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La Iglesia en tiempos de la II Guerra Mundial
Autor: Seminarista Luis Adolfo Mora Cascante

Universidad Católica

Anselmo Llorente y La Fuente

Seminario Central de Costa Rica

III de Teología

La Iglesia en tiempos de la segunda guerra mundial:

Pío XII y el régimen nazi.

(1939-1958)

Prof. Pbro. Fernando Alberto Vílchez Campos.

Estudiante: Luis Adolfo Mora Cascante


Fecha de entrega:

04 de junio del 2004.

Introducción.

Cuando uno piensa en la figura de Pío XII (1939-1958), varias cosas se vienen a la mente. En primer lugar la II guerra mundial, lo cual significa que su pontificado se vio envuelto en tantos conflictos que quizá en su corazón nunca hubo reposo. Por otro lado, no deja de pensar uno en ciertos prejuicios o realidades acerca de su actuación con respecto a aquellos que estaban sufrimiento las más cruentas torturas y hasta qué punto su actuar, su pensar y sus mensajes generaron un cambio de actitud en los gobiernos, que más bien podría uno llamar dictatoriales.

De ahí que he considerado necesario, para mi propia formación, ahondar en una figura tan importante como lo es Pío XII y de quien poco conozco, pues por las circunstancias en que se desarrolló su pontificado, no podemos hablar de muchas encíclicas –aunque si anotamos una cantidad considerable-, y quizá todas girando en torno al tema de paz. Por otro lado, me ha parecido muy interesante descubrir su reacción con respecto a Adolfo Hitler (1933-1945) y en consecuencia el nazismo, que a mi juicio –y creo que el de todos-, generó tanta repugnancia así como dolor en el mundo entero, especialmente en Europa.

Por eso he titulado este pequeño trabajo investigativo: la Iglesia en tiempos de la segunda guerra mundial: Pío XII y el régimen nazi, para hacer conciencia de cómo las circunstancias mundiales afectan el comportamiento y procederes –e incluso la salud-, de un pontífice.

El esquema a seguir será el siguiente: en primer lugar daremos un vistazo al mundo, ¿cuál era la situación que estaba viviendo el mundo y el por qué de una nueva amenaza de guerra? En segundo lugar, analizaré desde luego la figura de Pío XII desde antes de llegar a serlo, así como la figura de Adolfo Hitler –aunque más escuetamente-, para entender el por qué del nazismo y cómo esto hace al papa ser un hombre espiritual pero también enérgico. Concluiré mi trabajo dando algunos datos acerca del bombardeo de Roma, así como de algunas encíclicas escritas por Pío XII para cerrar con sus últimos días aquí en la tierra.

Está de sobra decir que el tema ha sido de mi agrado y disfrute, por lo que espero que lo sea también para quien lo lea.


1. Contexto histórico: marco político en torno a 1939.

Tanto en Alemania como en Japón fermentaban las ambiciones de hegemonía nacionalista que llevarán luego a la II guerra mundial (1939-1945). En general no se puede hablar de un mundo de paz, pues después de la I guerra mundial (1914-1918), el orbe político tenía líneas definidas, tanto a nivel de ideología, como de sistemas económicos. Por ejemplo el área capitalista localizada en la Europa Continental (excepto Alemania e Italia), así como Gran Bretaña y Estados Unidos; y el sector socialista, concentrado en la Unión Soviética, consolidándose bajo el poder de Stalin ( 1924-1953 )[1], pero sufriendo una decaída ante la prosperidad económica de los Estados Unidos y el resto del mundo occidental que buscaba su destrucción[2].

Por otro lado, estaban en marcha guerras civiles, como la de España y la invasión de Japón a China y Corea. Todo esto provocado por los ideales nacionales del siglo XIX, alimentado por la filosofía hegeliana del estado semimístico y totalitario –también llamado Estado ético-, desligado de lo trascendente y con una tarea que cumplir: la independencia. Es lo que sentirá Alemania al considerarse predestinado al cumplimiento de una misión rectora entre las naciones. Algo así como los ideales que pretendía Bismarck, pero que al fin y al cabo no logró (al menos en un 100%, según mi parecer).

Es en este contexto que podemos hablar del fascismo, que fue engendrado en el vientre propio de Italia después de la I guerra mundial por Benito Mussolini[3](1922-1943 ) quien proclama el derecho inmanente de los mejores a gobernar; el derecho privilegiado de ciertas clases a ocupar posiciones de mando. Lo mismo tenemos que decir del nazismo, pues también es producto de las circunstancias históricas –como veremos más adelante-.

Pese a que con los pactos de Letrán del 11 de febrero de 1929 se confirmaba la posición de la Iglesia en Italia como la del Estado, no tardaron en surgir tensiones, pues el Estado ético reclamaba derechos en el campo de la educación y el trabajo juvenil. Esto generó entre el invierno de 1930 y la primavera de 1931 enfrentamientos abiertos en torno a la independencia de las organizaciones juveniles, por lo que Pío XI (1922-1939) interviene con la encíclica Non abbiano bisogno del 29 de junio de 1931 contra las limitaciones impuestas a las actividades eclesiásticas en la vida pública y la interpretación unilateral de los pactos lateranenses. Posteriormente dirá el papa:

La situación social humana se mantiene todavía realmente violenta, por ello inestable y vacilante, pues se apoya en clases de apetencias diversas, opuestas, consiguientemente, y, por lo mismo, propensas a enemistades y luchas. [...]nos vemos en la precisición de reconocer que no falta quienes teman que el Estado, debiendo limitarse a prestar una ayuda necesaria y suficiente, venga a reemplazar a la libre actividad, o que esa nueva organización sindical y corporativa sea excesivamente burocrática y política, o que sirva más bien a particulares fines políticos que a la restauración y fomento de un mejor orden social. (Quadragessimo Anno #82.95)

Finalmente, no podemos dejar por fuera lo que significa el capitalismo y su influencia en los países proletarios, caracterizados por la gran cantidad de población y por lo mismo sumergidos en situaciones de pobreza por la carencia de recursos, en donde la ambición de capital y búsqueda de nuevos mercados justifica guerras declaradas sólo por la ambición de capital[4].

Ciertamente el pontificado de Pío XI (1922-1939) no se vio envuelto en guerras mundiales pero sí en las consecuencias de la I guerra mundial en la que su papel principal fue tratar de que las naciones llegaran a entendimientos[5]. El problema fue que las mismas circunstancias históricas parece que apuntaban a un segundo conflicto bélico, que tendrá que ser enfrentado por Pío XII (1939-1958).

2. La figura de Eugenio Pacelli.

Eugenio Pacelli nació el 2 de marzo de 1876 en Roma. Gozaba de una buena formación jurídica y su familia pertenecía desde hacía poco tiempo a la nobleza. Hizo estudios en el Liceo Visconti y en el Colegio Capranica, donde se formaban los futuros diplomáticos pontificios. Era un tanto enfermizo y de naturaleza delicada, por lo que la mayor parte de su formación sacerdotal la vivió en su casa. Además, era difícil que entablara amistades de confianza o espontáneas.

Fue incorporado a la Secretaría de Estado bajo la autoridad directa del cardenal Merry del Val. En 1914 ocupó el puesto de secretario para asuntos eclesiásticos extraordinarios. El papa Benedicto XV (1914-1922) lo mantuvo en esa función hasta 1917, cuando fue enviado como nuncio a Alemania, donde ejerció ese cargo por trece años, primero en Múnich (1917-1925) y después de haber llevado a buen término negociaciones con un concordato en materia escolar con el gobierno bávaro, pasó a Berlín (1925-1930), donde en varias ocasiones fue falsamente calificado como germanófilo[6], pues más bien contribuyó a las buenas relaciones con Alemania. De hecho, siendo ya papa, envía una carta a Hitler (1933-1945) donde le expresaba su deseo de mejorar las relaciones.

Fue nombrado cardenal en 1929, bajo el pontificado de Pío XI (1922-1939), sucediendo al anciano cardenal Gasparri en la Secretaría de Estado. Durante esos últimos diez años su actividad se volcó hacia la defensa de la libertad de la Iglesia y contra la escalada del peligro comunista y nazi, presentando en varias ocasiones procedimientos más bien flexibles.

2.1. El cónclave.

Como hemos anotado antes, la situación mundial era crítica. Entre los ambientes de guerra que se respiraban estaba el de una nueva guerra; así como también la guerra civil española que estaba en su finalización (1936-1939) y que condujeron a un Estado cuyo jefe fue el propio Francisco Franco (1939-1975).

Con todo y estos acontecimientos, su pudo realizar el Cónclave, quedando elegido como sucesor de Pedro el cardenal Eugenio Pacelli, Secretario de Estado quien toma el nombre de Pío XII.

Las multitudes le consideraban como una persona realmente sobrenatural, pues irradiaba en su alma un espíritu sacerdotal, un pastor realmente consagrado a sus abrumadoras responsabilidades apostólicas, muy sensible y a la vez muy santo y humano, un hombre que sabía escuchar los problemas cotidianos. Esto, a pesar de su delgada silueta y su imagen de pontífice agotado y separado del mundo exterior por el cerco de la burocracia eclesiástica[7].

Por su conocimiento de la situación alemana, no es de extrañar que desde el primer saludo de su pontificado anunciara ya su deseo de dirigir un mensaje al mundo el día siguiente. Nadie más que él era conciente del peligro que amenazaba al mundo y sus terribles consecuencias. Es así como el 3 de marzo de 1939, -día después de su elección-, dirige este mensaje al mundo, cuyo tema principal desde luego sería la paz.

Deseamos añadir una invitación y un augurio de paz. Hablamos de la paz por la que nuestro predecesor ofreció su vida, la paz que une a los pueblos y naciones en un amor fraternal […] Rogamos a Dios por todos los que ejercen autoridad y soportan la carga de encaminar a sus pueblos por el camino de la paz. Nos invitamos a todos los hombres de paz, la paz de las conciencias tranquilas en la amistad con Dios, la paz de las familias unidas y concordes en el único amor de Cristo; paz, por último, entre las naciones, mediante la mutua ayuda fraterna, amistosa colaboración y entendimiento cordial por los supremos intereses de la gran familia humana bajo la mirada y la protección de la Divina Providencia y en estas horas agitadas y difíciles, la paz, la más honda aspiración de todos los corazones[8].

Pocos meses después recordará este día ante los injustos juicios que recibió de quienes decían que debió haber condenado más claramente en nombre del evangelio, todas las injusticias alemanas. En todo caso, siendo como él era, -sensible e inclinado a la cautela y el compromiso-, prefirió usar la vía diplomática más que la acusación profética. Por otro lado, obispos y diplomáticos hicieron lo posible por mejorar la situación de los judíos y de otras minorías perseguidas, así como la influencia alemana sobre Roma, que estaba generando una situación todavía más difícil[9].


2.2. Pío XII (1939-1958) y la nueva situación mundial.

2.2.1. El nazismo.

La palabra nazi es una contracción del nombre del Partido Obrero Nacional Socialista Alemán y sus principios fundamentales son la disciplina, el sentido de predestinación, la concentración en lugar de la división de poderes, la idealización y predominio absoluto del Estado y la fusión indisoluble de partido único con el Estado[10]. Desde luego que no podemos dejar por fuera ese deseo de crear la raza selecta para quien según Adolfo Hitler, está hecha la historia del mundo. De hecho así lo expresará en su libro: si prevalecen los mejores hombres, las muchedumbres les seguirá, […]porque la multitud intermedia jamás lucha[11].

Estas ideas, que salen de los filósofos alemanes Federico Nietzche (1844-1900)[12], -con su ideal de superhombre-, y Arturo Schopenhauer (1788-1860) –con su noción de voluntad como fuerza más potente que el intelecto-, es lo que inspiró en mucho esta ideología que Adolfo Hitler ( ) desarrollaría en el ambiente posterior a la I guerra mundial.

En fin, lo que nos interesa aquí en todo caso es que Pío XII tuvo que hacerse frente a esta nueva ideología, tratando de ser fiel a su papel de suprema instancia moral, condenando injusticias, evitando dejarse envolver por la política, pero al mismo tiempo siendo imparcial, huyendo de identificarse sea con unos sea con otros y así ser exacto en sus conceptos y expresiones[13].

2.2.2. El papa y su relación con la figura de Adolfo Hitler ( 1933-1945).

Tres días después de su elección, el papa Pío XII (1939-1958), recibía en audiencia al embajador alemán ante la Santa Sede, von Bergen, quien en nombre de Adolfo Hitler, deseaba expresar su felicitación al papa por la elección recaída sobre su persona. Inmediatamente Pío XII convocó a los cuatro cardenales alemanes presentes en Roma todavía con ocasión de pasado cónclave: Bertrám, de Bresalu; Schulte, de Colonia; Innitzer, de Viena; y Faulhaber, de Munich, para examinar los problemas que en el Reich[14] germánico estaban afectando a la Iglesia. La importancia de este encuentro es que a partir de aquí se fijaron las líneas que la Santa Sede había de adoptar de frente al nacional socialismo.

Como primera iniciativa, se propuso que el papa escribiera una carta personal al mismísimo Hitler:

Al ilustre Herr Adolf Hitler, Führer y canciller del Reich alemán. Al comienzo de nuestro pontificado, deseamos asegurarnos que seguimos consagrados al bienestar del pueblo alemán confiado a vuestra dirección. Por él imploramos a Dios Todopoderoso para que le conceda la felicidad auténtica que emana de la religión. Recordamos con sumo gusto los muchos días que pasamos en Alemania en calidad de Nuncio apostólico, época en la que hicimos todo lo que estaba en nuestro poder para establecer relaciones armoniosas entre la Iglesia y el Estado. Ahora que las responsabilidades de nuestra función pastoral han aumentado nuestras oportunidades, rezamos mucho más fervorosamente para conseguir este objetivo. Hacemos votos para que, con la ayuda de Dios, el pueblo alemán disfrute de prosperidad y progreso. Fechada el 6 de marzo de 1939 en Roma, en la Basílica de San Pedro, en el primer año de mi pontificado[15].

Esta carta no tendría respuesta sino hasta el 29 de abril de 1939, pero su línea sería distante, como ignorando los problemas y conflictos que en Europa se estaban sucediendo.

2.2.3. Esfuerzos por evitar la guerra.

El 1° de mayo de 1939, el Vaticano sugirió una conferencia de cinco (los nuncios apostólicos de Alemania, Francia, Inglaterra, Italia y Polonia) para buscar una solución a las dificultades germano-polacas y franco-italianas, actuando el padre Tacchi-Venturi como intermediario entre el Vaticano y Mussolini (1922-1943). En agosto se dieron gestiones diplomáticas que quedaron rebasadas por los acontecimientos. Pío XII, luego del estallido de la guerra el 1° de setiembre de 1939 con la invasión a Polonia por parte de Hitler (1933-1945), trata de mantener a Italia fuera del conflicto y de hecho no dudaba en apoyar a aquellos que estaban dispuestos a derrocar a Hitler. Ciertamente, Pío XII no habría podido evitar la guerra, pero trató de que se extendiese lo menos posible.

Con respecto a Polonia, parecía que ya los hechos estaban decididos. Lo que sabía Pío XII con respecto esa situación fue proporcionado por el primado de Polonia, el cardenal Augusto Hlond, arzobispo de Gniezno y de Poznan, quien llegó a Roma el 19 de setiembre y sostuvo una entrevista con Tardini.

2.2.3.1. Los malos entendidos.

El 7 de octubre, el cardenal Hlond dirigía una carta al papa en la que le pedía que en primera encíclica -ya estaba el rumor seguro de una primera encíclica de Pío XII-, hablara acerca de la catástrofe que afligía al pueblo polaco y además que incluyera una particular invocación a la virgen María como auxilio de los cristianos. El papa tomará en serio estas peticiones. Ya el 27 de setiembre el prelado Hlond había hablado por radio Vaticano con estas palabras: ¡Mi Polonia mártir, caes víctima de la insolencia, defendiendo con infinitos sacrificios la santa causa de tu independencia […][16].

Sin embargo, el papa se vio envuelto en ciertas confusiones, pues el 15 de octubre de 1939 apareció en L´Osservatore Romano un editorial en que se insinuaba veladamente, que la Santa Sede estaba actuando de manera indiferente ante la tragedia polaca.

Lo mismo con el asunto del extermino judío, pues el silencio mantenido por el Vaticano ha hecho que se juzgue con severidad, pues sostienen que Pío XII –en parte-, era desconocedor de lo que sucedía en los campos de concentración. Otros lo han juzgado como un mero diplomático condicionado por el fascismo e insensible a la cuestión judía.

Los gobiernos de Bélgica, Inglaterra, Polonia y Brasil protestaron también porque el Vaticano no había hecho una condena a Alemania. Hubo una acusación a Pío XII por no condenar suficientemente el nazismo. Sin embargo tenemos que decir que en esto no se tomó en cuenta los múltiples mensajes y alocuciones como la del 1° de setiembre de 1944 -5° aniversario del inicio de la guerra-, donde expresa al final estas palabras:

El alma de una paz digna de este nombre, su espíritu vivificador, no puede ser sino uno solo: la justicia, que, con medida imparcial, da a cada uno lo suyo y a todos exige aquello a que todos están obligados; justicia que no da todo a todos, pero que a todos da amor y a ninguno hace agravio; justicia que es hija de la verdad y madre de libertad sana y de grandeza segura[17].

Hay de decir también que una de las manifestaciones más significativas y conmovedoras de la caridad del papa se produjo en el verano de 1943, cuando, después del bombardeo a la ciudad de Roma, él mismo, desafiando peligros, visitó personalmente escombros y ruinas, prodigando toda clase de consuelos a las víctimas[18].

2.3. Bombardeo a la Ciudad de Roma.

2.3.1. Caída de Mussolini (1922-1943).

En junio de 1940, Italia entró a la guerra al lado de Alemania, pero los reveses de las potencias del Eje tuvieron por consecuencia la destitución de Mussolini el 25 de julio 1943, puesto que según Víctor Manuel III (1900-1947),-rey de Italia quien apoyó el régimen fascista-, los resultados de las reuniones sostenidas entre el Duce, Feltre y Hitler fueran infructuosas. Mussolini es ejecutado en Dongo, -lago de Como, el 28 de abril de 1945. El Duce, liberado por los alemanes, formó un gobierno neofascista, pero también terminó siendo ejecutado en 1945.

Entre tanto, la cuestión del bombardeo de Roma seguía siendo una situación que preocupaba al Vaticano, por lo que se decide a actuar y el 26 de julio envía una nota a la embajada de Italia para que declare Roma ciudad abierta.

2.3.2. Roma ocupada.

El 8 de setiembre de 1943, la embajada de Italia comunicaba a la Secretaría de Estado el mensaje firmado por el mariscal Badoglio (1871-1956)[19], dirigido a la nación, según el cual, incapaz el gobierno italiano de resistir a los repetidos desembarcos de los aliados y de oponerse a la ocupación del territorio nacional, se veía obligado a pedir armisticio. Esto era ya una situación caótica, pues Roma estaba siendo ocupada. De hecho, el 5 de noviembre de 1943, un avión desconocido dejó caer cuatro bombas sobre el territorio de la Ciudad del Vaticano. Al día siguiente, se dirigió una nota a la embajada de Alemania, al ministro de Inglaterra y al encargado de negocios norteamericano, para que hicieran una investigación y aclarar la procedencia del ataque recordando respetar el espacio de la Ciudad del Vaticano[20].

El 12 marzo de 1944, Pío XII hizo un llamado a favor de Roma al dirigirse a las gentes para que llenaran la Plaza de San Pedro. Después de haber recordado los esfuerzos que había desplegado a fin de evitar otro conflicto bélico, expresó la esperanza de nadie jamás osaría convertir a Roma en campo de batalla. Sin embargo, existieron repetidos bombardeos, como el del 14 de marzo –dos días después de su llamado-, lo mismo sucedió el día 19 de marzo, destruyendo clínicas y casas particulares. Hubo telegramas en donde el Vaticano expresaba la amargura profunda que sentía el papa ante las inútiles pérdidas humanas.

El Reich reconocía el carácter de ciudad abierta que tenía Roma y dijo que para evitar cualquier equívoco, los soldados alemanes no pasarían por la ciudad. En ese mismo momento, España interviene en Washington y un senador americano propone a Roosevelt el nombramiento de una comisión mixta con la finalidad de conseguir la salvaguardia de Roma, obteniendo una respuesta alentadora del departamento de Estado. La dificultad era llegar a una confianza recíproca, pues por un lado los alemanes decían que no estaban utilizando Roma para fines militares y los aliados dicen lo contrario. Sin embargo el gobierno norteamericano expresaría que Roma servía de tránsito para las tropas alemanas, lo que para el cardenal Maglione responde con un telegrama a Cicognani acerca de lo inadecuado de la expresión de Roosevelt (1933, reelegido en 1936, 1940 y 1944) de decir que las fuerzas alemanas están atrincheradas en Roma[21].

3. Documentos pontificios.

Su primera encíclica será Summi Pontificatus, fechada el 20 de octubre de 1939 en donde expresa su profunda consternación ante el giro que iba tomando la catástrofe de la guerra.

En general, el conjunto de sus encíclicas revela, nuevas líneas doctrinales y de acción y al mismo tiempo sus límites. Este apartado lo que pretende es no dejar por fuera el Magisterio de Pío XII, que pese a la situación tan particular que vivió, y que la gran mayoría de sus mensajes fueron transmitidos por la radio, contamos con algunos textos suyos:

ü Divino Afflante Spiritu (1943): reconocía el valor positivo de los métodos exegéticos del padre Lagrange y de su escuela a comienzos del siglo XX y que habían sido juzgados hasta entonces con sospecha y desconfianza.

ü Mystici Corporis (1943): superó la eclesiología predominante hasta entonces y subrayaba el aspecto sacramental de la Iglesia.

ü Mediator Dei (1947): tras incrustar la eclesiología del cuerpo místico con el culto público, puso las bases para el desarrollo litúrgico posterior.

ü Humani Generis (1950): quizá la más conflictiva, mostró su desconfianza por una teología, generalmente francesa, a la que consideraba demasiado supeditada a la historia y al método histórico.

ü Evangelio Praecones (1951): después de haber consagrado varios obispos indígenas, es la encíclica en la que se defiende la necesidad de jerarquías locales en las misiones.

ü Fidei Donum (1957): pedía a la Iglesia un reforzamiento de su compromiso misionero y sugería nuevas fórmulas de cooperación misionera[22].

4. Fin del pontificado de Pío XII.

Ya a finales de 1953 Pío XII empezó sufrir las primeras llamadas de atención con respecto a su salud: problemas gástricos, frecuente hipo que le impedía descansar bien durante la noche, en otros malestares. El 2 de diciembre de ese año tuvo una irritación peritoneal acompañada de tensión abdominal y ciertos vómitos cada cinco minutos –que son restos de comida-, según da testimonio el cardenal Tardini[23].

Sus más cercanos colaboradores trataban de ahorrarle al santo padre el mayor trabajo posible e incluso el mismo papa decía a sus médicos que le dijesen la verdad respecto a su salud pues estaría dispuesto a renunciar si fuera el caso. El 6 de octubre de 1958 en Castel Gandolfo, sufrió un ataque de trombosis cerebral que momentáneamente lo dejó sin conocimiento y sin vista. Esa noche recibió la unción de los enfermos y al día siguiente el Viático. Tuvo una leve mejoría pero el 8 de octubre reaparecieron síntomas de disturbios circulatorios cerebrales, y el peligro de un ataque cardíaco pulmonar. Monseñor Tardini celebró la Eucaristía en la capilla contigua a la del papa el 9 de octubre a las 0:35am. Los médicos constaron síntomas de colapso: a las 3:52am murió.


5. La Iglesia después de la II guerra mundial.

Una vez terminada la guerra, Pío XII trabajó por la pacificación de los espíritus. De ahí que el 18 de diciembre de 1947 publicó su epístola Optatissima Pax en la que pide que se ore por la paz, así como el 1° de mayo de 1948 por medio de la carta Auspicia quadam, pide que se eleven oraciones por Palestina.

El 12 de marzo de 1950 publica su encíclica Anni Sacri, en la que anuncia al mundo el año santo y pide oraciones especiales por la concordia de los pueblos. Por esto y tantos radiomensajes, Pío XII es considerado el papa de la paz, llamando en muchas ocasiones a la disminución de armamentos, al reforzamiento de la unidad de Europa expresando cómo la paz es un bien que hay que esforzarse por obtener, renunciando y sacrificando las propias y legítimas aspiraciones. En otras palabras, Pío XII es el papa universal, en el sentido de que no dejó ningún campo desatendido, su preocupación fue siempre lo religioso, lo moral, lo cultural, lo social y desde luego, la paz.

Conclusión.

Ahondar, -aunque haya sido de manera general-, en el tema de la II guerra mundial ha sido para mí de una riqueza considerable, pues ciertamente es una época que se analiza mucho y que las opiniones de historiadores y críticos podrían variar de acuerdo con las perspectivas desde que se leen los acontecimientos. Eso está claro. Sin embargo, en el caso personal, yo no tuve la dicha de estudiar a fondo estos temas en la etapa de secundaria, ni mucho menos desde el punto de vista eclesiástico, por lo que lo investigado ha realmente resultado en muy novedoso e impresionante.

Sólo para poner algunos ejemplos, me sorprenden elementos como la carta que escribe el santo padre a Adolfo Hitler, así como el bombardeo a la Ciudad del Vaticano. Es también necesario considerar cómo los conflictos mundiales no afectaron al santo padre al punto de dejarse manipular o de realizar actos poco coherentes. Aunque pareciera que estoy haciendo juicios de valor, -que sé que no se deben de hacer en la historia-, creo que más bien lo que hago es valorar la entereza, la rectitud, la lealtad y la coherencia que el santo padre tuvo para manejar situaciones como las acusaciones que se le hacían con respecto a los judíos, a los refugiados que estaban en el Vaticano, a los sufrientes de los bombardeos en Roma, etc.

Quisiera concluir nada más aportando algunos resultados de mi investigación:

· No me parece que el santo padre haya sido indiferente a los sufrimientos de quienes experimentaron torturas, bombardeos y hasta la muerte violenta.

· Aunque si creo que el papa debió conocer perfectamente lo que estaba sucediendo en los campos de concentración, pese a que muchos justifican su silencio inicial con un no estaba enterado.

· Haber tenido un control sobre la Iglesia en tiempos de guerra no era algo sencillo por lo que pienso que las enfermedades que lo llevaron a la muerte fueron causadas por la excesiva necesidad de responsabilidad. Recordemos que él mismo expresa a sus médicos que está dispuesto a renunciar a realmente está enfermo[24].

· Los gobernantes involucrados en la escena de los acontecimientos, lejos de haber contribuido a la paz, buscaron sus propios intereses, dañando gravemente los derechos y la dignidad de miles de seres humanos.

· II guerra mundial, ¿valió la pena? Por supuesto que no, pero puso al mundo de frente a una nueva mentalidad, quizá de frente a una nueva eclesiología, abrió las puertas a un mundo que hoy estamos experimentando.


Bibliografía.

Obras de consulta.

1. Laboa, Juan María, Pío XII: por un mundo nuevo. En: Historia de la Iglesia católica. Dirigido por: Bernardino Llorca. B.A.C., Madrid 1999.

2. Montalbán, Francisco, Pío XII: pontífice reinante. En: Historia de la Iglesia católica. Dirigido por: Bernardino Llorca y, Ricardo Villoslada. B.A.C., Madrid 1958.

3. Schenk, Juan Eduardo, Pío XII y Juan XXIII. En: Historia de la Iglesia: de los orígenes a nuestros días. Dirigido por: Agustín Fliche y Víctor Martin. EDICEP, Valencia 1983.

4. Giacomo, Martina, La Iglesia, de Lutero a nuestros días. Cristiandad, Madrid 1974.

5. Weber, Wilhem, Problemática del estado y de la sociedad desde la perspectiva de la Iglesia. En: Manual de historia de la Iglesia. Dirigido por: Hubert Jedin y Konrad Repgen. Herder, Barcelona 1984.

6. Aubert, Roger, De Benedicto XV a Juan XXIII. En: Nueva historia de la Iglesia. Dirigido por: L.J. Rogier y otros. Madrid 1977.

7. Montenegro, Walter, Introducción a las doctrinas político económicas. EFE. México 1986.

Fuentes.

1. Hitler, Adolfo, Mi lucha. Ediciones D.S. Barcelona 1984.

Instrumentos.

1. García Pelayo, Ramón, Diccionario ilustrado Larousse. Editorial Larousse. México 1984.

[1] Todas la fechas que se proponen entre paréntesis corresponden a los años de gobierno, excepto en los casos en que se indique otra cosa.

[2] Cfr. Montenegro, Walter. Introducción a las político-económicas. Pp. 276-277.

[3] Montenegro, Walter. Introducción a las político-económicas. Pp. 247.

[4] Cfr. Martina, Giacomo, La Iglesia, de Lutero a nuestros días, p.121.

[5] Cfr. Weber, Wilhelm, En: Manual de Historia de la Iglesia. Dirigido por: Hubert Jedin, Tomo IX, p.385.

[6] Cfr. Laboa, Juan María, Pío XII: por un mundo nuevo. En: Historia de la Iglesia católica. Dirigido por Bernardino Llorca, Volumen V, p.448.

[7] Cfr. Aubert, Roger, De Benedicto XV a Juan XXIII. En: Nueva historia de la Iglesia. Dirigido por L.J.Rogier y otros. Tomo V, p.491.

[8] Schenk, Juan Eduardo, Pío XII y Juan XXIII. En: Historia de la Iglesia. De los orígenes a nuestros días. Dirigido por Agustín Fliche y Victor Martin. Volumen XXVII (1), pp.28-29.

[9] Cfr. Laboa, Juan María, Pío XII: por un mundo nuevo. En: Historia de la Iglesia católica. Dirigido por: Bernardino Llorca, Volumen V, p.451.

[10] Cfr. Montenegro, Walter. Introducción a las político-económicas. P. 259.

[11] Hitler,Adolfo. Mi lucha, p.250.

[12] Esta fecha entre paréntesis corresponde a la de nacimiento y muerte. Entiéndase lo mismo con respecto a Schopenhauer.

[13] Cfr. Martina, Giacomo, La Iglesia, de Lutero a nuestros días, p.138.

[14] Palabra alemana que significa imperio. Fue el III Reich, instaurado en 1933 el que desencadenó la II guerra mundial. Fue derrumbado en 1945. [Fuente tomada del Diccionario Ilustrado Larousse, por: Ramón García Pelayo y Gross].

[15] Schenk, Juan Eduardo, Pío XII y Juan XXIII. En: Historia de la Iglesia. De los orígenes a nuestros días. Dirigido por: Agustín Fliche y Victor Martin. Volumen XXVII (1), p.32.

[16] Schenk, Juan Eduardo, Pío XII y Juan XXIII. En: Historia de la Iglesia. De los orígenes a nuestros días. Dirigido por: Agustín Fliche y Victor Martin. Volumen XXVII (1), p.70.

[17] Montalbán, Francisco, Pío XII: pontífice reinante. En: Historia de la Iglesia católica. Dirigido por: Bernardino Llorca, Volumen IV, p.799.

[18] Cfr. Montalbán, Francisco, Pío XII: pontífice reinante. En: Historia de la Iglesia católica. Dirigido por: Bernardino Llorca, Volumen IV, p.801.

[19] La fecha entre paréntesis corresponde a la de nacimiento y muerte. Badoglio fue presidente del Consejo Italiano a la caída de Mussolini en 1943.

[20] Cfr. Schenk, Juan Eduardo, Pío XII y Juan XXIII. En: Historia de la Iglesia. De los orígenes a nuestros días. Dirigido por: Agustín Fliche y Victor Martin. Volumen XXVII (1), pp. 316-320.

[21] Cfr. Schenk, Juan Eduardo, Pío XII y Juan XXIII. En: Historia de la Iglesia. De los orígenes a nuestros días. Dirigido por: Agustín Fliche y Victor Martin. Volumen XXVII (1), p. 327.

[22] Cfr. Laboa, Juan María, Pío XII: por un mundo nuevo. En: Historia de la Iglesia católica. Dirigido por: Bernardino Llorca, Volumen V, pp.462-463.

[23] Cfr. Schenk, Juan Eduardo, Pío XII y Juan XXIII. En: Historia de la Iglesia. De los orígenes a nuestros días. Dirigido por: Agustín Fliche y Victor Martin. Volumen XXVII (1), pp. 532-533.

[24] Cfr. Schenk, Juan Eduardo, Pío XII y Juan XXIII. En: Historia de la Iglesia. De los orígenes a nuestros días. Dirigido por: Agustín Fliche y Víctor Martin. Volumen XXVII (1), p. 532.

 
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