1º- PEDRO FUNDAMENTO DE LA IGLESIA – En la
historia de la humanidad, caída en Adán y redimida por Cristo,
Pedro ocupa un lugar de singular importancia. No se puede pensar en el
sin evocar palabras de un altísimo significado, de un riquísimo
contenido, dirigidas por Cristo a aquel rudo e impetuoso pescador de Galilea
y transmitidas a nosotros a través de las páginas del Santo
Evangelio. El mismo día en que Jesús lo invita a seguirle,
mirándolo fijamente dice: “Tú eres Simón, hijo
de Jonás: tú serás llamado Cefas que quiere decir
Piedra” (1)
La intención de Cristo al cambiar el nombre del Apóstol
era manifiesta: Si para levantar un edificio, la piedra del cimiento es
absolutamente indispensable, para edificar Su Iglesia Jesús necesita
también de una piedra fundamental y esa piedra será Pedro.
Se cuenta ya con el Artífice de la Iglesia: Cristo, y con la piedra
sobre la cuál edificarla: Pedro. Es llegado ese momento cuando
Cristo habla a Pedro de la siguiente manera en Cesera de Filipo: “Yo
te dijo a ti que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré
yo mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra
ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuando atares
en la Tierra será atado en los cielos y cuando se desatares será
desatado en los cielos” (2) Palabras tan elocuentes ligan para siempre
la persona de Pedro a la vida de la Iglesia de Jesucristo. Cimiento y
edificio sólo pueden concebirse juntos, el uno edificado sobre
otro, esto para concluir que sólo donde está Pedro podemos
encontrar la Iglesia edificada por Cristo sobre él.
Por otra parte, Pedro no es piedra fundamental de la Iglesia, sino Pastor
Universal de la grey de Jesucristo. Tres veces negó al Señor
en los días de su Pasión, pecado que borró con lágrimas
y una triple confesión de amor cuando Cristo hubo resucitado. Y
a ese Pedro encomienda el cuidado de toda su grey cuando le dice,
también por tres veces: “Apacienta mis corderos, apaciento
mis ovejas... apacienta mis ovejas” (3). Una cosa aún faltaba
a Pedro antes de comenzar la gran misión que el maestro le había
confiado: la efusión del Espíritu Santo. Este vino sobre
él y los demás Apóstoles el día de Pentecostés,
desterrando de sus almas la ignorancia para llenarles de celestial sabiduría,
y convirtiendo su debilidad en fortaleza para predicar a Cristo aún
precio del martirio.
Recorramos por unos breves instantes el Libro de los Hechos de los Apóstoles,
y confortemos y confortemos nuestro espíritu complementando a Pedro
en el pleno ejercicio de su función pastoral. Proclama la Iglesia
a las naciones el propio día de Pentecostés, antes que cualquier
otro Apóstol (4); preside, sin que nadie dispute su derecho, la
asamblea ñeque un nuevo Apóstol es agregado al grupo de
los once (5); caen muertos a sus plantas Ananás y Safira cuyas
mentiras recrimina (6); ordena el bautismo de los primeros gentiles (7);
preside en Jerusalén, sin que nadie discuta tampoco derecho a hacerlo,
el primer Concilio que celebró la Iglesia (8).
Esta breve reseña de lo que fue la vida de Apóstol nos bastará
para comprender por qué ahora el Santo Padre nos invita a conmemorar
con el AÑO DE LA FE, los mil novecientos años transcurridos
desde sus santa y dolorosa muerte.
2º - PABLO, LUZ EN LA NOCHE DEL PAGANISMO – No se puede pensar
en Pablo, sin imaginárselo derribado de su cabalgadura en el camino
a Damasco y convertirlo desde aquel instante, de acérrimo perseguidor
de los cristianos, en Apóstol de Cristo y gloria de la Iglesia.
Pedro, al ordenar el bautismo de Cornelio, dio la consigna para que la
luz del Evangelio fuese también llevada a los gentiles - hijos
de Dios como los judíos – pero fue Pablo quien la hizo
resplandecer con radiantes fulgores en la densa noche que los envolvía.
Fue él quien anunció en el Areópago al Dios desconocido
que los atenienses buscaban (9): fue él quien emprendió
los más duros y peligrosos viajes para llevar a cuantos hombres
pudo el suave aroma de Cristo; fue él quien nos legó como
preciosa herencia la sublime y consoladora doctrina de la Iglesia como
cuerpo místico de Cristo (10); fue él quien se gastó
y desgastó hasta agotarse por el bien de las almas (11); su amorosa
consagración a la salvación de los que aún no conocían
a Cristo le he validado el nombre de Apóstol de las gentes, de
luz de los gentiles (12); fue él, en fin, el más gallardo
paladín de la fe que vieran los tiempos apostólicos. La
gran veneración que la Iglesia profesa a este gigante del cristianismo
que fue el Apóstol San Pablo, queda manifestada en el hecho de
que ha querido asociar su memoria a la de aquel Apóstol sobre
quien Cristo edificó su Iglesia, celebrando ambas fiestas en el
mismo día.
3º -EL PAPA, PROYECCIÓN DE PEDRO EN LOS SIGLOS. –
Al Conmemorar los diecinueve siglos transcurridos desde la muerte de
Pedro y Pablo, queremos deciros, amados hijos, lo que Nuestro corazón
siente por el Papa. Su persona está ligada tan estrechamente
a la de Pedro, que nuestro pensamiento pasa de uno a otro necesariamente.
Dijimos antes que cimiento y edificio sólo pueden concebirse
juntos. La Iglesia de Cristo, fundada para perdurar a través
de los siglos, no puede entonces concebirse sin Pedro de fundamento.
Cabe entonces preguntarse: ¿Está Pedro hoy en la Iglesia
de Cristo? ¿Sigue él siendo su formidable apoyo?¿
No cabe al respecto la menor duda. Pedro murió como persona pero
sigue hoy viviendo en la Iglesia como Apóstol, en la persona
del Papa, el Obispo de Roma y Vicariato de Jesucristo en la tierra.
Los siglos han sufrido dolorosas convulsiones, la nave de la Iglesia
ha tenido que surcar en ocasiones aguas sumamente tormentosas,
pero jamás ha faltado junto a su timón la blanca y hierática
figura del Papa, guiándola entre los arrecifes hacia puerto seguro.
En la persona de Papa, Pedro sigue viviendo y actuando entre nosotros
como padre solícito, como pastor amable de la grey de Cristo.
Esta firme convicción nuestra, convicción que fue también
de nuestro padres en la fe, debe de traducirse en nuestras vidas queridos
hijos, por amor filial y entrañable al Papa, por una resolución
a obedecerle siempre con prontitud y alegría, por una inquebrantable
decisión a marchar en la vida por las sendas que él nos
marque, por una piadosa disposición, en fin, a orar siempre por
él y por todas sus intenciones.
Sea el AÑO DE LA FE la ocasión propicia para expresar
al Santo Padre todos estos sentimientos de adhesión y amor que
nuestro corazón guarda para su augusta persona.
4º - EL AÑO DE LA FE- Expresión de nuestra
pronta respuesta a las iniciativas del Santo Padre, ha de ser la celebración
entusiasta en nuestro País, del Año de la Fe. Como dice
él mismo: “Qué mejor tributo de recuerdo, de honor
y de comunión podríamos ofrecer a Pedro y Pablo que el
de aquella fe misma que de ellos hemos heredado”.
Si escrutamos los signos de los tiempos, comprenderemos cuanta razón
tiene el Santo Padre para invitarnos a reflexionar sobre la fe,
a profundizar en su conocimiento, a defenderla contra quienes de dentro
o de fuera amenazan su pureza integral, a transmitirla con amorosa solicitud
en todos los ambientes y por medios más aptos, a vivirla en toda
su plenitud.
El mundo, orgulloso de su ciencia que con todo no es otra cosa que
constante descubrir lo que hay inteligencia superior había creado
de la nada y ocultado bajo el velo de la naturaleza, toma tan a pecho
su función de simple “descorredor” de velos, que
llega a negar al verdadero Autor, al Divino Artífice de las maravillas
hasta entonces ocultas tras sus pliegues. Por dar más importancia
al descubridor que al Creador, a la materia que su Autor, hay una crisis
de fe entre los intelectuales de nuestro tiempo. Se han echado al olvido
las palabras de San Juan: “A El gloria y el imperio por los siglos
de los siglos” (13)
Para señalar los graves peligros que amenazan a la fe desde
dentro, el Papa señala “opiniones teológicas y exegéticas,
tomadas muchas veces de las más audaces pero ciegas filosofías
paganas”; deformación del sentido objetivo de verdades
autorizadamente enseñadas por la Iglesia; prescindencia de la
guía del magisterio eclesiástico, bajo el pretexto de
adaptar las ideas religiosas a la mentalidad del mundo; increíble
osadía de despojar el testimonio de la Sagrada Escritura de su
carácter histórico y sagrado; intento, finalmente, de
dar al cristianismo una nueva interpretación arbitraria y estéril.
A tan graves palabras del Papa, Nosotros, vuestros Obispos, quisiéramos
añadir5 que hoy parecen estar más en ciertos círculos, las
opiniones atrevidas de algunos teólogos y de algunos que ni siquiera lo
son, máxime en materias susceptibles de trato demagógico,
que la sana doctrina que los Padres Conciliadores dimos al mundo
desde el Aula Conciliar y bajo la guía del Espíritu Santo.
Para algunos, el Concilio es sólo una cortina tras la cuál
introducir en la Iglesia ideas y actitudes que constituyen la verdadera
negación. Daño inmenso están recibiendo muchos
de nuestros hijos amadísimos: sacerdotes, religiosas y laicos
por pretender familiarizarse con la doctrina del Concilio, no a través de
los artículos sensacionalistas que lo truncan y desvirtúan.
Triste realidad, pero realidad a cabo.
Nuestra invitación, queridos hijos, es a que este AÑO
DE LA FE, disipéis para siempre esa nube tormentosa que
se cierne sobre el cielo de la Iglesia, y que amenaza la fe que
Pedro y Pablo nos legaron, estudiando individual y colectivamente la
doctrina maravillosa del Concilio en sus documentos originales. La fe,
entonces, recobrará en vuestros espíritus nuevo fulgor,
esa fe que no ha cambiado ni cambiará, esa fe que es el eco inmutable
en su contenido de la palabra de Cristo resonando por los siglos, esa
fe ideal por el que murieron los cristianos de ayer, gloria por la que
viven los cristianos de hoy y luminosa esperanza de los cristianos de
mañana.
5º NORMAS PRACTICAS. – Para que el AÑO DE LA FE responda
en la mejor forma a los deseos del Santo Padre, las siguientes disposiciones
Nos parecen oportunas:
a) La solemne apertura del AÑO DE LA FE tendrá lugar
el Jueves 29 de Junio con una Misa Solemne en su respectiva Catedral
y cada Párroco, Rector de Iglesia y demás sacerdotes en
la propia. En la homilía se explicará a los fieles
el profundo significado que para la Iglesia tendrá la celebración.
Momento solemne será la recitación del CREDO, símbolo
de nuestra fe, a la cual invitamos para hacerla con Nosotros, meditando
profundamente en cada una de sus verdades y ofreciéndole nuestra
sincera y ferviente adhesión. Disponemos que todos los fieles
que cumpliendo con los requisitos de confesión y comunión
asistan en cualquier Iglesia a la solemne apertura del Año
de la Fe y oren por el Santo Padre y sus intenciones, ganen una INDULGENCIA
PLENARIA.
b) Es Nuestro deseo tributar al Santo Padre, en la venerada persona
del Excelentísimo Nuncio Apostólico, en su Representante
entre nosotros, un homenaje, al que invitamos desde ahora a todos Nuestros
diocesanos, tendrá lugar en cada Catedral de Costa Rica, en la
fecha que oportunamente será anunciada.
c) Señalamos como riquísimo tema de predicación
durante el Año de la Fe el CREDO, y abrigamos la esperanza de
que se detallada explicación derivará nuestro amado
pueblo un aprecio mayor por la fe católica, bendita herencia de
nuestros mayores.
d) Invitamos a todas las familias para que cada semana, en el
día que les sea más fácil reunirse, hagan en común
una profesión de fe, recitando fervorosamente el Credo.
e) Invitamos a todas las familias, para que cada semana en el
día que les sea más fácil reunirse, hagan en común
una profesión de fe, recitando fervorosamente el Credo.
f) Deseamos vivamente que los intelectuales católicos y
demás movimientos de apostolado seglar, organicen a todos los
niveles ciclos de conferencias, jornadas de estudio, etc., sobre el
Credo y que inicien o concluyan reuniones con su recitación
fervorosa. No nos resta sino pedir a todos vosotros, amadísimos
hijos, vuestra entusiasta colaboración, a fin de que la celebración
del AÑO DE LA FE, traiga a Costa Rica católica la codiciada
bendición de afianzar en cada corazón, como dice el Santo
Padre, “la adhesión sincera a la común vocación
cristiana”. En prenda de todo lo cual, os otorgamos muy de corazón
Nuestra bendición Episcopal, en el Nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo.
La presente Carta Pastoral será leída en todas nuestras
Iglesias el domingo siguiente a la recepción.
Dada en San José, Ciudad en que Nos hemos reunido a los
seis días del mes de Junio de mil novecientos sesenta y siete.
+ Carlos H. Rodríguez Quirós
Arzobispo de San José
+ Delfín Quesada Castro
Obispo de San Isidro del General
+ Román Arrieta Villalobos
Obispo de Tilarán
+ Enrique Bolaños Quesada
Administrador Apostólico de Alajuela
+ Alfonso Hoefer Hombach
Vicario Apostólico de Limón
CITAS BÍBLICAS:
1) Evangelio de San Juan 1:42.
2) Evangelio de San Mateo 16:18-19
3) Evangelio de San Juan 21:15-17
4) Hechos de los Apóstoles 2:14 y siguientes
5) Hechos de los Apóstoles 1:15 y siguientes
6) Hechos de los Apóstoles 5:1 y siguientes
7) Hechos de los Apóstoles 10:48
8) Hechos de los Apóstoles 15 y siguientes
9) Hechos de los Apóstoles 17 y siguientes
10) I Corintios 12:12 y siguientes
11) II Corintios 12: 15
12) Hechos de los Apóstoles 13:47
13) Apocalipsis 1:6 |