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MENSAJE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE COSTA RICA ANTE LA SITUACION
QUE VIVE EL PAIS
Nosotros, Pastores de la grey costarricense, nos dirigimos a todos nuestros
conciudadanos, para manifestarles que la Iglesia Católica, bajo
cuyo maternal alero se acogen la inmensa mayoría de los habitantes
de nuestro país, se siente hondamente preocupada por el clima de
agitación, inseguridad y hasta subversión que se está
creando a raíz del debate sobre el Proyecto de Electricidad y Telecomunicaciones
del ICE, al que los Señores Diputados dieron ya su aprobación
en primer debate el pasado 20 de marzo.
La Conferencia Episcopal de Costa Rica, con el voto unánime de
sus miembros, el Arzobispo y los Obispos de todas las Diócesis
del país, emitió un importante comunicado sobre dicho proyecto
desde el pasado 2 de marzo. A dicho comunicado, lamentablemente, no se
le dio la esperada difusión por parte de la prensa nacional. Nosotros
tenemos la profunda convicción de que si sus planteamientos, hechos
después de haber oído a las partes en conflicto, hubieran
sido tomados en cuenta, muchas de las deplorables situaciones que actualmente
vivimos, no se habrían presentado.
Una sola razón nos mueve a los Pastores a manifestar lo anterior:
dejar clara constancia ante la historia de que la Iglesia habló
con claridad a los unos y a los otros, que lo hizo con absoluta imparcialidad
y, como corresponde, inspirada en las más puras fuentes del Evangelio.
Un único propósito nos movió: buscar el mayor bien
de todos los costarricenses, en especial de los más pobres y fortalecer
la paz social de que por tantos años hemos disfrutado y sin la
cual es imposible para cualquier sociedad trabajar, progresar y desarrollarse.
Es con honda satisfacción que los Obispos reconocemos el derecho
que existe a todos los ciudadanos, ya personalmente o a través
de las más diversas asociaciones, de manifestarse, sea en favor
o en contra de éste y de cualquier otro proyecto de ley. Esto es
connatural al régimen democrático en que vivimos. Pero la
Iglesia tiene también el deber de recordar a todos, que al discrepar
tenemos que hacerlo con fiel apego a la verdad y sin recurrir jamás
al insulto y mucho menos a la violencia que, como nos recordara el Papa
Pablo VI, «no es ni cristiana ni evangélica». La violencia,
es lo que la vida enseña, genera siempre más violencia y,
en lugar de resolver los problemas, más bien los agrava a extremos
inimaginables.
Pedimos a todos los costarricenses, en el nombre de Dios, recobrar la
calma y contribuir a que otros la recobren. Pidamos a todos actuar con
serenidad, con profunda responsabilidad y a comprometerse a fondo en conocer
personalmente lo que en concreto dice el proyecto, sólo así
podrá evitarse cualquier manipulación, venga de donde viniere.
Pedimos, por lo mismo, que en todo lugar y a todos los niveles se organicen
foros cuyo objetivo principal sea lograr un conocimiento profundo del
proyecto de ley y de sus implicaciones.
Después de su aprobación en primer debate, el Proyecto
de Ley sobre el ICE ha sido elevado en consulta a la Sala Constitucional.
Eso nos mueve a pedir a todos volver tranquilamente a sus trabajos y estudios
y a esperar, dentro de un ambiente de serenidad y oración, el veredicto
de tan suprema instancia. Creemos firmemente que sólo después
de ello se estaría en las mejores condiciones para emitir nuevos
pareceres, contrarios o favorables al proyecto que nos ocupa.
Nuestras Autoridades, tanto del Poder Ejecutivo como del Legislativo,
lo mismo que las del ICE, han venido manifestando en toda forma que el
ICE ni está en venta ni lo estará en el futuro. Todo esfuerzo
que se haga para que el proyecto de ley garantice que así será,
va a contribuir en gran manera a llevar tranquilidad a nuestro pueblo
que profesa un merecido cariño a tan importante institución
nacional. Si para ello y otros relevantes asuntos que hayan surgido después
de la aprobación del proyecto en primer debate, se sintiera la
necesidad de contar con más tiempo antes de su aprobación
definitiva, creemos los Obispos que tal cosa vale la pena, ya que contribuirá
a que ley de tan enorme trascendencia responda verdaderamente a los mejores
intereses del país y de cada uno de los costarricenses.
Que Dios, nuestro Padre del Cielo y nuestra amada y bendita madre, la
Virgen de los Angeles, nos ayuden a encontrar la mejor solución
al problema que tanto nos preocupa. Así, sin renunciar a ser hermanos,
llamados por el Señor a amarse y perdonarse mutuamente, seguiremos
trabajando con tenacidad por el engrandecimiento material y espiritual
de nuestra patria y por fortalecer la paz de que venimos disfrutando,
fruto de la justicia, la comprensión y el amor.
Dado en San José de Costa Rica el día 23 de marzo del Año
Jubilar 2000
Mons. Roman Arrieta Villalobos, Presidente de la Conferencia Episcopal
de Costa Rica
Mons. Antonio Troyo Calderón, Secretario General Conferencia Episcopal
de Costa Rica
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