MISIÓN EVANGELIZADORA DE LA IGLESIA Y EL COMPROMISO ECUMÉNICO
A continuación hemos querido retomar una pequeña síntesis de tres puntos de importancia sobre el Ecumenismo, del folleto publicado por Fray José Matarrita Sánchez, esto con la idea de hacer una ilustración sobre el tema.
En nuestra Oficina podrán encontrar el folleto completo.
1.El Ecumenismo a partir del Concilio Vaticano II.
El significado de ecumenismo queda bien expresado en la descripción que hace el Concilio Vaticano II del movimiento ecuménico: “Por movimiento ecuménico, se entienden las actividades e iniciativas que se emprenden y organizan para fomento de la unidad de los cristianos, según las diversas necesidades de la Iglesia y las diversas circunstancias temporales...”
El Concilio Vaticano II, marcó un giro ecuménico en la Iglesia Católica, en cuanto estimuló a todos los católicos a participar en el movimiento ecuménico. El Decreto sobre el ecumenismo, Unitatis Redintegratio, se publicó el 21 de noviembre de 1964, el mismo día de la Lumen Gentium. La fundación del Secretariado (desde 1989, Consejo) para la promoción de la Unidad de los cristianos no solamente a promovido una sensibilidad ecuménica en la redacción de todos los documentos conciliares, sino que ha dirigido la realización del compromiso católico en el ecumenismo desde la clausura del Concilio.....
2.El Camino Ecuménico, camino de la Iglesia.
Cristo es el verdadero autor de la salvación de la humanidad; la Iglesia lo es en tanto y en cuanto actúa por Cristo y en Cristo 8, De estas afirmaciones se deriva la base de todo auténtico ecumenismo. En efecto, de cuanto afirma el Concilio acerca de la “sacramentalidad” de la Iglesia , resulta que la verdad de la Iglesia misma no es un hecho unívoco, exclusivo y excluyente, propio de la Iglesia católica, sino que es un realidad dinámica participada a todas aquellas confesiones cristianas que tengan medios de salvación instituidos y otorgados por Cristo y que, al mismo tiempo lleven a Cristo. Las iglesias cristianas son, pues, “verdaderas” en cuanto poseen, mantienen y celebren los medios de salvación, concretamente: la palabra de Dios transmitida en las Escrituras, los sacramentos, el depósito de la fe como ha sido anunciado en los símbolos de Nicea, de Constantinopla, de Éfeso, de Calcedonia y cierta institución jerárquica que asegure la comunión. Son afirmaciones que están en plena sintonía con lo que nos dice el decreto Unitatis Redintegratio y la encíclica Ut Urum Sint “Fuera de la estructura visible de la Iglesia católica pueden encontrarse muchos elementos de santificación y de verdad que, como dones propios de la Iglesia de Cristo, empujan hacia la unidad católica”.....
3.El ser cristiano y católico: causas y consecuencias.
No cabe duda que profesar la fe católica exige e impulsa a la responsabilidad. Cuando Dios nos confía una gracia, es para que la sepamos transformar en misión y compromiso a favor de nuestros hermanos. En este sentido, nuestra fe en Cristo, específicamente el modo católico de creer en el Señor, encuentra su origen en la misma gracia divina y nos lanza a comunicar al mundo la razón de nuestra esperanza, a través no de teorías sino de una vital praxis fraterna. Para que esta afirmación trascienda la mera dimensión teórica, el Decreto Unitatis Redintegratio, pasando a la realización del camino ecuménico hacia la unidad, pone sobre todo de relieve la necesidad de la conversión interior. “No hay verdadero ecumenismo – afirma tajantemente – sin conversión interior”. De allí la necesidad de considerar con sincero y atento ánimo todo aquello que, en la propia familia católica, debe ser renovado y llevado a cabo, para que la vida católica dé más fiel y claro testimonio de la doctrina y normas entregadas a los hombres por Cristo, a través de los Apóstoles...
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