
Asimismo, consideramos que los artículos 43, 51 y 54 del proyecto consultado atentan contra la vida humana cuando ésta es más vulnerable. Hacemos especial referencia a la solicitud de legalizar el “aborto terapéutico” y a la “anticoncepción de emergencia”.
 
El artículo 43 permite, precisamente, la anticoncepción de emergencia con el fin de prevenir embarazos no deseados, lo que también violenta el  citado artículo 21 constitucional.
El ordenamiento jurídico permite la preconcepción, esto es, los métodos preventivos de la concepción. La frase “anticoncepción de emergencia” se interpreta en el sentido de que la  anticoncepción debe ser aplicada de forma inmediata e inminente ante la realidad de la concepción, lo que la hace una frase eufemística para aludir a la necesidad de abortar. Así el término correcto es preconcepción y no anticoncepción y menos aún “de emergencia”. Es una definición o concepto jurídico abierto que al permitir interpretaciones amplias, atenta contra el derecho constitucional a la vida y contra la normativa penal sobre el aborto provocado.
 
En el proyecto en cuestión se evidencia “la difusión de una terminología ambigua, como la “interrupción terapéutica” o “aborto terapéutico” que tiende a ocultar su verdadera naturaleza y a atenuar su gravedad en la opinión pública.
 
El artículo 51 del proyecto en consideración establece que: “Todas las mujeres tienen derecho a recibir la información pertinente sobre el riesgo que conlleva su embarazo, así como su derecho a decidir sobre la interrupción terapéutica del mismo cuando esté en riesgo su vida o su salud, así como a la atención integral que garantice su salud de acuerdo con protocolos y normas aprobadas por las instancias pertinentes.”
 
En este artículo no sólo se enmascara,  nuevamente, el aborto con la terminología ambigua de “interrupción terapéutica” sino que se deja abierto a la interpretación sobre qué es considerado un “riesgo a la salud”, cuanto más al confrontar que el artículo 38 definía salud reproductiva como “un proceso que conduce al bienestar físico, emocional, social y cultural, en todos los aspectos relacionados con la reproducción humana”,  y podría pensarse que la vida o muerte del niño no nacido está sujeto a las emociones, relaciones sociales o culturales o dolores físicos propios del desarrollo natural del embarazo.
 
La pretensión de este proyecto va mucho más allá de lo que establece el artículo 121 del Código Penal vigente, el cual, dice que: “Artículo 121.-Aborto impune. No es punible el aborto por consentimiento de la mujer por un médico o por una obstétrica autorizada, cuando no hubiere sido posible la intervención del primero, si se ha hecho con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre y éste no ha podido ser evitado por otros medios”. De acuerdo a esto, según el código penal, el aborto no es punible en Costa Rica cuando esté en peligro la vida de la madre y “no ha podido ser evitado por otros medios”. Por el contrario, este proyecto pretende establecer que cuando una mujer tenga un embarazo que le afecte -o que se argumente que le afecte- de cualquier manera su salud, podrá abortar aun cuando tenga a su disposición otros medios para ser atendida.
 
En este contexto, es importante tomar en cuenta que en Costa Rica la tasa de mortalidad materna es de las más bajas del mundo sin necesidad del llamado “aborto terapéutico”, pues aunque es legal en ciertas circunstancias, se aplica poco.  Por otra parte, aunque se quisiera, por razones ideológicas, omitir esa realidad, el aborto no ha disminuido las tasas de mortalidad materna en otros países.
 
Por otra parte, los artículos 54 y 56 del proyecto en consulta hacen referencia a los derechos sexuales y reproductivos de personas con alguna discapacidad.  En relación a estos artículos, además de nuestras consideraciones anteriores que, lógicamente, involucran también a ellas, debe añadirse nuestra preocupación por la probabilidad de coerción y manipulación que pueden ser objeto por un eventual estado de vulnerabilidad.
 
Nos hacemos eco de las palabras del Papa Francisco cuando dice que “no es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana. Pero también es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de tanto dolor?”.
 
Como conclusión volvemos a citar a Juan Pablo II: “La vida del hombre proviene de Dios, es su don, su imagen e impronta, participación de su soplo vital. Por tanto, Dios es el único señor de esta vida: el hombre no puede disponer de ella.” [iv]
Proteger, promover y defender la vida humana será siempre un compromiso de todos.
 
Dado en San José, el 13 de octubre del 2014.
 
 
 
 
 
 
+ José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano
Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica
 
 
 
 
 


[i]
  Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n. 213
[ii]
Conferencia Episcopal de Costa Rica “Sexualidad humana: don y responsabilidad”, 2005 n. 6.2)
[iii]
Juan Pablo II, Evangelium Vitae, n.20
 
[iv]
Idem, n. 39.
 
 
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