PROPUESTA DE REGULACIÓN JURÍDICA A LA UNIÓN CIVIL ENTRE PERSONAS DEL MISMO SEXO      MENSAJE DEL SANTO PADRE A LOS OBISPOS COSTARRICENSES      COMUNICADO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE COSTA RICA      
Viernes, 04 de julio de 2008
Busqueda

CORREO ELECTRONICO
correu6
Calendario Litúrgico

 

ordo

AGENDA LITÚRGICA 2008

Incotep
incoteptransp
Encuesta
¿Qué opinas acerca de nuestro nuevo sitio web?
 
Personas en Línea
Hay 1 invitado en línea
Visitas
Visitantes: 1343147
DESCARGAS
ho-dl-button flash_runelogo_scurvejava
SKYPE        FLASH       JAVA       
 
 
Inicio arrow Documentos arrow Documentos Conferencia Episcopal de Costa Rica arrow 1992-03-08; Exhortación Pastoral En Defensa de la Vida
1992-03-08; Exhortación Pastoral En Defensa de la Vida PDF Imprimir
Indice de Artículos
1992-03-08; Exhortación Pastoral En Defensa de la Vida
Página 2
Exhortación Pastoral de la
Conferencia Episcopal de Costa Rica
en Defensa de la vida

I. INTRODUCCIÓN

1. Deber sagrado:

Como pastores del Pueblo de Dios, tenemos el sagrado deber de señalar y denunciar todo aquello que contravenga el plan de Dios sobre el ser humano, criatura por excelencia, inteligente y ra­zonable, capaz de reconocer el maravilloso don de la vida y su pa­pel protagónico en la procreación y conservación de la raza huma­na y el cuido, desarrollo y progreso de la vida en el planeta, para bienestar de todos los hombres y mujeres que lo habitan. (Cf. Gen 1,26-28).

2.    El don de la Vida y Vida Eterna

 

En efecto, ya en el Antiguo Testamento se plantea la maravilla de la vida humana como el regalo que Dios da al hombre y que nadie tiene derecho a conculcar. Un don que el hombre percibe, valora y agradece y que le predispone de inmediato para aceptar a su Creador, como el Ser a quien reconoce superior y digno de amor y obediencia. El don de la vida y su capacidad de entenderlo y disfrutarlo, hace del ser humano, no solamente el dominador, sino el dichoso habitante del mundo, quien, a semejanza de Dios, también puede transmitir la vida y hacer partícipes de su felicidad a otros seres, a quienes puede reconocer como suyos y en quienes puede vaciar todo su amor.

 

La conciencia plena de este don de la vida es un proceso que poco a poco van jalonando las afirmaciones del Libro Santo, hasta llegar a la plenitud en Cristo Jesús, cuya resurrección da a la vida humana su máxima realización y perfección, como vida que tras­ciende los límites de lo terreno, se insertá en la vida misma de Dios, alcanza la inmortalidad y hace de la muerte natural que te­nemos que padecer, un bien que nos abre las puertas de la eterni­dad: «Porque ésta es la voluntad de mi Padre, que todo el que vea al Hijo y crea en El, tenga vida eterna y que yo lo resucite en el último día» (Jn 6,40).

 

«La gloria de Dios es que el hombre viva», dijo San Ireneo de Lyon, en los inicios de la era cristiana.

 

«La gloria de Dios es que el pobre viva», tuvo que afirmar un obispo latinoamericano en las circunstancias sociales injustas en que se desenvuelve nuestro continente.

 

«La gloria de Dios es que el infante viva», nos vemos obliga­dos a decir los Obispos de Costa Rica, en la coyuntura de que nuestra Asamblea Legislativa analice nuevamente un proyecto de ley que contempla la posibilidad del aborto.

 

3.  La vida es sagrada: Somos hijos de Dios

 

El Nuevo Testamento absolutizó aún más la sacralidad de la vida humana, al profundizar en el Sermón de la Montaña la ley mosaica, extendiendo el «no matarás» hasta la obligación de «no encolerizarse», «no ofender» al hermano (Cfr. Mt 5,21 55) y convertir el amor al otro en el único termómetro que indica la autenticidad del amor de Dios: «Si alguno dice Amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso, pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve». (Jn 4, 20).

 

Así, el hecho de que el Hijo eterno del Padre haya tomado vida humana, la ennoblece y santifica, al llenarla con todos los dones de gracia y santidad, para asumirla en la riqueza de la filiación di­vina.

 

La constante enseñanza de la Iglesia plantea la vida como invio­lable, y ante la significativa lista de textos que podemos citar (1), que nos servirán de guía en el presente documento, nos permiti­mos recordar tan sólo la enseñanza solemne de Vaticano II: «Por tanto, la vida, desde su concepción, ha de ser salvaguardada con el máximo cuidado; el aborto y el infanticidio son crímenes abomi­nables» (G. et S.51).

 

Porque la doctrina es clara y el peligro de irrespeto a la vida es real, los Obispos, nos sentimos obligados a plantear las reflexio­nes doctrinales fundamentales, que recuerdan a los hombres de buena voluntad, que este signo de muerte, no es en modo alguno coherente con los grandes progresos humanos, científicos y tecno­lógicos, que hemos visto aparecer en nuestro Siglo.

 



 
< Anterior   Siguiente >






 

InicioINFORMACIÓN GENERALDEPARTAMENTOS ( Comisiones e Instancias )Noticias y ComunicadosContactoEditorial CECOR
Dirección: Avenidas 3a y 51, Calle 22, B.° México, San José 7288-1000 | Teléfono: 221-3053 / 222-0486
© Copyright 2006. CECOR .IglesiaCR.org ha sido desarrollado por VE Multimedios™