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1967-06-06; Carta Pastoral Colectiva del Episcopado Costarricense sobre el año de la fe PDF Imprimir

CARTA PASTORAL COLECTIVA DEL EPISCOPADO COSTARRICENSE SOBRE EL AÑO DE LA FE
29 DE JUNIO DE 1967 A 29 DE JUNIO DE 1968

Hijos muy amados:
Con una documentada exhortación dirigida “a todos los Obispos en paz y Comunión con la Sede Apostólica”, nuestro Santísimo Padre, el Papa Paulo VI, anuncia a los casi seiscientos millones de católicos esparcidos por toda la redondez de la tierra, la celebración del AÑO DE LA FE.

1º- PEDRO FUNDAMENTO DE LA IGLESIA – En la historia de la humanidad, caída en Adán y redimida por Cristo, Pedro ocupa un lugar de singular importancia. No se puede pensar en el sin evocar palabras de un altísimo significado, de un riquísimo contenido, dirigidas por Cristo a aquel rudo e impetuoso pescador de Galilea y transmitidas a nosotros a través de las páginas del Santo Evangelio. El mismo día en que Jesús lo invita a seguirle, mirándolo fijamente dice: “Tú eres Simón, hijo de Jonás: tú serás llamado Cefas que quiere decir Piedra” (1)
La intención de Cristo al cambiar el nombre del Apóstol era manifiesta: Si para levantar un edificio, la piedra del cimiento es absolutamente indispensable, para edificar Su Iglesia Jesús necesita también de una piedra fundamental y esa piedra será Pedro. Se cuenta ya con el Artífice de la Iglesia: Cristo, y con la piedra sobre la cuál edificarla: Pedro. Es llegado ese momento cuando Cristo habla a Pedro de la siguiente manera en Cesera de Filipo: “Yo te dijo a ti que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré yo mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuando atares en la Tierra será atado en los cielos y cuando se desatares será desatado en los cielos” (2) Palabras tan elocuentes ligan para siempre la persona de Pedro a la vida de la Iglesia de Jesucristo. Cimiento y edificio sólo pueden concebirse juntos, el uno edificado sobre otro, esto para concluir que sólo donde está Pedro podemos encontrar la Iglesia edificada por Cristo sobre él.

Por otra parte, Pedro no es piedra fundamental de la Iglesia, sino Pastor Universal de la grey de Jesucristo. Tres veces negó al Señor en los días de su Pasión, pecado que borró con lágrimas y una triple confesión de amor cuando Cristo hubo resucitado. Y a ese Pedro encomienda el cuidado de toda su grey cuando le dice, también por tres veces: “Apacienta mis corderos, apaciento mis ovejas... apacienta mis ovejas” (3). Una cosa aún faltaba a Pedro antes de comenzar la gran misión que el maestro le había confiado: la efusión del Espíritu Santo. Este vino sobre él y los demás Apóstoles el día de Pentecostés, desterrando de sus almas la ignorancia para llenarles de celestial sabiduría, y convirtiendo su debilidad en fortaleza para predicar a Cristo aún precio del martirio.

Recorramos por unos breves instantes el Libro de los Hechos de los Apóstoles, y confortemos y confortemos nuestro espíritu complementando a Pedro en el pleno ejercicio de su función pastoral. Proclama la Iglesia a las naciones el propio día de Pentecostés, antes que cualquier otro Apóstol (4); preside, sin que nadie dispute su derecho, la asamblea ñeque un nuevo Apóstol es agregado al grupo de los once (5); caen muertos a sus plantas Ananás y Safira cuyas mentiras recrimina (6); ordena el bautismo de los primeros gentiles (7); preside en Jerusalén, sin que nadie discuta tampoco derecho a hacerlo, el primer Concilio que celebró la Iglesia (8).

Esta breve reseña de lo que fue la vida de Apóstol nos bastará para comprender por qué ahora el Santo Padre nos invita a conmemorar con el AÑO DE LA FE, los mil novecientos años transcurridos desde sus santa y dolorosa muerte.

2º - PABLO, LUZ EN LA NOCHE DEL PAGANISMO – No se puede pensar en Pablo, sin imaginárselo derribado de su cabalgadura en el camino a Damasco y convertirlo desde aquel instante, de acérrimo perseguidor de los cristianos, en Apóstol de Cristo y gloria de la Iglesia. Pedro, al ordenar el bautismo de Cornelio, dio la consigna para que la luz del Evangelio fuese también llevada a los gentiles - hijos de Dios como los judíos – pero fue Pablo quien la hizo resplandecer con radiantes fulgores en la densa noche que los envolvía. Fue él quien anunció en el Areópago al Dios desconocido que los atenienses buscaban (9): fue él quien emprendió los más duros y peligrosos viajes para llevar a cuantos hombres pudo el suave aroma de Cristo; fue él quien nos legó como preciosa herencia la sublime y consoladora doctrina de la Iglesia como cuerpo místico de Cristo (10); fue él quien se gastó y desgastó hasta agotarse por el bien de las almas (11); su amorosa consagración a la salvación de los que aún no conocían a Cristo le he validado el nombre de Apóstol de las gentes, de luz de los gentiles (12); fue él, en fin, el más gallardo paladín de la fe que vieran los tiempos apostólicos. La gran veneración que la Iglesia profesa a este gigante del cristianismo que fue el Apóstol San Pablo, queda manifestada en el hecho de que ha querido asociar su memoria a la de aquel Apóstol sobre quien Cristo edificó su Iglesia, celebrando ambas fiestas en el mismo día.


3º -EL PAPA, PROYECCIÓN DE PEDRO EN LOS SIGLOS. – Al Conmemorar los diecinueve siglos transcurridos desde la muerte de Pedro y Pablo, queremos deciros, amados hijos, lo que Nuestro corazón siente por el Papa. Su persona está ligada tan estrechamente a la de Pedro, que nuestro pensamiento pasa de uno a otro necesariamente. Dijimos antes que cimiento y edificio sólo pueden concebirse juntos. La Iglesia de Cristo, fundada para perdurar a través de los siglos, no puede entonces concebirse sin Pedro de fundamento. Cabe entonces preguntarse:
¿Está Pedro hoy en la Iglesia de Cristo? ¿Sigue él siendo su formidable apoyo?¿ No cabe al respecto la menor duda. Pedro murió como persona pero sigue hoy viviendo en la Iglesia como Apóstol, en la persona del Papa, el Obispo de Roma y Vicariato de Jesucristo en la tierra. Los siglos han sufrido dolorosas convulsiones, la nave de la Iglesia ha tenido que surcar en ocasiones aguas sumamente tormentosas, pero jamás ha faltado junto a su timón la blanca y hierática figura del Papa, guiándola entre los arrecifes hacia puerto seguro. En la persona de Papa, Pedro sigue viviendo y actuando entre nosotros como padre solícito, como pastor amable de la grey de Cristo. Esta firme convicción nuestra, convicción que fue también de nuestro padres en la fe, debe de traducirse en nuestras vidas queridos hijos, por amor filial y entrañable al Papa, por una resolución a obedecerle siempre con prontitud y alegría, por una inquebrantable decisión a marchar en la vida por las sendas que él nos marque, por una piadosa disposición, en fin, a orar siempre por él y por todas sus intenciones.

Sea el AÑO DE LA FE la ocasión propicia para expresar al Santo Padre todos estos sentimientos de adhesión y amor que nuestro corazón guarda para su augusta persona.

4º - EL AÑO DE LA FE- Expresión de nuestra pronta respuesta a las iniciativas del Santo Padre, ha de ser la celebración entusiasta en nuestro País, del Año de la Fe. Como dice él mismo: “Qué mejor tributo de recuerdo, de honor y de comunión podríamos ofrecer a Pedro y Pablo que el de aquella fe misma que de ellos hemos heredado”.
Si escrutamos los signos de los tiempos, comprenderemos cuanta razón tiene el Santo Padre para invitarnos a reflexionar sobre la fe, a profundizar en su conocimiento, a defenderla contra quienes de dentro o de fuera amenazan su pureza integral, a transmitirla con amorosa solicitud en todos los ambientes y por medios más aptos, a vivirla en toda su plenitud.

El mundo, orgulloso de su ciencia que con todo no es otra cosa que constante descubrir lo que hay inteligencia superior había creado de la nada y ocultado bajo el velo de la naturaleza, toma tan a pecho su función de simple “descorredor” de velos, que llega a negar al verdadero Autor, al Divino Artífice de las maravillas hasta entonces ocultas tras sus pliegues. Por dar más importancia al descubridor que al Creador, a la materia que su Autor, hay una crisis de fe entre los intelectuales de nuestro tiempo. Se han echado al olvido las palabras de San Juan: “A El gloria y el imperio por los siglos de los siglos” (13)

Para señalar los graves peligros que amenazan a la fe desde dentro, el Papa señala “opiniones teológicas y exegéticas, tomadas muchas veces de las más audaces pero ciegas filosofías paganas”; deformación del sentido objetivo de verdades autorizadamente enseñadas por la Iglesia; prescindencia de la guía del magisterio eclesiástico, bajo el pretexto de adaptar las ideas religiosas a la mentalidad del mundo; increíble osadía de despojar el testimonio de la Sagrada Escritura de su carácter histórico y sagrado; intento, finalmente, de dar al cristianismo una nueva interpretación arbitraria y estéril.

A tan graves palabras del Papa, Nosotros, vuestros Obispos, quisiéramos añadir5 que hoy parecen estar más en ciertos círculos, las opiniones atrevidas de algunos teólogos y de algunos que ni siquiera lo son, máxime en materias susceptibles de trato demagógico, que la sana doctrina que los Padres Conciliadores dimos al mundo desde el Aula Conciliar y bajo la guía del Espíritu Santo. Para algunos, el Concilio es sólo una cortina tras la cuál introducir en la Iglesia ideas y actitudes que constituyen la verdadera negación. Daño inmenso están recibiendo muchos de nuestros hijos amadísimos: sacerdotes, religiosas y laicos por pretender familiarizarse con la doctrina del Concilio, no a través de los artículos sensacionalistas que lo truncan y desvirtúan. Triste realidad, pero realidad a cabo.

Nuestra invitación, queridos hijos, es a que este AÑO DE LA FE, disipéis para siempre esa nube tormentosa que se cierne sobre el cielo de la Iglesia, y que amenaza la fe que Pedro y Pablo nos legaron, estudiando individual y colectivamente la doctrina maravillosa del Concilio en sus documentos originales. La fe, entonces, recobrará en vuestros espíritus nuevo fulgor, esa fe que no ha cambiado ni cambiará, esa fe que es el eco inmutable en su contenido de la palabra de Cristo resonando por los siglos, esa fe ideal por el que murieron los cristianos de ayer, gloria por la que viven los cristianos de hoy y luminosa esperanza de los cristianos de mañana.

5º NORMAS PRACTICAS. – Para que el AÑO DE LA FE responda en la mejor forma a los deseos del Santo Padre, las siguientes disposiciones Nos parecen oportunas:

a) La solemne apertura del AÑO DE LA FE tendrá lugar el Jueves 29 de Junio con una Misa Solemne en su respectiva Catedral y cada Párroco, Rector de Iglesia y demás sacerdotes en la propia. En la homilía se explicará a los fieles el profundo significado que para la Iglesia tendrá la celebración. Momento solemne será la recitación del CREDO, símbolo de nuestra fe, a la cual invitamos para hacerla con Nosotros, meditando profundamente en cada una de sus verdades y ofreciéndole nuestra sincera y ferviente adhesión. Disponemos que todos los fieles que cumpliendo con los requisitos de confesión y comunión asistan en cualquier Iglesia a la solemne apertura del Año de la Fe y oren por el Santo Padre y sus intenciones, ganen una INDULGENCIA PLENARIA.

b) Es Nuestro deseo tributar al Santo Padre, en la venerada persona del Excelentísimo Nuncio Apostólico, en su Representante entre nosotros, un homenaje, al que invitamos desde ahora a todos Nuestros diocesanos, tendrá lugar en cada Catedral de Costa Rica, en la fecha que oportunamente será anunciada.

c) Señalamos como riquísimo tema de predicación durante el Año de la Fe el CREDO, y abrigamos la esperanza de que se detallada explicación derivará nuestro amado pueblo un aprecio mayor por la fe católica, bendita herencia de nuestros mayores.

d) Invitamos a todas las familias para que cada semana, en el día que les sea más fácil reunirse, hagan en común una profesión de fe, recitando fervorosamente el Credo.

e) Invitamos a todas las familias, para que cada semana en el día que les sea más fácil reunirse, hagan en común una profesión de fe, recitando fervorosamente el Credo.

f) Deseamos vivamente que los intelectuales católicos y demás movimientos de apostolado seglar, organicen a todos los niveles ciclos de conferencias, jornadas de estudio, etc., sobre el Credo y que inicien o concluyan reuniones con su recitación fervorosa. No nos resta sino pedir a todos vosotros, amadísimos hijos, vuestra entusiasta colaboración, a fin de que la celebración del AÑO DE LA FE, traiga a Costa Rica católica la codiciada bendición de afianzar en cada corazón, como dice el Santo Padre, “la adhesión sincera a la común vocación cristiana”. En prenda de todo lo cual, os otorgamos muy de corazón Nuestra bendición Episcopal, en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

La presente Carta Pastoral será leída en todas nuestras Iglesias el domingo siguiente a la recepción.

Dada en San José, Ciudad en que Nos hemos reunido a los seis días del mes de Junio de mil novecientos sesenta y siete.

+ Carlos H. Rodríguez Quirós
Arzobispo de San José

+ Delfín Quesada Castro
Obispo de San Isidro del General

+ Román Arrieta Villalobos
Obispo de Tilarán

+ Enrique Bolaños Quesada
Administrador Apostólico de Alajuela

+ Alfonso Hoefer Hombach
Vicario Apostólico de Limón

CITAS BÍBLICAS:

1) Evangelio de San Juan 1:42.

2) Evangelio de San Mateo 16:18-19

3) Evangelio de San Juan 21:15-17

4) Hechos de los Apóstoles 2:14 y siguientes

5) Hechos de los Apóstoles 1:15 y siguientes

6) Hechos de los Apóstoles 5:1 y siguientes

7) Hechos de los Apóstoles 10:48

8) Hechos de los Apóstoles 15 y siguientes

9) Hechos de los Apóstoles 17 y siguientes

10) I Corintios 12:12 y siguientes

11) II Corintios 12: 15

12) Hechos de los Apóstoles 13:47

13) Apocalipsis 1:6

 
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