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Mensaje de JPII en las Jornadas Mundiales de la Juventud PDF Imprimir

MENSAJES DE JUAN PABLO II en las Jornadas Mundiales de la Juventud

Por Erika Mora y Carlos Andrés Víquez
Comisión Nacional de Pastoral Juvenil

En sus mensajes, Juan Pablo II presenta a la iglesia primero que todo como el pueblo elegido de Dios, un pueblo pecador pero que esta ante todo llamado a la SANTIDAD. Por esto el mismo la llama la “Iglesia Peregrina”, en la que todos estamos llamados a ser santos.

"Todos los jóvenes -dirá Juan Pablo II- han de sentirse seguidos por la Iglesia: por esto, que toda la Iglesia, en unión con el Sucesor de Pedro, se sienta siempre cada día más comprometida, a nivel mundial, en favor de la juventud, de sus ansias y preocupaciones, de sus aperturas y esperanzas, para corresponder a sus expectativas, comunicando la Certeza que es Cristo, la Verdad que es Cristo, el Amor que es Cristo. Y en esta atención privilegiada que la Iglesia nutre en relación a ellos, los jóvenes deben encontrar la prueba que ellos cuentan mucho, porque valen mucho. Porque su vida es incalculablemente preciosa para la Iglesia" (20 de diciembre de 1985).

La Iglesia es también una madre que acoge en su seno a todos los hombres, pero que sin embargo hace una opción preferencial por el más necesitado, es decir, OPTA POR LOS POBRES Y POR LOS JÓVENES... “La Iglesia latinoamericana, proclamó en Puebla de los Ángeles (México) su “opción preferencial por los jóvenes” y se dispone a una “nueva evangelización” para rejuvenecer las raíces, la tradición, la cultura cristiana de sus pueblos, a las puertas ya del “medio milenio” de su primera evangelización”.


En este camino propone que esta iglesia debe estar llena de liderazgo cristiano fijando para esto su visión en la oración y ante todo en la eucaristía, ya que en estos tiempos difíciles donde se necesita aferrarse con fuerza a los valores cristianos estas fuentes son más que necesarias son una urgencia.


La acción pastoral viene entonces a convertirse en la guía de esta iglesia, en la respuesta de fe a miles de preguntas, es la proyección misma del amor de Dios a través de los actos de los miembros que la conforman.


Llama a cada uno de los laicos a tener un protagonismo real donde cada uno fortalezca su fe, su vida misma en una forma integral. Nos llama a ser constructores de un camino de verdad y vida absoluta, a construir “LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR”... “La construcción de una civilización del amor requiere temples recios y perseverantes, dispuestos al sacrificio e ilusionados en abrir nuevos caminos de convivencia humana, superando divisiones y materialismos opuestos. Es ésta una responsabilidad de los jóvenes de hoy que serán los hombres y mujeres del mañana, en los albores ya del tercer milenio cristiano” (1987 II JMJ).


Esta acción además llama a la santidad de comunión. “Cristo dice: "Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial" (Mt 5, 48). La santidad consiste en cumplir la voluntad del Padre en cada circunstancia de la vida. Es el camino maestro que Jesús mismo nos ha indicado: "No todo el que me diga: 'Señor, Señor', entrará en el reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial" (Mt 7, 21) (VI JMJ).


Juan Pablo II también menciona que la iglesia debe ser renovada, para esto dice a los jóvenes que ellos son la ESPERANZA. “La Iglesia confía a los jóvenes la tarea de proclamar al mundo la alegría que brota de haberse encontrado con Cristo. Queridos amigos, dejaos seducir por Cristo; aceptad su invitación y seguidlo. Id y anunciad la buena nueva que redime (cf. Mt 28, 19); hacedlo con la felicidad en el corazón y convertíos en comunicadores de esperanza en un mundo que a menudo sufre la tentación de la desesperación, comunicadores de fe en una sociedad que a veces parece resignarse a la incredulidad; y comunicadores de amor en medio de los acontecimientos diarios, con frecuencia marcados por la lógica del egoísmo más desenfrenado” ( X JMJ).


El mensaje que transmite a los jóvenes con ocasión de una Jornada Mundial es que cada uno tiene un gran tesoro entre las manos, el más precioso de todos, que no tiene precio: la vida. No la hemos comprado ni construido. Se nos ha comunicado a través de nuestros padres como un don. Hoy somos los primeros responsables del mismo. Quizá no dispongamos de otros bienes, dinero, casas, prestigio social, pero somos titulares de nuestra vida. Dirigir nuestra vida constituye la primera tarea fundamental de todo ser humano. Esta constatación, tan simple e inmediata, pone en evidencia un hecho de importancia extraordinaria: la vida nos precede y nos pide ser sus verdaderos protagonistas.


Cuando el Papa convoca a los jóvenes por medio de sus Mensajes a la Jornada Mundial de la Juventud, los invita a profundizar en el camino existencial y a verificar cuánta vitalidad haya en su vida y de qué categoría sea. Es un camino que se realiza en el tiempo y a través de circunstancias particulares, pero que trasciende los eventos para abrir grandes horizontes y revelar las metas últimas de la existencia. Comprendemos así el sentido verdadero de la peregrinación en la Jornada Mundial, que tiene, sí, una meta geográfica y un tiempo predeterminado, pero cuyo verdadero objetivo es el de hacer caminar hacia la comprensión más profunda de la vida y del proyecto de Dios sobre ella.


En cada uno de sus mensajes a los jóvenes se siente la fuerza de aquel padre, de aquel amigo que los llama y que invita a los jóvenes a ser VALIENTES por que si él mismo ha tomado fuerza de los encuentros con los jóvenes la humanidad entera tomará esa fuerza que tanto necesita para seguir hacia el padre.... quizá uno de los mensajes más vivos sea donde dice a la juventud: "Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo" (Mt 5, 13-14) XVII JMJ. Aquella sal y luz que en la antigüedad eran elementos esenciales de la vida humana.


Una sal cuya función principal es sazonar, dar gusto una sal que también sirve para conservar... “Como la sal de la tierra, estáis llamados a conservar la fe que habéis recibido y a transmitirla intacta a los demás. Vuestra generación tiene ante sí el gran desafío de mantener integro el depósito de la fe” (cf 2 Ts 2, 15; 1 Tm 6, 20; 2 Tm 1, 14) (XVII JMJ).


Una luz que evoca el deseo de verdad y la sed de llegar a la plenitud del conocimiento que están impresos en lo más íntimo de cada ser humano. Un llamado a ser luz como el evangelio, a ser luz como el mismo Cristo."Pues el mismo Dios dijo: ‘De las tinieblas brille la luz’, ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz de Cristo" (2 Co 4, 6).


El ser sal, luz, testigos, valientes, esperanza, centinelas de la aurora es su llamado a la juventud donde ningún joven puede permanecer ajeno a este llamado que nos conduce por el buen camino y nos compromete a ser sus testigos.


En palabras de Juan Pablo II para los jóvenes: Sí, es la hora de la misión. Tratad asiduamente con el Señor en ese "corazón con corazón"...

 
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