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Pastoral de servicio en la acción eclesial y el Magisterio Social
Autor: Pbro. Victor Manuel Salas Hidalgo

Diakonía[1]
“La diaconía fue para la Iglesia primitiva un servicio tan esencial como el de la predicación del evangelio. Según Tertuliano, la reacción de admiración de los paganos respecto a los cristianos obedecía al ejercicio efectivo diaconal, que se traducía en la ayuda y entrega de dinero para el sustento de los pobres, huérfanos, desterrados, encarcelados y víctimas del infortunio”[2]. De muchas formas, la Iglesia ha sido servidora del mundo, ha sido diakonía. En un mundo de empobrecidos, generado por las leyes del mercado[3], está urgiendo una pastoral diakónica eficaz.

En la Encíclica Populorum Progressio de Pablo VI se reconocía la necesaria participación de la Iglesia en los proyectos de desarrollo humano integral y solidario[4] y específicamente, resaltaba los esfuerzos del Arzobispo de Santiago de Chile, Mons. Manuel Larraín[5], en proyectos específicos en favor de los pobres. Mucho se ha dicho que la Iglesia, en el siglo XVIII, perdió a los obreros, ya que no supo estar presente adecuadamente en medio de sus sufrimientos. ¿Está hoy acompañando a los agricultores y campesinos en esta situación por la que está atravesando el agro? El mundo campesino[6] ha sido fiel a la fe cristiana, por lo que es un reto para la Iglesia, no pasar de lejos frente a sus necesidades; de lo contrario, la historia se lo reclamará.

Los desafíos actuales[7], como: las migraciones de todo tipo, el deterioro de los sistemas de salud y educación, los asentamientos urbanos, la carestía de la vida, el desempleo, la corrupción gubernamental, el cuestionamiento a los líderes políticos, entre otras temáticas, está obligando a una fuerte presencia de la pastoral diakónica en la vida diocesana y parroquial. Una formación explícita en DSI para todos los agentes de pastoral y gran capacidad para el trabajo en redes sociales, urge en la Iglesia, como el llamado que hace Juan XXIII y Pablo VI para que los católicos y creyentes se asocien a hombres y mujeres de buena voluntad, para la transformación del mundo[8].

Se necesita una pastoral diakónica con visión evangélica, con gran capacidad de donación, de negociación y de constituirse en voz creíble en medio de una sociedad violenta y excluyente en lo social, económico y político. Urge una Iglesia, como estructura visible, que acompañe a los más pobres[9] y que sea capaz de aceptar el espíritu profético proactivo, asumiendo la expresión de Bonhöffer “la Iglesia es Iglesia sólo cuando existe para los demás”, o sea, para los pobres, marginados y extranjeros. Siendo capaz de percibir los rasgos de una cultura economicista y generadora de exclusión, “la Iglesia se ha declarado casi la sirvienta de la humanidad precisamente en el momento en que tanto su magisterio eclesiástico como su gobierno pastoral han adquirido mayor esplendor y vigor debido a la solemnidad conciliar: el servicio ha ocupado un puesto central”[10], afirmaba Pablo VI en la eucaristía de clausura del Concilio Vaticano II.

Indudable será que la formación en DSI[11] de todos los agentes de pastoral, lo mismo que el sentido de la justicia y la solidaridad, se conviertan en ejes transversales de toda la acción eclesial. Obviar el sentido diakónico en la acción eclesial, es ignorar las propias raíces cristianas. Se tiene que tener capacidad de iluminar y comprometerse con los nuevos retos de las naciones, de los grupos sociales y personas. Las nuevas coyunturas económicas, como los Tratados de Libre Comercio, tienen que contar con personas capaces de tomar una postura valiente y clara como el Cardenal Rodríguez Madariaga. Se tiene que formar a los agentes no sólo para la instrucción cristiana, sino para vivenciar la solidaridad a través de proyectos de economía solidaria[12]. La pastoral diakónica tiene que consolidarse en cada parroquia[13], comprometer a todos los agentes cualificados de pastoral y operacionalizarse a través de sus cuatro componentes: concientización, promoción humana, asistencia y organización. Además que respecto a la pastoral de servicio tiene que diversificarse está acción a saber: pastoral de migraciones, de la salud, de género, de la tierra y del agro, pastoral obrera. La presencia de la Iglesia en el campo del compromiso social, es una acción que es intrínseca a su mismo ser ya que “el servicio eclesial toma sus bases en el acontecimiento de la encarnación. Cristo, que definía su tarea como un “he venido a servir y no a ser servido” realiza su misión desde la asunción de lo humano y desde la radical solidaridad con el hombre. Viene a servir desde la identificación y la opción por aquellos a los que sirve, viene a hacerse pobre para enriquecernos con su pobreza. La iglesia, perpetuando su tarea a través de la historia, adopta y continúa también sus opciones fundamentales y sus actitudes básicas en la acción pastoral. Indudablemente, el servicio operativo existenciales de una Iglesia que, sirviendo la causa del evangelio, se hace servidora de aquellos para los que el evangelio ha sido dado”[14]

Cuando tratamos la dimensión de la diakonía[15] se trata una de las dimensiones centrales en la acción de la Iglesia. Algunos pastores hay opinado que mucho de la credibilidad de la Iglesia depende de la acción caritativa de la Iglesia, especialmente en estos tiempos de empobrecimiento de la población mundial, frente al enriquecimiento desmedido de unos poquísimos “el servicio pertenece a la Iglesia con la misma propiedad que la pastoral de la palabra y la celebración litúrgica. Es más no podemos hablar de Iglesia si no hablamos desde el servicio...Solamente desde el servicio a esta realidades la Iglesia se constituye y tiene una autocomprensión de su ser. Por ello podemos decir que la misión global de la Iglesia es, en sí misma, servicio: servicio en el horizonte del Reino, servicio como seguimiento de Cristo y servicio como liberación del hombre”[16].

Hay que tener claro que en la Eclesiología del CVII sitúa el servicio en la Iglesia no tanto en las acciones sino como una dimensión de su ser “la Iglesia se ha declarado la servidora de la humanidad, y ello en el momento en que tanto el magisterio eclesiástico como su gobierno pastoral han adquirido, en función de la solemnidad del Concilio, mayor esplendor y mayor vigor; la idea del servicio ha ocupado un lugar céntrico en el Concilio” decía Pablo VI en 1965 en la Misa de Clausura del Concilio ecuménico Vaticano II[17].

Asumimos las palabras de Julio Ramos (2001) cuando explícita la pastoral diakónica “el servicio como dimensión eclesial brota del mismo Cristo, cuya humanidad fue sacramento del encuentro con Dios y cuya sacramentalidad es continuada por el ser y la misión de la Iglesia. La tarea de su humanidad está comprendida desde el servicio, ha venido a servir y a dar su vida, y esa tarea tiene su carácter sacramental de servicio al Reino y de ser manifestación de la acción de Dios para hombre. Desde ahí hay que entender los gestos, sus acciones y, especialmente, sus milagros”[18].

La evangelización si quiere ser completa y fiel al Maestro, tiene que realizarse a ejemplo de El[19], por lo que la presencia de la comunidad eclesial en medio del mundo tiene que ir acompañada de signos. La Nueva evangelización actualmente no será posible sino es a través explícitamente haciendo vida las obras de misericordia “una evangelización sin signos de servicio ha perdido su eficacia y su ser sacramental. Por eso, es necesario que la pastoral de la Iglesia no prescinda nunca de los signos de servicio, que han de entenderse desde la teología sacramental en su sentido más amplio de la significación y la eficacia. La Iglesia no hace esos signos solamente para significar la salvación, sería engañoso, sino que hace esos signos porque realizan y manifiestan ya ahora, en la historia, la salvación que significan, y que va más allá de la historia”[20]

El evangelio, la DSI y las necesidades históricas de las personas y de los pueblos es lo que marcan el ritmo de la presencia social de la Iglesia tanto a nivel Nacional, internacional o en el nivel comunitario y son todos los agentes los que les corresponde comprometerse con esta misión que no es opcional sino resultado del discipulado, de su ser.

La experiencia de esclavitud del pueblo de Israel lo había convertido en un no-pueblo y es por eso que Dios se compromete con la liberación del pueblo y çescucha su clamor, inclina su oído y atiende los gemidos del pueblo pobre y esclavo. Hay una opción de Yavé por el pueblo esclavo, ciertamente es el Dios de todos pero no es cómplice con el faraón. A partir de esa experiencia el pueblo entiende que no puede haber pobres entre ellos y cuando los hay, es un signo concreto de que el pueblo se ha olvidado de la Alianza y de ahí el mandato no haya pobres entre ustedes.

Ya desde el Concilio se hace la distinción de Ecclesia ad intra y Ecclesia ad extra, en el servicio de la Iglesia. Se podría hacer esa distinción para clarificar también las formas de llevarlo a cabo. Pastoral de servició ad intra: la organización de la misma comunidad en la que debe de involucrarse todos los agentes de pastoral y no reservarse esta tarea a aquellas personas con conciencia social ya que esta tarea es de toda la Iglesia, responsabilidad de todos los bautizados y agentes y toda todas las dimensiones de la acción eclesial. Para su mejor comprensión y operacionalización es adecuado determinarla en una pastoral sectorial a saber: pastoral de migraciones, derechos humanos, de salud, la atención de los más desvalidos, la comunicación de bienes y una pastoral ad extra en los que sobresale el trabajo en redes, la solidaridad, la promoción de la justicia, el servicio a la reconciliación y a la paz, el profetismo eclesial.

La pastoral diakónica entonces habría que ubicarla en una visión integrativa de la acción eclesial y es un eje articulador de todas las dimensiones. Los componentes más importantes son: la concientización, la organización, la promoción humana, y el asistencialismo.

 

La concientización
Lo que se tiene que buscar es que los grupos y las personas sean responsables y protagonistas de la transformación social. Sólo se puede realizar esta tarea desde el evangelio ya que este aporta las herramientas necesarias para leer, interpretar la vida cotidiana desde la misma vida de Jesús. Hay que enseñar a todos los que quieren ser discípulos a interpretar la historia desde la Revelación y a asumir una actitud responsable con la historia. Un conocimiento del Evangelio, de la actitud de las primeras comunidades, de los profetas, de los padres de la Iglesia sobre la cuestión social, la enseñanza de los teólogos en la historia de la Iglesia, la postura conciliar respecto a este tema, la profundización del magisterio social universal y latinoamericano va a contribuir en mucho es esta tarea irrenunciable de la Iglesia consigo misma y con otros seres humanos.


La promoción humana.
Este es una de las tareas indispensables de la PD. E.N hacía un llamado para que se integrara la evangelización y la promoción humana. Específicamente el Documento del magisterio latinoamericano de Santo Domingo aporta las herramientas teóricas necesarias para estableces esos necesarios vínculos entre evangelización y promoción humana. El papel de los evangelizadores y de toda la Iglesia universal, es la de generar en las personas y grupos la conciencia de su protagonismo histórico; especialmente en estos tiempos del mercado total. El trabajo en género, migrantes, pastoral de privados de libertad y sus familias, la pastoral del agro y de la tierra... hay que enrumbarla hacía la adquisición de una conciencia de desarrollar responsabilidad social y participación ciudadana. El abordaje de la DSI hará que las personas y los agentes se unan para apostar por la solidaridad y la cooperación frente a una sociedad excluyente generadora de empobrecidos.


Asistencialismo.
Esta área de la acción diakónica de la Iglesia de una u otra forma ha estado siempre presente en la Iglesia. Las comunidades cristianas parroquiales cuentan con experiencias muy significativas en este campo. No siempre entendido como “asistir en tiempos de carestía”,sino de sensibilizar a los integrantes de la comunidad respecto a la caridad y a la justicia para que la fe se traduzca en un acto de compromiso a favor de los que padecen los embates de la injusticia, la marginación, el sufrimiento y la pobreza. La acción social en este aspecto la ha desarrollado CARITAS, cuyo objetivo es la de apoya y canalizar el esfuerzo caritativo que surge en las comunidades y a la vez canalizar los esfuerzos que sobrepasan las posibilidades de la comunidad como en el caso de emergencias o proyectos específicos. La PD desde luego va más allá de lo que realiza actualmente CARITAS.

Organización.
Esta tarea que le corresponde a la PD, es la de estimular un mínimo de organización en la comunidad, en estrecha relación con toda la acción eclesial y con todos los agentes de la pastoral, en los diferentes niveles de Iglesia. Se tiene que estimular y concientizar a todos los ambientes para que la PD sea la dimensión que integre a toda la acción eclesial. Depende del nivel de Iglesia en el que se esté, le corresponde diversas funciones, y en todos ellos debe estar animada por los pastores y es quienes les toca la tarea de la dinamización y puesta en marcha de los diferentes proyectos. Sin una mínima organización no sería posible responder a los grandes interrogantes en este ámbito. La profundización en DSI es la tarea primera.

Bibliografía.
Documentos completos del magisterio social. Ediciones BAC.

Documentos Completos del magisterio latinoamericano. ED. San Pablo.

Galindo, A .Diaconía, una Iglesia para los demás. EN: Concilium 218(1988).

González , Faus, J. Justicia. En: CFP.pp 514-523.

Floristán, Casiano. Teología Práctica. Sígueme. España. 2002.

Jurio, P. Diaconía. En CFP pp 230-237.

Ellacuría. Pobres EN: CFP. pp. 786-802.

Manual de DSI.Ed. CELAM.

Ramos, Julio. Teología Pastoral. BAC. Madrid.

Revista Medellín. CELAM . año 2000.

Revista Theándrica. Seminario Central de San José. En prensa.

[1] Corresponde a una de las dimensiones de la acción eclesial, lo ideal sería explicar esta en relación a todas las dimensiones.

[2] Floristán, 2002, p.709.

[3] Cfr Ecclesia in America 20. NMI 14.

[4] Lo que busca toda presencia de la Iglesia en el campo social es contribuir al desarrollo humano intergral de personas y pueblos.

[5] Cfr PP 32.

[6] Cfr. PP 34.

[7] Cfr. NMI 51-52.

[8] Cfr. PP 81.

[9] Cfr. GS 1 y en general la DSI.

[10] Discurso de SS. Pablo VI el 7 de diciembre de 1965, en la Basílica Vaticana, durante la Sesión pública con que se clausuró el Concilio Ecuménico Vaticano II.

[11] Cfr Ecclesia in America 18,52-65.

[12] Cfr Revista Medellín Año 2000 y Tesina de Juan Gabriel Alfaro para optar por el grado de Bachillerato en Teología. UCCR. 2003.

[13] Cfr. Ecclesia in America 41,54-55.

[14] Ramos, 2001, p. 380.

[15] Es indispensable que se tenga en cuenta que esta dimensión no se puede tratar aisladamente sino que hay que integrarla a las dimensiones de la acción eclesial. Aquí se trata aparte por razones pedagógicas. Cf. Artículo en Theándrica: Salas, Víctor Manuel Corresponsabilidad: vocación de todos los bautizados. N.14.Año 2004.

[16] Ramos, 2001, p. 380.

[17] Homilía del 7 de diciembre de 1965.

[18] Ramos, 2001, p381.

[19] Cfr. Mt 9,1-8; Mc 2,1-12; Lc 5, 17-26.

[20] Ramos,2001, p 382.

 
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