PROPUESTA DE REGULACIÓN JURÍDICA A LA UNIÓN CIVIL ENTRE PERSONAS DEL MISMO SEXO      MENSAJE DEL SANTO PADRE A LOS OBISPOS COSTARRICENSES      COMUNICADO DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE COSTA RICA      
Viernes, 04 de julio de 2008
Busqueda

CORREO ELECTRONICO
correu6
Calendario Litúrgico

 

ordo

AGENDA LITÚRGICA 2008

Incotep
incoteptransp
Encuesta
¿Qué opinas acerca de nuestro nuevo sitio web?
 
Personas en Línea
Hay 1 invitado en línea
Visitas
Visitantes: 1343171
DESCARGAS
ho-dl-button flash_runelogo_scurvejava
SKYPE        FLASH       JAVA       
 
 
Inicio arrow Documentos arrow Documentos Conferencia Episcopal de Costa Rica arrow 1994-08-02; Carta Pastoral Madre Tierra
1994-08-02; Carta Pastoral Madre Tierra PDF Imprimir


CARTA PASTORAL MADRE TIERRA

MENSAJE DE LOS OBISPOS DE COSTA RICA SOBRE LA SITUACION DE LOS CAMPESINOS Y LOS INDIGENAS

2 de Agosto de 1994

INDICE

INDICE....................................................................................................I

ID Y ANUNCIAD LA BUENA NUEVA.................................................III

PRIMERA PARTE. LA VOZ QUE CLAMA EN EL DESIERTO............

I. SITUACION DE LOS CAMPESINOS................................................2

ASPECTOS ECONOMICOS..................................................................2

ASPECTOS SOCIALES......................................................................... 8

1. Vivienda............................................................................................... 8

2. Salud.....................................................................................................9

3. Educación..............................................................................................9

4. Alimentación..........................................................................................10

5. Familia.................................................................................................. 10

6. Migración del campo a la ciudad........................................................... 11

7. Otros problemas.................................................................................. 11

ASPECTOS POLITICOS....................................................................... 11

II. SITUACION DE LAS COMUNIDADES INDIGENAS................... 12

ASPECTOS ECONOMICOS................................................................ 13

1. Tierra y producción.............................................................................. 13

2. Ayuda económica................................................................................. 13

3. Proyectos de minería y represas en las reservas..................................... 14

ASPECTOS SOCIALES......................................................................... 14

1. Vivienda............................................................................................... 14

2. Salud.................................................................................................... 15

3. Educación............................................................................................. 15

4. Cultura y religión.................................................................................... 15

5. Narcotráfico........................................................................................... 16

6. Turismo.................................................................................................. 16

7. Derechos humanos................................................................................. 16

8. Familia................................................................................................... 17

ASPECTOS POLITICOS......................................................................... 17

SEGUNDA PARTE. Y DIOS NOS DIO LA TIERRA...

I. Y DIOS NOS DIO LA TIERRA............................................................ 20

II. DERECHOS DE LOS CAMPESINOS Y LOS INDIGENAS.............. 24

TERCERA PARTE. LA PALABRA SE HACE VIDA...

I. DEBERES DEL ESTADO Y SUS INSTITUCIONES........................... 27

II. DEBERES DE LA IGLESIA................................................................. 30

III. DEBERES DE LOS CAMPESINOS E INDIGENAS......................... 31

PALABRAS FINALES............................................................................. 33

SIGLAS UTILIZADAS............................................................................. 34

Error! Bookmark not defined.ID Y ANUNCIAD LA BUENA NUEVA...

(Mt 16, 15)

Los Obispos de Costa Rica hemos considerado conveniente ha­cer algunas reflexiones respecto de la situación económica, polí­tica y social del sector agrario y del sector indígena del país.

Hemos querido escuchar a los campesinos y a los indígenas, y le­vantar nuestra voz en favor de ellos conforme a la prédica de Nuestro Señor Jesucristo: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anun­ciar a los pobres la Buena Nue­va, me ha enviado a pro­clamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y pro­clamar un año de gracia del Señor." (Lc 4, 18-19)

Este mandato de Jesús nos compromete a ejercer nuestro mi­nisterio profético en defensa de los campesinos y los indígenas, porque El mismo nos recuerda que "todo cuanto hiciste a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hiciste" (Mt 25, 40).

Con honda preocupación y angustia, los campesinos y los indíge­nas del país nos han manifestado su temor ante las políti­cas impulsadas por el Estado en los últimos tiempos, las cuales han afectado su nivel de vida, al punto de imposibilitarles la satis­facción de sus necesi­dades fundamentales. Por ello, la Iglesia ha querido respaldar a estos hermanos con un proceso llama­do Pastoral de la Tierra.

Nosotros entendemos por Pastoral de la Tierra el mecanismo me­diante el cual la Iglesia Local, que reconoce y pro­clama a la Madre Tierra como instrumento de salvación puesto por Dios al servicio del hombre, se compromete a solidarizarse con el campe­sino y el indígena, y a acompañarlo en su trabajo y vivencia con este medio vital, y en su actividad agrícola, así como a dar todo el apoyo posible a las organizaciones intermedias que ellos mis­mos formen para luchar por una distribución más equitativa del agro y para alcanzar los más justos beneficios para ellos y para sus fami­lias.

La Pastoral de la Tierra permitirá, entonces, el necesario diálogo para la concertación de las políticas agrarias, así como la vigilancia permanente que permita obtener para el campesino y el indígena la mejor aten­ción jurídi­ca y social posibles. Su tarea fundamental será hacer posible una visión cristiana, que le permita al ser humano una vida mejor, en la que pueda expresar su alabanza y su amor a Dios y comportarse de manera solidaria con sus semejan­tes.

Así, presentamos esta Carta que recoge las angus­tias y las espe­ranzas de nuestros hermanos. Nos proponemos ilu­minar esta realidad agraria y llamar la atención de todos los creyen­tes, del Gobierno y de la Iglesia, a fin de que todos nos comprometamos en su transforma­ción.

Antes de señalar las luces y las sombras, queremos puntuali­zar lo que entendemos por campesinos y por indíge­nas. En la defi­ni­ción del campesi­no optamos por aceptar una pro­puesta que habla de todos los grupos integrantes, según nuestro parecer, de esa gran población que trabaja la tierra y que son afec­tados, directa o indirecta­mente, por los diversos problemas que observa­mos en nuestro país.

Campesinos son, pues:

1. Los que tienen tierra:

a) En propiedad,

b) Sin título,

c) En precario.

2. Los que poseen tierra ajena:

a) Arrendatarios (alquilada),

b) Esquilmeros (prestada u otro tipo).

3. Los que no tienen tierra:

a) Peón fijo de haciendas,

b) Peón fijo de bananeras,

c) Peón suelto u ocasional,

d) Peón migrante.

Es necesario aclarar que muchos de nuestros campesinos caben en dos o más de estas categorías. Así, por ejemplo, muchos pe­queños pro­pieta­rios deben trabajar a veces como peones ocasiona­les a fin de poder hacer frente a sus necesidades familiares. Por otro lado, al hablar de campesinos con tierra nos referimos sobre todo a aquellos que tienen como máximo 20 hectáreas de terre­no.

Por indígenas entendemos aquellos herma­nos nuestros descen­dientes de los pueblos que habitaron estas tierras mucho tiem­po antes de que llegaran los españoles. Aunque hay algunos casos de cruzamiento con no indíge­nas, en la actualidad la raza indí­gena continúa en estado de pureza en todos los terri­torios, donde lucha por mantener intac­tas su lengua, sus cos­tumbres, sus tradi­cio­nes, sus creencias y su lina­je.

En lo fundamental, el campesino es uno solo, ya sea indígena o no indígena. La única diferenciación está referida a la etnia, y lo hemos hecho de esa manera porque los indígenas constituyen la pobla­ción más pobre dentro de los pobres, y eso es algo que deseamos hacer saber una vez más.

PRIMERA PARTE

LA VOZ QUE CLAMA EN EL DESIERTO.

Error! Bookmark not defined.I. SITUACION DE LOS CAMPESINOS

Error! Bookmark not defined. ASPECTOS ECONOMICOS

1. Desde hace varias décadas, el Estado Costarricense viene hacien­do esfuerzos por dotar al campesinado de tierras para el cultivo, promoviendo al mismo tiempo una distribución más equita­tiva de ellas. No obstante, en los últimos tiem­pos, con la implementación de nuevas políticas económicas, se produce una preocupante tenden­cia a la concentra­ción de tie­rra. Con dolor advertimos cómo el campesino, que ha sido sujeto vital del desarrollo productivo del país, se está quedando sin tierra de labranza.

En actos que contradicen la justa distribución de la tierra, observamos que grandes compañías nacionales y extranjeras acaparan enormes extensiones, mientras un núme­ro conside­rable de pequeños agricultores, que desde siempre han traba­jado la tierra, han ido perdiéndola poco a poco o, deseando acceder a ella, no tienen medios para adquirir­la, dado que su precio se ha elevado a niveles imposibles de alcan­zar.

2. Desde el siglo pasado nuestro país ha sufrido la in­fluen­cia de gran­des compañías transnacionales que, merced a la aper­tura y los bene­fi­cios que les han ofrecido los gobiernos, se han aprove­cha­do de sus recursos humanos y naturales. Esta situación se ha in­tensi­fi­cado en las décadas recientes, con la promoción de la inversión extranje­ra, lo cual ha traído como con­secuencia:

a) El acaparamiento de grandes extensiones de tierra, lo que resulta en un desplazamiento de los agricultores.

b) La pérdida de soberanía y de territorios herencia de nuestros antepasados, debido a la venta de porciones de tierra a intereses foráneos.

c) El acaparamiento del mercado interno y del externo por parte de algunos pro­duc­tores.

d) La gran desventaja competitiva en que se ha colocado a la empresa nacional.

e) La explotación indeseable de mano de obra a causa del pago de bajos sala­rios y la contratación laboral por menos de tres meses.

f) La fuga de capitales hacia países desarrollados.

g) El deterioro ecológico que se expresa en deforesta­ción, conta­mi­nación, sobreexplotación del subsuelo y elimina­ción de especies de flora y fauna.

h) Los daños irreparables que se inflige a la vida de las personas, por la utiliza­ción de agroquímicos que han sido decla­rados nocivos para la salud por distintos organismos interna­cionales.

i) La imposición de una cultura que afecta las costumbres y valores de nuestros pueblos.

3. Asimismo, el auge del turismo ha producido una avalancha de inversionistas nacionales y extranjeros que han acaparado vastas áreas en diversas comunidades del país. Nos percata­mos de que la actividad turística es una de las principales fuentes de divisas; sin embargo, algunas consecuencias nega­tivas de esa actividad son el desplazamiento de la agricul­tu­ra y de la inversión nacional por la extranjera, y las transfor­maciones cultura­les, no siempre beneficio­sas, que cambian las formas de vida y las costum­bres de nuestros pueblos.

4. Los campesinos, así como los pequeños y medianos ganaderos, se están viendo forzados a vender sus tierras porque se enfrentan a situaciones insostenibles, como la imposi­bilidad de saldar sus préstamos, la inaccesibilidad a los insumos y herramientas, la presión de grandes empresas que los acorra­lan, y la desmotivación provocada, entre otros factores, por los bajos precios que reciben a cambio de su gran esfuerzo por producir. Es común encontrar en cual­quier sitio del país que los ac­tuales jornaleros eran, no hace mucho, dueños de esas tie­rras y fueron obligados por estas circuns­tancias a deshacer­se de sus propiedades, con­virtiéndose, de hecho, en esclavos de los nuevos inversionistas.

Otra consecuencia importante de la venta de las tierras se manifiesta en el nuevo comportamiento de algunos campesinos que, influidos por el consumismo, enajenan su voluntad en favor de una vida materialista que busca las satisfac­ciones inmedia­tas, des­lumbrados por el dinero que pueden recibir, descono­ciendo que el pago que reciben no es el justo, sobre todo porque no tienen una verdadera dimensión del valor del cambio de dólares a colones. Al final, estos campesinos se quedan sin su dinero y, lo que es peor, sin sus tierras.

5. Ante esta situación, la adjudicación de parcelas por parte del Instituto de Desarrollo Agrario constituye una oportu­nidad para los campesinos. No obstante, los intereses cre­diticios y el precio que deben pagar por ellas son altos en comparación con la capa­cidad de pago que poseen. Debido a ello, en muchas oca­siones los campesinos venden sus derechos y se retiran de sus actividades. Por otro lado, muchos de estos campesinos nos han mani­fes­tado reiteradamen­te que en diversas zonas del país algu­nas parce­las han sido adjudica­das a personas que no tienen verdadera necesidad de tierras.

6. Constatamos, por otra parte, la gran cantidad de conflictos agrarios que se están dando en diversas zonas del país. Hay personas y grupos organizados que luchan honesta y legítima­mente por poseer una parcela para el cul­tivo. Sin embargo, llamamos la atención a todos aquellos que utilizan las tomas de tierra como un negocio para vender las llamadas mejoras. Es lamentable que diversos conflictos agrarios hayan dado lugar a violencia y muerte de algunos campesinos. Aquí debemos mencionar el enorme peli­gro que significa la pre­sencia de policías privados en estos conflictos, y que ac­túan al margen de la ley, poniendo en riesgo la seguridad de las personas y el orden público.

7. Otro problema que nos han expuestso los campesinos y los pe­queños y medianos ganaderos es la existencia de muy pocas posibilidades de acceso al crédito, pues los entes finan­cieros les imponen requisitos que difícilmente pueden satis­facer. La poca agilidad en los trámites establecidos les ha­ce desistir de la gestión y abandonarse a su propia suer­te.

Los montos mínimos fijados para el otorgamiento de los cré­ditos y las altas e inestables tasas de interés imposibili­tan el uso de estos recursos, indis­pensables para que puedan producir. Hay, entonces, una gran distancia entre las polí­ticas crediticias aplicadas al agro y las necesida­des y posibilidades del pequeño y mediano propieta­rio de la tie­rra; es decir, estas medidas benefician sobre todo a la gran empresa agraria.

Los pequeños y medianos agricultores resienten la pérdida de incentivos crediticios, tales como mayor accesibilidad al finan­ciamien­to y período de gracia, y bajas tasas de inte­rés, que en el pasado les permitieron actuar como agentes primordiales del desa­rrollo productivo. En la actualidad sienten haber sido relegados a vivir una economía de subsis­tencia, pues, en definitiva, no existen ni planes ni meca­nis­mos adecuados a sus recursos y necesidades.

8. A lo anterior se suman los altos costos de producción de la agricultura, que no guardan correspondencia con los precios de la cosecha en el mercado. Muchas veces tales precios ni siquie­ra cubren el costo de los insumos, por lo cual algunos produc­to­res prefieren, incluso, perder la cosecha que reco­gerla, o aplicar menor cantidad de insumos en detrimento de la calidad del produc­to.

9. Las ferias de los agricultores fueron creadas con el loable propósito de darles oportunidad de vender sus pro­ductos a precios justos, en beneficio tanto del productor como del consumidor, mediante la supresión del interme­diario. Hoy, estas ferias se han convertido en plazas de comerciantes donde los intermediarios han desplazado a los agricultores, además de que se realizan en condiciones insalu­bres.

10. El pequeño productor es explotado por los comerciantes y los interme­diarios, quienes les imponen los precios de sus pro­ductos. En muchos casos, el precio convenido previamente para la compra de la cose­cha es violado y se les paga un importe infe­rior a la hora de recolectarla. El productor tiene que aceptar estas condi­cio­nes injustas o perder la venta de su cosecha, pues el precio no satisface sus nece­sidades sino a las circunstancias que impo­ne el interme­dia­rio o el mercado. Esta situación se agrava por el hecho de que, en su mayoría, los agri­cultores no están organiza­dos para co­mer­ciar sus productos, sobre todo para enfren­tarse al pro­blema de la fluctuación de los precios determinada por la llamada ley de la oferta y la deman­da.

11. En nuestro país se fomentó, a partir de los años cincuenta, una agroindustria que benefició al pequeño productor; sin embar­go, por falta de incentivos y de su inserción en el mercado internacional, su desarrollo se ha estancado. En los últi­mos años se han creado grandes empresas agroindus­triales que marginan de sus beneficios a los pequeños y medianos produc­tores.

El agricultor costarricense ha adquirido una valiosa expe­riencia en los cultivos tradicionales, pero esa experien­cia no ha tenido el respaldo de una tecnología apropiada, tanto para la pro­ducción como para el mercadeo. Con el nuevo modelo de desa­rro­llo, cuyas políticas prioritarias son el fomento de la pro­ducción de cultivos para la exportación, los paquetes tecnológicos aplicados no han sido los más aptos, pues no se han adecuado a las zonas geográficas ni a las condi­ciones socioeconómicas de los campesinos.

Históricamente, nuestro país ha venido perdiendo las tierras de vocación agrícola debido a la ausencia de planificación. Algunas de las tierras más fértiles han sido cu­biertas por moles de cemento tales como: urbanizaciones, hoteles, zonas francas y otras.

12. La carencia de medios de transporte para la producción y la falta de incenti­vos para establecerlos son otros de los in­conve­nien­tes que afectan a los campesinos, que se ven obli­gados a pagar fuer­tes sumas de dinero para el traslado de sus productos. En consecuencia, el costo final del producto se enca­rece, con lo cual se afecta también a los consumido­res.

13. Además, se debe tomar en cuenta la incertidumbre de muchas comunidades rurales por causa del deterioro y del esta­do de abandono de sus vías de acceso, lo cual dificulta el acarreo de la produc­ción.

14. De singular apreciación nos parece el costo de los abonos, plaguicidas, semillas y herramientas, que resultan ser dema­siado onerosos, accesibles solamente para las grandes empre­sas agríco­las, porque los pequeños y los medianos quedan en desven­taja.

15. Notamos que en algunas regiones del país la mano de obra para la agricultura es escasa y, aunque en otras exis­te, el pequeño y el mediano agricultor no cuentan con los recursos económicos suficientes para pagarla. Muchos son los casos en que se pagan salarios inferiores a lo estipulado por ley, debido a que los ingresos percibidos por la actividad no les permi­ten ofrecer mejor remuneración. Ambas partes resul­tan afec­tadas, pues el agricultor no puede mantener en con­dicio­nes óptimas sus cultivos ni el peón agrícola recibir lo mínimo para satisfacer sus propias necesidades ni las de su fami­lia, situa­ción que afecta por igual a nacionales e inmi­gran­tes.

Observamos, por otra parte la instalación de fábricas, espe­cial­mente de maquila, en algunas regiones agrícolas, que han visto disminuir paulatinamente la oferta de mano de obra, sobre todo en períodos de cosecha, debido a que dichos esta­bleci­mientos hacen creer que ofrecen mejores ingresos y estabili­dad laboral que las activida­des del campo.

16. Los últimos gobiernos le han dado prioridad a la agricultu­ra de exportación. Los campesinos han sido inducidos a cam­biar sus cultivos y, con ello, muchas de sus prácticas tradicio­nales, originando en la mayoría de los casos un deterioro de sus condicio­nes de vida. Movidos a sembrar productos que no estaban acostum­brados a cultivar, puesto que la siembra de cultivos tra­dicionales no era fi­nanciada, muchos agriculto­res corrieron el riesgo del cambio con fundamento únicamente de lo que recomendaban los téc­nicos.

Los resultados han sido desalentadores; aunque algunos lo­gra­ron salir adelante otros, desgraciadamente, perdieron sus cosechas o tuvieron que vender los productos a precios in­significantes. Las plagas y las enfermedades, las malas cose­chas, la falta de asesoramiento técnico y de acceso a los mer­cados in­ternaciona­les fueron, entre otras, causas de la pérdida parcial o total de los culti­vos. Esto, obviamen­te, provocó la acumulación de enormes deudas, que inclusi­ve les hi­cieron perder su patri­monio, logra­do con base en mu­chos años de esfuer­zo y de sacrificios.

Ni los técnicos ni las instituciones esta­tales se han hecho responsables de este fracaso y han dejado a los campesinos a merced de su propia suerte. Los campesinos no siempre pue­den lograr la calidad que se les exige para los productos de expor­tación, lo cual ha contri­buido a incrementar aún más las pér­di­das. Los pequeños agricul­tores tampo­co cuen­tan ni partici­pan de la infra­estructura, la tecno­logía y los cono­ci­mien­tos del mercado internacional nece­sarios para insertar sus actividades en este tipo de economía de exportación. Quedan, así, en total desventaja con respecto a los grandes pro­pietarios y expor­tadores, que sí poseen los medios y los recur­sos idóneos para ello.

17. Como hemos observado, la llamada "agricultura de cambio" no ha dado los resultados que los gobiernos esperaban. Frente a ella, los productos tradicionales tienen la ventaja de que, en su mayo­ría, le permiten al campesino cubrir parte de su dieta dia­ria; sin embargo, la producción para la venta ya no es renta­ble debido, entre otras cosas, a las fluctuacio­nes de precios en el merca­do in­ternacional y a la falta de protec­ción del Estado ante las importa­ciones de productos sub­vencio­nados provenientes de los países desarrolla­dos, lo que deja a los agri­cultores sin opciones confiables. Los productos tradi­ciona­les tam­bién están generando pérdidas y, por ello, muchos agricul­to­res han empezado a deshacerse de sus pro­pie­dades.

18. A fin de aminorar la mayoría de estos riesgos se establecie­ron los seguros para la producción agrícola. Hasta ahora esos seguros no han llegado a los pequeños agriculto­res, además de que no existe suficiente información sobre cómo acceder a ellos. La deficiencia y la corrupción frecuen­tes en dichos seguros han sido del dominio público; en gene­ral, los grandes productores sí han tenido acceso a esos benefi­cios, de tal manera que para ellos los riesgos climáticos y de plagas son menos graves.

19. Es lamentable constatar que en nuestro país es cada vez más frecuente encontrar severas manifestaciones del maltrato a que somete­mos el medio ambiente. Grandes extensiones de mono­cul­tivos con los que se sobreexplota la tierra, el uso desme­dido e incontrolado de agroquímicos, la destrucción de bosques para instalar extensas fincas y la falta de informa­ción y de forma­ción en materia ecológica, son algunas de las principa­les causas de que nuestro país se esté convirtiendo, ya no pau­lati­namente sino a pasos agigantados, en un gran de­sierto.

La deforestación es una de las manifestaciones del daño ambien­tal. La indiscriminada tala de bosques que realizan algunas compañías para establecer plantaciones o construir obras comerciales no sólo amenaza con provocar la escasez de agua, sino, además, la erosión y la esterilización de las tierras.

En cuanto concierne a la deforestación y, en general, al daño del medio ambiente, cabe añadir la tolerancia de cier­tas insti­tucio­nes gubernamentales y la descoordina­ción exis­tente entre estos entes, que permiten el acceso de compañías ex­plotadoras de nues­tros recursos a zonas protegi­das y a cuen­cas hidrográficas.

20. El mal uso que se está haciendo de los ríos en todo el país (grandes empresas que extraen materiales, su utiliza­ción como basureros, la pesca con venenos, la tala dentro de sus na­cientes y en las márgenes protegidas por ley, el em­pleo de agro­químicos en sus riberas, y otros) está provocan­do la desapa­rición de su fauna y la disminución sistemática de su caudal.

21. El uso desmedido de los agroquímicos ha ocasionado lesiones irreparables en muchos trabajadores agrícolas: esterili­za­ción, enfermedades gastrointestina­les, der­matoló­gicas, ocu­la­res, de las vías respiratorias y congénitas e, incluso, muer­tes; y en lo eco­lógico, la desa­parición pau­latina de flora y fauna.

22. No existe un programa estatal de información y dirección técnica que enseñe a los campesinos cómo utilizar los dese­chos y basuras generados por su actividad. Hay mucho des­perdicio de recursos, como los follajes y sobrantes de la producción agrícola, y contaminación a través de excretas y otros desechos animales.

Aunque existen opciones, como la utilización de plaguicidas y abonos orgánicos o naturales, muchas entidades gubernamen­tales y no gubernamentales no han puesto el suficiente inte­rés para pro­porcio­nar mayores facilidades en este sentido como, por ejem­plo, en capacitación, acceso a información o suministro de estos servicios.

Error! Bookmark not defined. ASPECTOS SOCIALES

Error! Bookmark not defined.1. Vivienda

23. Gran cantidad de familias del país no cuentan con una vi­vienda adecuada, y el hacinamiento se está convirtiendo en un problema cada vez más grave.

El acceso al financiamiento para la construcción de vi­vien­das es escaso y excluyente. Aunque hay familias que po­seen lote donde edificar su casa, no tienen re­cursos económicos o título de propiedad que les permitan hacer fren­te a esta necesidad. Debemos reconocer que los bonos de vi­vienda otorgados a muchos costarricenses han sido una ayuda funda­mental para que inicien la construc­ción de su casa; sin embargo, por ser insuficiente, deberían existir facili­dades de finan­cia­miento complementarias que permitan adqui­rir la totalidad de los mate­riales necesarios para concluir sus obras de construcción de sus viviendas.

Error! Bookmark not defined.2. Salud

24. Constatamos cotidianamente la mala calidad del servicio pres­tado por las instituciones públicas de salud: el mal trato a los pacientes, la lentitud de los trámites, las citas a largo plazo, el irrespeto de los horarios, los cupos preesta­blecidos y el cobro ilegal de servicios médicos son, entre otras, lacras que atentan contra el derecho de los habitantes a la salud.

De igual forma apreciamos que muchas familias no están pro­tegidas por el seguro social porque no pueden pagar las cuotas, porque no hay suficiente formación acerca de su necesidad, porque no tienen trabajo que les permita hacerlo, porque hay deficiente cobertura regional y porque no hay obligatoriedad para la cotización del campesino, a todo lo cual se agrega la falta de sustento económico para la uni­versalización práctica de la seguridad social.

Por otro lado, es preocupante señalar que muchas comunida­des no cuentan con centros de salud, o éstos se encuentran dema­siado lejos de los hogares. Además, en algunos sitios no hay sufi­ciente personal médico para atender a la po­bla­ción demandan­te; otros carecen del equipo técnico indis­pen­sa­ble para ofrecer mejor atención a los pacientes y, por si fuera poco, también hay esca­sez de medicamentos.

Error! Bookmark not defined.3. Educación

25. No existe en Costa Rica un modelo educativo claro, que tome en cuenta las diferencias regionales y culturales del país. La infraestructura educativa, sobre todo del área rural, se encuentra en muy malas condiciones: la falta de educadores, de aulas, de pupi­tres, de pizarrones, de bibliotecas y de otros elementos esencia­les para la enseñanza impiden, con frecuencia, el desa­rrollo educativo en muchas poblaciones.

El problema educacional se agrava debido a que son numero­sas las familias que no pueden hacerle frente al elevado costo de los materiales didácticos, del vestido, del trans­porte e, incluso, de cuotas especiales que exigen algunos cen­tros edu­cati­vos. Por ello, nos enfrentamos al fenómeno de la deser­ción estudian­til, pues para la familia es priori­tario ase­gurar la ali­mentación por encima de la educación de los hijos, y el modelo educa­tivo no siempre se adapta a la rea­lidad de cada región.

Constatamos también el problema de la contratación inadecua­da, por parte del Estado, de maestros y profesores que, ante la escasez de personal en este campo, fueron formados, en muchos casos, deficientemente. A esto se agrega la situa­ción en que se encuentran aquellos profesionales que, con una formación adecua­da, no logran aplicar sus conocimientos dado el desfase en que se encuentran los programas educati­vos actuales que deben seguir.

Error! Bookmark not defined.4. Alimentación

26. Nuestras familias se enfrentan actualmente a la grave situa­ción de que el costo de la alimentación es cada día más alto, cada vez más raquí­tica y de mala calidad. El campesi­no y el jornalero no reciben ingresos acordes con el costo de los alimentos bási­cos.

Es conocido el hecho de que el ingreso económico de muchos campesinos no llega siquiera al mínimo necesario. Fami­lias de 12 y hasta más miembros, cuyo único ingreso es el jornal o la venta estacional de sus cosechas, no pueden satisfacer los reque­rimien­tos de una dieta adecuada.

Error! Bookmark not defined.5. Familia

27. Nos causa mucha tristeza advertir que las familias campe­sinas no escapan a la problemática social, y que dentro del núcleo familiar nos encontramos situaciones de incomunica­ción, incom­pren­sión, desintegración, irrespeto, machismo, agresión y mal­trato a niños y mujeres, y muchas otras difi­cultades. Algu­nas causas de ello son la falta de formación de los padres, la crisis económi­ca, la migración debida a la búsqueda de fuen­tes de trabajo, la influencia de los medios de infor­mación masiva y la necesidad que tienen ambos padres de trabajar, entre otros factores.

La crisis social, económica y política ha generado una pér­dida de valores morales y cristianos, e incide en el dete­rioro de la identidad familiar.

La falta de empleo en el campo y el hecho de que la mujer se vea obligada a trasladarse a la ciudad en busca de trabajo, han dado orige­n a que muchas de ellas sean explotadas labo­ralmen­te, algu­nas de las cuales llegan a prostituirse.

Error! Bookmark not defined.6. Migración del campo a la ciudad

28. Con el auge del proceso de industrialización nuestro país se vio afectado por la migración del campo a la ciudad, proble­ma que se ha agudizado por las migraciones extranjeras y por las nuevas políticas agrarias; esto ha provocado el creci­miento de los anillos periféricos de miseria en las ciuda­des, sin que hasta el mo­mento haya una respuesta adecuada a este fenó­me­no.

Error! Bookmark not defined.7. Otros problemas fácilmente constatables son:

29. a) El restringido acceso al agua potable en algunas regio­nes del país, debido a su escasez, a la contaminación existente o por el mal estado de las cañerías.

b) El alto costo de la electricidad, en los lugares donde existe este servicio.

c) La falta de programas de letrinización en muchas pobla­cio­nes.

d) El mal estado de los caminos vecinales y la escasez de maqui­naria requerida para repararlos.

e) La inexistencia de telefonía pública y la mala adminis­tra­ción de algunos de estos servicios.

f) La seguridad de los ciudadanos se ve afectada por la escasez de formación civilista para los efectivos poli­cia­les, y por la corrupción de algunos integranes de la Fuerza Pública.

g) La carencia de centros de recreación para los niños, los jóve­nes y la familia en general.

h) También nos preocupa sobremanera el hecho de que en ciertas re­giones rurales existan elevados índices de alcoho­lismo, prostitución y drogadicción.

Error! Bookmark not defined. ASPECTOS POLITICOS

30. Con mucho dolor advertimos que las políticas estatales de los últimos años en torno al sector agropecuario han provo­cado una serie de problemas, cuyas manifestaciones más evi­dentes son la sistemática desaparición de los pequeños y medianos productores, la concentración de la tierra para dedicarla a monocultivos, la centralización de la riqueza, la amenaza de una crisis ali­menta­ria, la destrucción del medio ambiente, la inestabilidad social y menores posibili­dades de desarrollo integral para el indivi­duo y la so­cie­dad.

La información referente a los programas de ajuste estructu­ral, sus consecuencias y las subsecuentes medidas de priva­tiza­ción y liberalización de la economía no llega a la mayo­ría de la pobla­ción, que en última instancia es a quien afecta direc­tamen­te.

31. Hasta nosotros llega el clamor de nuestros hermanos campesi­nos, que perciben las políticas estatales hacia ellos como poco concretas, muchas veces descoordinadas y hasta equivo­cadas. Siempre hemos escuchado de los políticos que la cultu­ra y la actividad campesinas son la base de la idiosin­crasia costarri­cense, pero los gobiernos no siempre apoyan a todos ellos con igualdad de trato ni de condiciones, y el peque­ño produc­tor está a punto de desaparecer, en beneficio de los terra­te­nientes que acaparan no sólo la tierra sino, además, los cré­ditos, la tecnología y los mercados.

En el caso de los campesinos, se observa que estos aún no se en­cuen­tran lo suficientemente organizados como para hacerles frente a las grandes dificultades que les aquejan. Sin embargo, recono­cemos la existencia de varias agrupaciones agra­rias que han logrado promover a una gran masa campesina, alcan­zando una serie de logros para mejorar sus condiciones.

Error! Bookmark not defined.II. SITUACION DE LAS COMUNIDADES INDIGENAS

32. Siempre ha existido en Costa Rica el mito de que no hay pobla­ción indígena, de que nuestro país está habitado única­mente por blancos. Esto ha provocado la marginación de los pobladores indígenas en todos los ámbitos: cultural, econó­mi­co, político, social y legal.

Sin embargo, tenemos que aceptar que la sociedad costarri­cense tiene sus raíces históricas más profundas en el legado cultural de los diversos pueblos indígenas que han vivido en esta región, el cual se manifiesta en nuestros rasgos físi­cos, costumbres, formas lingüísticas y la manera de ser y de ver el mundo.

33. Frente a la sociedad occidentalizada marcada por el frenesí del tecnicismo, la producción en gran escala, el consumismo y la uniformidad cultural, los pueblos indios han logrado sobrevivir gracias a los valores heredados por sus mayores, a su lucha de resistencia, a su capacidad de adaptarse a las situaciones adversas, a su visión del mundo que inte­gra lo humano y lo sacro, a sus prácticas y ritos reli­gio­sos, al hecho de mantener viva su lengua y a su relación armo­niosa con la naturaleza.

34. Se estima que la actual población indígena de Costa Rica es de 30 mil personas, distribuidas en 8 pueblos: Cabéca­res, Bribris, Guaymíes, Térrabas, Bruncas o Borucas, Malekus o Guatusos, Huetares y Chorotegas. Estos pueblos están asen­tados en territorios denominados por la Ley Indí­gena como reservas, de las cuales se han creado veintidos.

Error! Bookmark not defined. ASPECTOS ECONOMICOS

Error! Bookmark not defined.1. Tierra y producción

35. Diversos gobier­nos en Costa Rica han provisto, por ley, extensiones de tierra a los indígenas. Empero, nuestros hermanos nos expo­nen que sus tierras son constantemente invadidas por perso­nas ajenas a su etnia.

Al revelarnos sus angustias, los pueblos indígenas denuncian que, hasta el momento, el Estado no ha hecho lo que le co­rres­ponde a fin de que se respeten y desarrollen con digni­dad sus territo­rios.

Uno de los mayores problemas de los indígenas es que no tienen acceso a los créditos para la producción, pues en su mayoría no poseen título de propiedad de sus tierras que les respalde.

El artículo 3º de la Ley Indígena 6172, de 29 de noviem­bre de 1977, reconoce la venta de las tierras de la Re­serva solamente entre indígenas. Esto ha derivado en que algunas fami­lias que han acumu­lado algún capi­tal empie­cen a comprar fincas a otras, pro­ducién­dose peque­ñas concen­tracio­nes de tierras.

En la recuperación de tierras por parte del Estado no se ha consultado a las comunidades, lo cual se presta fácilmente para la manipulación familiar e ideológica; tam­poco se han tomado en cuenta los criterios comunitarios para la distri­bución de esas tierras.

Error! Bookmark not defined.2. Ayuda económica

36. Según manifiestan los mismos indígenas, es preocupante que los préstamos, donaciones y otras ayudas proporcionadas por algunos países para el desarrollo de sus comunidades tiendan a agotarse en gastos administrativos y burocráticos de las instituciones estatales, y no lleguen efec­tivamente a sus destinatarios; además, fondos tramitados por medio de cier­tas organizaciones no gubernamentales para el msmo fin tampoco logran llegar adecuadamente a los benefi­ciarios.

Error! Bookmark not defined.3. Proyectos de minería y represas en las reservas

37. Existe la posibilidad de que se pongan en marcha algunos proyec­tos como el de la represa hidroeléctrica de Boruca y los de explotación minera y exploración petrolera en Tala­manca, que afectarían directamente las zonas indígenas.

Actualmente, el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) realiza estudios preliminares para la construcción de pro­yec­tos en el fértil valle de Talamanca, en donde vive la mayo­ría de los habitantes de esa reserva. Con este proyecto las poblaciones tendrían que emigrar de sus fincas y casas porque quedarían cubiertas por las aguas de las represas.

Otros proyectos similares son el de Boyei, en el río Chirri­pó, y el proyecto del río Pacuare (en construcción), en que cientos de hectáreas de terreno queda­rán bajo el nivel del agua.

Varias compañías mineras extranjeras y nacionales tienen puestos sus intereses económicos en la exploración y explo­tación minera en los territorios indígenas. Todos estos proyectos amenazan con despojar a estos pueblos de la fuerza que los cohesiona y que alimenta su identidad: la madre tierra.

En todos estos proyectos es necesario que se hagan estudios serios y profundos, que den las pautas para alcanzar un ver­dadero desarrollo respetuoso de la naturaleza y de la vida de los pueblos.

Error! Bookmark not defined. ASPECTOS SOCIALES

Error! Bookmark not defined.1. Vivienda

38. La negación del derecho a una vivienda digna en las comuni­dades indígenas es algo que crece día con día. A los habi­tantes de esas comunidades les es difícil, inclusive, conse­guir la materia prima natu­ral para construir sus casas, ingresar los materiales y acceder a los bancos y al finan­ciamiento mismo.

Además, las instituciones encargadas no realizan estudios adecuados a la satisfacción de las necesidades de vivienda de la población indígena, en el sentido de respetar su forma de vida y su valoración del espacio habitacional, por lo que se cae en una estandarización del estilo de vida del blanco que atropella su dignidad.

Error! Bookmark not defined.2. Salud

39. Hemos venido observando en el país, y de manera acentuada en las zonas indígenas, un deterioro de las condiciones de salud de la población costarricense, manifiesta, por ejem­plo, en la reaparición de enfermedades que habían sido erra­dica­das del territorio nacional.

Con los esporádicos servicios que en el campo de la salud prestan las instituciones estatales encargadas, se va provo­cando debi­litamiento progresivo de la medicina an­cestral del JAWA o AWA, que son los espe­cialistas en las comunidades indíge­nas. La medicina occiden­tal no ha entabla­do un diálogo con los médi­cos in­dígenas a fin de utilizar los conocimien­tos de la medicina botánica que estos po­seen.

Error! Bookmark not defined.3. Educación

40. Mención especial merece la situación educativa en las zonas indígenas, donde el modelo actual de educación ha venido a reem­plazar las costumbres, la historia y la cultura de pue­blos mile­narios cuya riqueza es por todos conocida. Los problemas van desde discrimi­na­ción en el aula y maestros poco instrui­dos, hasta la falta de voluntad política para que el Depar­tamento de Educación Indígena del Ministerio de Educación Pública fun­cione adecuadamente.

Por otro lado, existen escuelas en las cuales no se nombra maestro, a pesar de la insistencia de las comunidades en soli­citarlo.

41. La educación estatal que se implementa en las comunidades indígenas no parte de las actuales necesidades, y menos de la memoria histórica, de la cosmovisión propia, de las for­mas tradicionales de enseñar y ni siquiera de su propia lengua. Las escuelas son los principales centros acultura­do­res y transmisores de una cultura ajena a la población.

En el sistema educativo costarricense no se ha contemplado debidamente el aporte que los pueblos indígenas, con sus valores y tradiciones, pueden ofrecer al resto de la pobla­ción; en vez de ello, se ha mirado a la cultura indígena como algo del pasado, como si no existiera.

Error! Bookmark not defined.4. Cultura y religión

42. Toda la riqueza histórica de las culturas autóctonas de Costa Rica se ha ido destruyendo sistemáticamente por fac­tores exter­nos (como los resabios de la Conquista) e inter­nos (abandono político, económico y social), como quien quema las semillas, para ejercer sobre estos pueblos una marginación, proceso que aún hoy no termina, que revis­te otras formas de muerte, como por ejemplo el narcotráfico y el fanatismo religioso.

43. La agresión de las sectas fundamentalistas es un certero golpe a la cosmovisión religiosa indígena; estas sectas ejercen su proselitismo en especial entre la población jo­ven, que es más vul­nerable a los cambios. Por otro lado, reconocemos que la Iglesia Católica dio, durante muchos años, una acep­table aten­ción pastoral a los indígenas; no obstante, hoy hacemos es­fuerzos para realizar una labor que responda a las inquietudes y aspiraciones del pueblo indíge­na.

Error! Bookmark not defined.5. Narcotráfico

44. Bandas de narcotraficantes, en su afán de ganar dinero rápi­damen­te, utilizan y maltratan a los indígenas; algu­nos de estos han sido conducidos a este ilíci­to negocio debido, entre otras razones, a sus bajos ingresos y a su pobreza; además, sufren el acoso policial y la represión que ejercen las bandas de narcotraficantes.

45. El narcotráfico ha trasladado sus cultivos y el trasiego de ma­rihuana a las regiones de Telire, Tainí, Talamanca y Chi­rri­pó de la zona atlántica, sembrando con ello temor e inse­guri­dad en los habitantes, y asesinando a un número signifi­cativo de indígenas.

Error! Bookmark not defined.6. Turismo

46. El ecoturismo ha extendido sus áreas de interés a los te­rri­torios indios; no solamente las montañas y los ríos son objetos de explotación, sino también las personas son utili­zadas como piezas arqueológicas que se han de admirar y explotar. Todo esto ha venido a intensi­fi­car la acultu­ra­ción, flagelando así a las comunidades en sus valores pro­pios y auténticos.

Error! Bookmark not defined.7. Derechos humanos

47. Los pueblos indios de Costa Rica cuentan con dos instrumen­tos jurídicos muy importantes para la defensa de los dere­chos humanos, a saber:

a) Ley Indígena Nº 6172 de 29 de Noviembre de 1977.

b) El Convenio 169 de la Organización Internacional del Traba­jo (Ley Nº 7316 de 3 de noviembre de 1992).

La mayoría de los indígenas desconocen las leyes que garan­tizan su vivencia plena, ya que las instituciones que debe­rían difundirlas no lo hacen con la necesa­ria eficacia y energía.

Error! Bookmark not defined.8. Familia

48. La familia es el lugar más importante en donde se transmite la herencia histórica de los mayores. Es una escuela domés­tica en donde los padres y los abuelos enseñan las historias a sus hijos, los cuentos y los mitos que reflejan su forma par­ti­cular de sentir, ver y relacionarse con la naturaleza, con las personas y con Dios.

En el seno del hogar comparten y celebran festivamente los ritos que dan sentido a la vida, a la muer­te, a los cultivos y a las cosechas.

Las comunidades tienen sus propios servidores especializados para la celebración de sus ritos religiosos en los momen­tos y espa­cios especiales de la vida.

La familia, núcleo vital de la tradición histórica de su identi­dad cultural y religiosa, es atacada hoy por ele­mentos aculturadores que han puesto sus tiendas entre ellos, y por los embates de la economía de mercado que predomina en el país. El modelo macroeconómi­co actual se abre campo entre los niños y los jóve­nes, alimentan­do divisiones entre los mode­los actuales y el legado cultu­ral de los abuelos.

Error! Bookmark not defined. ASPECTOS POLITICOS

49. A través de los años advertimos cómo se hacen promesas de campaña que luego no son cumpli­das, de tal mane­ra que quie­nes rigen los desti­nos del país van per­diendo paulatinamente su credibilidad ante el pueblo. A tal punto llegan esta desconfianza y esta frus­tración, que muchos indí­genas sien­ten que para ellos no exis­te ninguna posibilidad de partici­par en la vida política nacional.

50. Las comunidades indígenas nos manifiestan continuamente que se sienten marginadas de participar activamente en la cons­truc­ción de su propia vida social, pues en algunas ocasiones les son im­puestos procesos que irrespetan su identidad cul­tural. Los orga­nismos encargados de velar por el desarrollo integral de estos pueblos y de ejecutar programas concretos en ese sentido, muchas veces excluyen la participación del indígena en todos los asuntos políticos, sociales y económi­cos a que tienen derecho como ciuda­danos. Por tanto, sus opiniones no son escuchadas ni tomadas en cuenta a la hora de formular leyes y planes en que ellos están directamente involucrados.

51. Los Gobiernos han carecido de voluntad polí­tica para hacer cumplir la tutela de los derechos que la Ley Indígena y el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo les confieren a los pue­blos indios de Costa Rica.

52. Existen algunas instituciones, clubes, organizaciones no gubernamentales, iglesias, asociaciones y grupos privados proindigenistas que, sin tener un conoci­miento real de las comunidades, de su cosmo­visión, de sus prácticas culturales y de su derecho a la autodeterminación, se acercan a ellas de buena voluntad para realizar acciones que resultan pater­nalistas y asistencia­listas, y que, a su vez, son dirigi­das desde afuera. Estas ac­ciones están provocando grietas irre­parables en los valores tradicionales y en los hábitos comuni­tarios heredados de la sabiduría de los mayo­res.

53. La Comisión Nacional de Asuntos Indígenas (CONAI), ente esta­tal para la tutela de los pueblos indios de Costa Rica, no ha funcionado a partir de la realidad y de las necesida­des de las diversas comunidades indígenas; el derecho que los pue­blos indígenas tienen a su autode­termina­ción no ha sido respeta­do, sino que se ha seguido una línea con­serva­cio­nis­ta, pa­ternalis­ta e integracionis­ta, para lo cual se ha uti­lizado a algunas asociaciones de desa­rrollo inte­gral que se prestan para servir intereses extra­ños a su pueblo.

54. Con gran alegría miramos que los indígenas han ido orga­ni­zándose para afrontar sus problemas particulares, especial­mente el de usurpación de tierras por parte de foráneos.

En medio de esta realidad demoledora de culturas pasadas, las raíces de estos pueblos están vivas, poseen la riqueza de su cosmovisión histórica y la fuerza de sus mitos; desde allí, las comunidades recuperan su memoria y su identidad y reinventan nuevos instrumentos de resistencia y de lucha para seguir viviendo y cre­ciendo como pueblos distin­tos en una sociedad homoge­nizadora.

SEGUNDA PARTE

Y DIOS NOS DIO LA TIERRA...

Error! Bookmark not defined.I. Y DIOS NOS DIO LA TIERRA...

55. "En el principio creó Dios el cielo y la tierra..." y vio que "todo era muy bueno". Así, la tierra se presenta a nues­tros ojos como regalo para nuestro bien, precisamente como nuestro hogar.

Ahora bien, al ser la tierra obra de Dios es, pues, "sagra­da"; pero también, por haber sido creada para nosotros, es "nuestra", porque la hemos recibido y la vamos a entre­gar a las nuevas generaciones como herencia. Esto cons­tituye la pri­mera alianza de Dios con nosotros.

Por eso, al igual que la madre que hace crecer al hijo en sus entrañas, y lo alimenta luego de la abundancia de sus pe­chos, la tierra cuida de nosotros y nos protege, nos da el alimento y se nos entrega para que vivamos de ella y con ella.

56. El hombre y la mujer, por haber sido constituidos como co­creadores de la tierra y responsables de su conservación (cfr. Gn 1, 26-29), están llamados a transformarla y ser­vir­se de sus bienes con su trabajo, en beneficio de todos (cfr. G.S. 89, 1). El agricultor siente una gran dicha cuando llega el tiem­po de la siembra, después de haber pre­parado los terrenos y rega­do en los surcos la semilla, espe­ranza de su bienestar y el de su familia.

De esta manera, la siembra se convierte en la esperanza abierta a formas de trabajo organizado y cooperativo, que garanti­cen mejores técnicas agrícolas y una capacitación acorde con la realidad costa­rricense.

Para el campesino e indígena la siembra es, entonces, el grano que muere para alcan­zar nueva vida y dar frutos en abundan­cia.

57. Pero la tierra puede cansarse, desgastar­se e incluso morir, si el uso que hacemos de ella se cambia en abuso desmedido de sus capacidades. Tal riesgo y tal respon­sabilidad deben exhor­tarnos permanentemente a amarla, cuidar­la, conservarla y defenderla para continuar recibiendo sus beneficios, una tarea en la que debemos par­ticipar todos.

58. La tierra tiene un valor fundamental en la identidad cultu­ral propia de los campesinos y de los indígenas, ya que de la tie­rra depende su vida. En las actuales condiciones, estos hermanos nuestros viven únicamente de su esperanza por sem­brar, puesto que en ello entra en juego su futuro y el de su familia.

59. Lo dicho nos obliga a pensar que si la tierra está en manos de unos pocos, costarricenses o no, impide el que todos los hijos tengamos acceso a esta madre en igualdad de condicio­nes. Esto nos hace reconocer, antes de universalizar la responsabili­dad de todos frente a la tierra, la urgencia de que esa tierra sea de los más pobres y, con ello, la urgen­cia de una reforma agraria que permita un acceso más equita­tivo de la mayoría a los bienes que Dios nos ha dado.

En este sentido, la Iglesia reconoce el derecho a la propie­dad privada, la cual, "..adquirida por el trabajo, o recibi­da de otro por herencia o por regalo, no anula la donación original de la tierra al conjunto de la humanidad". (Cate­cismo de la Igle­sia Católica Nº 2.403; cfr. R.N. 7).

60. Cuando decíamos que la persona humana es cocreadora con Dios, entendemos que esta actividad sólo es posible mediante el trabajo (cfr. L.E. 12). Así en el traba­jo de la tierra, todo ser humano se descubre como imagen y semejanza de El, encontrando su digni­dad como hombre y mujer y experimentán­dose como el único sujeto capaz de transformar los bienes de la tierra. De esta manera, el trabajo se convierte en el derecho que todos tenemos a cultivar­la, y es un deber servir por medio de ese derecho a Dios en el servicio a los otros.

61. Para que esto se realice necesitamos una economía más humana y solidaria, la conservación de las formas de trabajo comu­nita­rio, el reconocimiento justo al trabajo familiar, a oportunidades de trabajo y a condiciones laborales no escla­vi­zantes.

Estas inquietudes se manifiestan en la invitación que el actual Pontífice nos hace: "En efecto, el principal recurso del hombre es, junto con la tierra, el hombre mismo. Es su inteligen­cia la que descubre las potencialidades productivas de la tierra y las múltiples modalidades con que se pueden satisfacer las necesidades humanas. Es su trabajo discipli­nado, en solidaria colaboración, el que permite la creación de comunidades de traba­jo cada vez más amplias y seguras para llevar a cabo la transfor­mación del ambiente natural y la del mismo ambiente humano" (C.A. 32)

62. Para hacer más productivo el trabajo humano se requieren de los medios de producción, que no son fines en sí mismos sino, como dice la Palabra, un instrumento.

Su Santidad Juan Pablo II reconoce que hay muchos que no dispo­nen de medios de producción, ni de los conocimientos que les ayuden a expresar su creatividad y desarrollar sus capacidades. Es de esta manera como los campesinos e indíge­nas se sienten impoten­tes para resistir la competencia pro­ducida con métodos nuevos y que satisfacen necesidades que anteriormente ellos so­lían afrontar con sus formas organiza­tivas tradicionales. Ofusca­dos por el esplendor de una os­tentosa opulencia inalcan­zable para ellos y coartados, a su vez, por la necesidad, pasan a formar verdaderas aglomera­ciones en las ciudades, donde a menudo se ven desarraigados culturalmente, en medio de situaciones de violencia y sin posibilidad de integración (cfr. C.A. 33).

63. El uso de los medios de producción debe estar sometido a vínculos sociales: "los bienes no están determinados por Dios para guardarse inútilmente, sin usar ni producir, para que unos pocos se enriquezcan, sino para cubrir las necesi­dades vitales de todos".

64. En este proceso de transformación de la tierra, mediante nues­tro trabajo que la hace producir, es necesaria una dis­tribu­ción que permita alcanzar beneficios; todo esto se logra mediante la venta en el mercado. El merca­do es la oportunidad para vivir la solidaridad de todos, que per­mita elevar el nivel de vida de los campesinos e indíge­nas, para que puedan tener una vida más digna, más humana y más cris­tiana

Sin embargo, el mercado se encuentra en manos de unos pocos mayoristas, industriales y políticos; además, existen nume­rosas necesidades humanas que no tienen salida en el merca­do. Y es un estricto deber de justicia y de verdad impedir que estas necesidades humanas funda­mentales queden sin sa­tisfacción (cfr. C.A. 34). Por eso, es importante, urgente y necesaria una transforma­ción que facilite la estabilidad y la mejora de los precios, así como mayo­res oportuni­dades para todos (cfr. M.M. 137).

65. En este sentido, es bueno recordar que el Estado debe estar al servicio del bien común, pero con responsabilidad espe­cial de velar por los más pobres; debe, además, ser un ente regulador del mercado, de tal manera que haya justicia tanto para el produc­tor que saca los frutos de la tierra para la venta, como para el con­sumidor que compra esos productos. Por eso, en la plani­fica­ción del agro, el Estado debe tener en cuenta el desa­rrollo integral de cada persona, y está obligado a velar siempre por los intereses nacionales por encima de los inte­reses extran­jeros o de grupos particulares (cfr. Q.A. 49; C.A. 40). A tal punto llega el deber del Estado que Pablo VI, en su visión de una necesaria re­forma agraria, manifestaba:

"El bien común exige, en ocasiones, la expropiación de tie­rras cuando debido a sus dimensiones, su escaso o nulo apro­ve­chamien­to, ocasionen la miseria de la pobla­ción, debido a algún daño considerable que sufren los intereses del país, y obstaculi­zan el bien común (P.P. 24)([4]).

De esta forma, el Estado participa en la transformación de la sociedad de acuerdo con los valores del Evangelio, sin per­der de vista que los grupos intermedios también son suje­tos de su propio desarrollo. Esto permite dejar de lado la vi­sión de un Estado benefactor, paternalista y asistencia­lis­ta, para encaminarnos hacia un Estado que reconoce la capa­cidad de animación y la respon­sabilidad de las personas, las fami­lias, los grupos y las comunidades, y que, a la vez, par­ticipa activa­mente en la promoción y el desarrollo cuan­do así conviene al bien común de la sociedad([5]).

66. Dios nos dio la tierra para conservarla y no para destruir­la; nos la dio para que, en convivencia con ella, todos nos desa­rro­lle­mos y la pongamos a producir. Por eso debemos detenernos a reflexionar y rectificar, por medio de una acti­tud crítica, a fin de hacer uso adecuado de toda la Creación. A partir de aquí, debe buscar­se una ética ecológi­ca que impli­que el abandono de una moral utilitarista e individua­lista (cfr. C.A. 38; S.D. 169).

No vivir esta ética ecológica ha traído diferentes con­se­cuencias. En el caso de Costa Rica, algunas de ellas son: la emigración forzada del campo hacia la ciudad (uno de cuyos efectos es la desintegración familiar); la conta­mina­ción ambien­tal; la destrucción de la tierra cultivable; la deforesta­ción de montañas, cuencas hidrográficas y márge­nes de ríos; la elimina­ción de especies de flora y fauna; y, en el ámbito mundial, la destruc­ción de la capa de ozono; la impo­sición por parte de los países del primer mundo de la co­rriente del desarrollo sosteni­ble; y el uso de químicos nocivos.

67. Por lo contrario, la vivencia de la ética ecológica signifi­ca:

a) El amor a la naturaleza y a los seres humanos.

b) Una reconciliación con lo creado y con las personas entre sí, camino de justicia y de paz, para alcanzar una verdade­ra ecología humana (cfr. C.A. 38).

c) Aprender de los campesinos y de los indígenas a tener una estre­cha relación con la Creación; a apreciar el valor de la naturale­za, a ser comunidades solidarias para compartir los tra­bajos, lo que permite mayor so­briedad y sabiduría en el uso y conserva­ción de la naturaleza como ambiente de vida para todos.

d) Tener una espiritualidad que recupere el encuentro con Dios a través de lo creado.

68. Nosotros, los Obispos, haciéndonos eco de la Doctrina Social de la Iglesia, recordamos que la Creación ha sido dada al hom­bre y a la mujer, para que por medio de su trabajo ellos la enri­quezcan y la hagan crecer. Para esto es necesa­ria la solidaridad de todos que permita la participación equita­tiva en el disfrute de los bienes universales, y que el Estado intervenga para promover y garantizar el bien común mediante el principio de subsidiaridad.

Error! Bookmark not defined.II. DERECHOS DE LOS CAMPESINOS Y LOS INDIGENAS

69. El campesino y el indígena tienen derechos inviolables e ina­lienables que son la consecuencia natural de su dimensión perso­nal y de su dignidad humana. Esta realidad se fundamen­ta en que es imagen y semejanza de Dios y en que se hermana con la Creación por medio del trabajo.

De esta manera, el campesino y el indígena deben ser respe­ta­dos en su dignidad y son, por tanto, sujetos de dere­chos y deberes que les permitan pasar de condiciones menos humanas a condiciones más humanas (cfr. P.T. 11-27; P.P. 20- 21).

a) Los campesinos y los indígenas tienen, por naturaleza, el dere­cho de usar los bienes materiales de la tierra. (cfr. Pío XII, Radiomensaje del 1º de junio de 1951).

b) El hombre y la mujer campesinos e indígenas tienen dere­cho a una vida digna, lo cual implica: derecho al alimento, al ves­tido, a la vivienda, a la libre elec­ción de sus gobernantes, a fundar una familia, a la educación, al trabajo, a la salud, a la buena fama, al respeto, a una adecuada información, a obrar de acuerdo con la norma recta de su conciencia, a la protección de la vida privada y a la justa libertad en materia reli­giosa (cfr. G.S. 23-32; D.P. 1272).

c) Derecho de que el Estado, velando por el bien común, cuide de su prosperidad, con la práctica de la justicia y del amparo al más débil e indefenso (cfr. R.N. 27); a la convivencia pacífica, a la seguridad y a la promo­ción de la Caridad Universal para crear un mundo más humano (cfr. D.P. 1271, 1279, 1292).

d) Derecho a un trabajo tal que permita al hombre, la mujer y su familia una vida plena. Esto es: condiciones laborales adecua­das, una tierra que pueda cultivar, a participar activamen­te en la definición de políticas agrarias y en los procesos de produc­ción y comerciali­zación (cfr. L.E 15.19; R.N 1; Pío XII, Discurso del 13 de junio de 1943, Nº 687).

e) La mujer campesina y la indígena tienen igual dignidad y responsabilidad que el hombre y, por lo tanto, tienen derecho a acceder a las diversas funciones públicas en la sociedad, espe­cialmente en nuestras comunidades rurales; a que se respete su dignidad; a satisfacer sus legítimas aspiraciones; y el acceso a la verdad, reco­nociendo su libertad personal.

f) El derecho a un salario justo, que sea suficiente para poder mantener la familia y a la vez permita al tra­bajador tener sus ahorros para ir alcanzando una vida cada vez más digna y más humana; porque el salario justo es re­clama­do sencillamente por el derecho a la vida, que nace de Dios (cfr. L.E. 19). Por tanto, ha de retribuirse a todo trabajador agrícola con un sala­rio establecido conforme a las normas de la justicia (cfr. P.T. 20). De tal mane­ra que "no es lícito abando­nar completamente la determinación del salario a la libre competencia del mercado, así tampoco es lícito que su fijación quede al arbitrio de los poderosos, sino que en esta materia deben guardarse a toda costa las normas de la justi­cia y de la equidad" (M.M. 71). (cfr. R.N. 29; Q.A. 71. 72. 74; L.E. 19). Y esto se debe evidenciar sobre todo en las estruc­turas jurídi­cas, en el salario legal, en los servicios y presta­ciones sociales en caso de enferme­dad, desempleo y otros; en la protec­ción de categorías particulares de personas: la mujer (L.E. 19); el campe­sino (L.E. 21); los minusválidos (L.E. 22); los emi­gran­tes (L.E. 23).

g) El derecho a prestaciones sociales, que significan: asegu­rar la vida, su salud y la de su familia (Seguro Social), espe­cialmente los gastos en caso de accidentes de trabajo; seguro de invalidez, vejez y muerte; y que la cesantía pase a convertirse de una expectativa de derecho a un derecho real a la brevedad posible (cfr. L.E 19; M.M. 135. 136; P.T. 11).

h) El derecho a la libre asociación, esto es, a formar grupos o uniones que tengan como finalidad la defensa y promoción de los derechos vitales de los campesinos y los indígenas (cfr. M.M. 30; L.E. 20).

TERCERA PARTE

LA PALABRA SE HACE VIDA...

Error! Bookmark not defined.I. DEBERES DEL ESTADO Y SUS INSTITUCIONES

70. La Iglesia costarricense, acogiendo las orientaciones del Magisterio Social, y ante las políticas estatales orientadas a favorecer a las grandes empresas, responde al clamor de los cam­pesinos y los indígenas, se solidariza con ellos y le re­cuerda al Estado su función de garantizar el bien común de toda la socie­dad, lo cual significa el bien de todos y el bien de cada uno.

En lo que se refiere a los campesinos, instamos muy atenta­mente a las insti­tuciones estatales y políticas para que:

1. Sean más eficientes en la atención de las imperiosas necesida­des de la población agraria, tales como: salud, vivien­da, educa­ción y vías de comunicación.

2. Mantengan, sobre todo las vinculadas directamente con el sector agrario, una continua revisión de sus políti­cas, de tal manera que se planifique de acuerdo con las condicio­nes reales en que se encuentran los agriculto­res. Esto habrá de tomar en cuen­ta la participación de todos los sec­tores invo­lucrados, a fin de retomar las iniciativas que mejor se adecuen a sus necesida­des.

3. Elaboren sus políticas agrarias tomando en cuenta una tecnología apropiada, la dotación de tierras a campesi­nos que no la poseen y la estimulación de los pequeños producto­res mediante créditos oportunos.

4. Contemplen en sus políticas crediticias mecanisos ági­les para su otorgamiento, con intereses blandos y pe­ríodos de gracia acor­des con los requerimientos de cada sector productivo.

5. Respeten y estimulen las organizaciones de los agri­culto­res, para que logren desarrollarse de manera soli­daria mediante aquellos instrumentos que les faci­li­ten producir, comer­cializar sus productos y vivir en mejo­res condi­ciones.

6. Determinen salarios mínimos para las actividades agrí­colas que no están reguladas como, por ejemplo, la reco­lección de café y la zafra.

7. Desarrollen, con la participación de organismos compe­tentes, programas de capacitación para la producción de abonos orgá­nicos, de tal manera que se reduzca la im­portación y utili­za­ción de agroquímicos, los cuales resultan perjudiciales para la salud humana y para el entorno ecológico.

8. Vigilen los programas de desarrollo turísticos, para que no atenten contra las condiciones sociales, fami-liares, culturales ni ecológicas de las comunidades.

9. Implementen, en especial el Ministerio de Agricultura y Gana­dería, espacios de capacitación en el uso de abonos orgáni­cos, a fin de no agredir, con el uso de agroquí­micos, la riqueza conte­nida en la madre tierra.

10. Impidan la importación de plaguicidas que de antema­no han sido calificados como altamente tóxicos y, por lo tanto, de uso prohibi­do en otros países.

11. Indemnicen justamente a todos aquellos trabajado­res que han sido gravemente afectados en su salud por el uso de agro­quí­micos en su trabajo.

12. Incluyan en los programas educativos una forma­ción que valore los recursos del medio ambiente, y que de­fienda y fomente los valores que han confi­gurado la personali­dad social del costa­rricense.

13. Impulsen con más ahínco los propósitos de muchas enti­-dades no gubernamentales que luchan por desarrollar progra­mas de reforestación en diversas zonas del país.

14. Eleven la capacidad, el conocimiento y las habili­da­des de las personas que participan y trabajan la tierra, y pro­muevan las tecnologías apropiadas a las actividades que realizan los agricul­tores.

15. Realicen, por medio del Instituto de Desa­rro­llo Agrario (I.D.A.), estudios serios para la adju­dica­ción de par­ce­las, de modo que tal adjudicación se haga con justi­cia y equidad, para prevenir toda clase de abuso en esta materia y se evite su Comer­cia­lización.

16. Impidan al máximo la utilización de la violencia por parte de la Fuerza Pública en la resolución de conflic­tos por toma de tierras que hagan los cam­pesinos, y que se bus­que, ante todo, el camino del diálogo y de la nego­ciación sincera, a fin de resolver las diferencias que por tales hechos se produzcan en el campo social.

17. Aprueben las leyes necesa­rias para que se limite la adquisición de tierras por parte de personas físicas o jurídicas extranjeras, y asimismo se reduzca o evite el desplazamiento de la inversión nacional provocado por los foráneos, todo con el fin de salvaguardar la sobe­ranía costa­rri­cense.

18. Promuevan las normas indispensables para que las gran­-des compañías agroindustriales sean obligadas a proce­sar y reciclar los desechos orgánicos que producen, en aras de preservar el ambiente sano que merecen la pre­sente y las futuras generaciones.

71. En el caso de los indígenas, el Estado y sus instituciones deben comprometerse a desarrollar su quehacer de manera que las entidades públicas:

1. Procuren que las políticas agrarias impulsadas aseguren y promuevan el desarrollo integral de los indí­ge­nas, el cual redundaría en el mejoramiento de sus con­di­cio­nes de vida.

2. Definan políticas apropiadas con respecto al sector indíge­na, en vista de sus necesidades particulares, respetando su cul­tura y sus valores. En todos los ámbitos debe dárseles un trata­miento especial, que será eficaz siempre que se realice con su parti­cipación.

3. Garanticen, de manera real y efectiva, que las tierras asig­nadas a los indígenas no sean usurpadas ni utiliza­das por personas ni organizaciones ajenas a su etnia.

4. Cumplan fielmente el Convenio 169 de la Organización Inter­nacional del Trabajo (O.I.T.), referente a los dere­chos de los indígenas.

5. Controlen con eficacia a los medios de información masiva, de tal manera que los valores de sus contenidos no repre­sen­ten una agresión contra las costumbres y los valores de los indígenas y la población en general.

6. Velen para que la publicidad, en su afán de forjar consu­mi­dores con su mensaje, no violente la forma de vida del indígena.

7. Ofrezcan una mayor información a los indí­genas acerca de los posibles mercados en los que éstos podrían colo­car sus pro­ductos y a fin de desarrollar su capa­cidad de comercializa­ción.

8. Creen los mecanismos adecuados para que se celebre el "Día del Indí­gena" como un acon­teci­mien­to que per­mita dar a cono­cer toda la riqueza cultural de estos pueblos y su aporte en la construcción de una parte importante de nuestra idiosin­crasia.

9. Evalúen urgentemente el trabajo realizado hasta el momento por la Comisión Nacional de Asuntos Indígenas (CONAI), de modo que se revisen sus acciones y se ade­cuen a la realidad cultural de las comunidades indí­genas, con todo lo que ello im­plica.

Error! Bookmark not defined.II. DEBERES DE LA IGLESIA

72. La Iglesia, fiel al mandato de la justicia y de la caridad en la dignificación de sus hijos campesinos e indígenas, se com­pro­mete a:

1. Optar preferencialmente por los campesinos e indígenas de nuestro país, organizando la PASTORAL DE LA TIERRA en cada dióce­sis. Esto significa procurar, motivar y acompañar a las orga­niza­ciones de indígenas y de campe­si­nos para que, a la luz del Evan­gelio, encuentren opcio­nes que les garanticen mejores niveles de vida y un verdadero desarrollo humano.

2. Favorecer y desarrollar programas de capacitación y con­cienciación que faciliten el rescate de la identidad cultural y el espíritu de solidaridad que descubrimos en nuestros campesi­nos e indígenas.

3. Mantener una actitud profética de anuncio y de denun­cia, de tal manera que alabemos todas aquellas acciones que favo­rezcan el desarrollo de indígenas y campesinos, pero también seamos su voz cuando se cometan atrope­llos, injusticias e irrespeto a la digni­dad humana de estas poblaciones.

4. Apoyar las iniciativas de indígenas y campesinos en el acceso a los medios de información masiva para expresar sus lo­gros, denunciar las situaciones de injusticia que les afecten y solicitar el reconocimiento de sus dere­chos.

5. Impulsar en cada diócesis la PASTORAL INDIGENA, con el fin de promover el respeto a la cultura y a las tradi­ciones reli­gio­sas de los indígenas, además de apoyar la organización y capacitación que favo­rezcan el desarro­llo integral de estos hermanos nuestros.

6. Apoyar y promover las iniciativas de organizaciones agra­rias e indígenas en la lucha por un salario justo y mejores con­diciones laborales para estos sectores.

7. Colaborar en las iniciativas de educación, defensa, pro­tección y conservación ecológica, e impulsar y par­ticipar en la reflexión evangélica para que, como hijos de Dios, cuidemos de la Creación.

8. Contribuir en el trabajo que vienen realizando algunos organismos no gubernamentales en pro del desarrollo integral del campesino y del indígena, denunciando, a la vez, todo aquello que no esté de acuerdo con el dere­cho y la justicia.

9. Ofrecer, a través de la Pastoral Social Nacional y las pastorales dioce­sanas, alternativas de producción a los campesi­nos y los indíge­nas, que les permita superarse comu­nitaria­mente mediante una econo­mía solidaria.

10. Apoyar las iniciativas que busquen implementar métodos de producción orgánicos.

Error! Bookmark not defined.III. DEBERES DE LOS CAMPESINOS E INDIGENAS

73. Los campesinos e indígenas deben entender que son ellos los sujetos de su propio desarrollo. En este sentido, la Igle­sia los exhor­ta a:

1. Buscar una verdadera y real organización, como medio de salir del individualismo y resolver los grandes proble­mas que les aquejan.

2. Generar alternativas de formación que partan de las nece­sidades reales y sentidas por ellos, de modo que les permitan acceder a soluciones concretas.

3. Desarrollar procesos de toma de conciencia y formación que permitan la recuperación de sus propias tradicio­nes.

4. Realizar su actividad productiva salvaguardando la ecolo­gía, y participar activamente en los programas que la de­fiendan.

5. Defender sus derechos inspirados en los más altos valo­res cristianos, sobre todo en lo que se refiere a sus salarios y al bienestar familiar.

6. Conocer más profundamente la Doctrina Social de la Igle­sia, para que la hagan presente en el mundo del agro.

7. Mantener un diálogo permanente con los organismos com­pe­tentes a fin de obtener precios justos para sus pro­duc­tos, así como buscar y plantear los medios necesa­rios para regular la ganancia abusiva de los interme­diarios.

8. Consolidar las organizaciones indígenas que permitan velar por los deberes y los derechos de sus comunida­des, tales como: cultu­ra, tierra, tradiciones, lengua y unidad para su desarro­llo integral.

9. Buscar las formas de organización necesarias para en­con­trar soluciones que respondan a sus más auténticas necesida­des, en las que el Magisterio Social de la Iglesia tenga un lugar preponderante.

10. Coordinar planes y acciones entre las distintas organi­zaciones comunales de las localidades rurales e indíge­nas, para que realicen un trabajo conjunto.

11. Luchar por superar cualquier tipo de rivalidad personal o institucional en las organizaciones campesinas e indígenas, así como para que en sus intereses esté primero el provecho de toda la población y no el perso­nal o el partidista.

Error! Bookmark not defined.PALABRAS FINALES

74. Lo anteriormente expuesto quiere ser expresión viva de nues­tro interés y celo pastoral por la elevación espiritual y social de nuestra población campesina e indígena, en todo de acuerdo con el Magisterio de la Iglesia que nos compromete a ser "voz de los que no tienen voz".

La Constitución conciliar sobre la Iglesia en el mundo (Gau­dium et Spes, Nº 4), nos dice:

"(...) es deber permanente de la Iglesia escrutar los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada genera­ción, pueda la Iglesia responder a las perennes inte­rrogantes de la humanidad... Es necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus espe­ranzas, sus aspiraciones, y el sesgo dramático que con frecuencia le caracteriza".

Por otra parte, las palabras del Papa Juan Pablo II en su discurso a los campesinos y a los indígenas en Oaxaca, Méxi­co, son para nosotros y para todos los hombres de buena voluntad, un imperativo llamado a la conciencia:

"(...) el grito desvalido, la voz de Dios, la voz de la Iglesia os repite conmigo: no es justo, no es humano, no es cristiano continuar con ciertas situaciones cla­ramente injustas... Trabajad en vuesta elevación huma­na."

San José, Costa Rica, 2 de agosto de 1994, Festividad de Nuestra Señora de los Angeles.

Mons. Román Arrieta Villalobos Mons. José Rafael Barque­ro Arce

Arzobispo de San José Obispo de Alajuela

Presidente de la Conferencia Episcopal Vicepresidente de la Conferencia

Mons. Ignacio Trejos Picado Mons. Héctor Morera Vega

Obispo de S. Isidro de el General Obispo de Tilarán

Mons. Alfonso Coto Monge Mons. Antonio Troyo Calderón

Obispo Vicariato Apostólico Limón Obispo Auxiliar de San José

Secretario Auxiliar Conferen­cia

SIGLAS UTILIZADAS

C.A. Centesimus Annus. Carta Encíclica a los cien años de la Rerum Novarum, Juan Pablo II, 19..

D.P. Documentos de Puebla. II Conferencia del Episcopado Latinoame­ricano, 1979.

G.S. Gaudium et Spes. Constitución sobre la Iglesia en el mundo, Con­cilio Vaticano II, 19..

L.E. Laborem Exercens. Carta Encíclica sobre el trabajo humano, Juan Pablo II, 19..

M.M. Mater et Magistra. Carta Encíclica ....

P.P. Populorum Progressio. Carta Encíclica...

P.T. Pacem in Terris. .....

R.N. Rerum Novarum. .........

S.D. Documentos de Santo Domingo. III Conferencia del Epis­copado Latinoamericano, 1992.

--------------------------------------------------------------------------------

[1] Mitchell A. Selligson. El campesino y el capitalismo agrario en Costa Rica. San José: Edito­rial Costa Rica, 1984, p. 114.

[2] (Cfr., por ejemplo: La República, 7 Mayo 1993, p. 2A; La Nación, 17 mayo 1993, p. 6A; La Repú­blica, 9 Junio 1993, p. 8A; La Nación, 15 Junio 1993, 8A; La Nación, 4 Julio 1993, p. 6A y 6 Julio 1993, p. 8A; La República, 13 Julio 1993, p. 2A; La Repú­blica, 8 Agosto 1993, p. 5A; La Nación, 20 Octubre 1993, 16A).

[3] Pío XII, carta del 23 de setiembre de 1956; cfr. además C.A. 43.

[4] Cfr. además: R.N. 6; Pío XII Radio­mensaje del 14 de setiembre de 1952; M.M. 120-154; Q.A. 45; Dis­curso Inaugural de Juan Pablo II, Pue­bla; Catecismo de la Iglesia Cató­lica, Nº 2403.

[5] Cfr.: R.N. 26; Q.A. 79-80; M.M. 53, 117, 152; P.T. 65, 140, 141.

 
< Anterior   Siguiente >






 

InicioINFORMACIÓN GENERALDEPARTAMENTOS ( Comisiones e Instancias )Noticias y ComunicadosContactoEditorial CECOR
DocumentosDiócesisEnlacesContactoEspecialesTemas/OpiniónRIIAL C.R.Correo Web
Dirección: Avenidas 3a y 51, Calle 22, B.° México, San José 7288-1000 | Teléfono: 221-3053 / 222-0486
© Copyright 2006. CECOR .IglesiaCR.org ha sido desarrollado por VE Multimedios™