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MENSAJE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL AL PUEBLO COSTARRICENSE
Introducción:
Al finalizar nuestra Asamblea Ordinaria, nosotros los Obispos de la Iglesia
en Costa Rica, queremos compartir con nuestro pueblo, la experiencia y
la reflexión vivida en estos días de fraternal Encuentro.
Reunidos en el Seminario Central, hemos pasado unos días de oración,
reflexión y fraterna convivencia. Hemos constatado que a lo largo
de este Año Jubilar que vivimos, se han realizado gestos muy significativos
que manifiestan el gozo y el sincero deseo de conversión, conforme
a la exhortación que dirigimos al comienzo de este Año Jubilar:
“Tenemos la seguridad de que los costarricenses no desperdiciarán
esta providencial oportunidad que ofrece el Jubileo del año 2000
para entregarse, iluminados y fortalecidos a Jesucristo, único
Salvador del mundo, ayer, hoy y siempre”.(n.5 ).
Hemos reflexionado, además, sobre los desafíos que nos
presenta la tarea evangelizadora en nuestro país al inicio de un
nuevo milenio.
1.-Seminario Central
Como Pastores de un pueblo que ama y busca a Dios, le damos gracias porque
suscita jóvenes dispuestos a entregar su vida al servicio de la
Iglesia en el Ministerio sacerdotal, al servicio de nuestras Iglesias
Particulares.
Hemos puesto una especial atención a la buena marcha de nuestro
Seminario Central, fijándonos particularmente en la preparación
de sus profesores en diferentes materias académicas para reforzar
el proceso formativo de nuestros seminaristas en la Universidad Católica..
Una de las necesidades más urgentes es la construcción
de una nueva biblioteca acorde con las exigencias y avances técnicos
a la altura de los tiempos modernos.
Pedimos a nuestro pueblo elevar una ferviente oración al dueño
de la mies para que no nos falten operarios al servicio de nuestras comunidades
cristianas.
2.-Religiosos y Religiosas
La presencia y la acción pastoral de tantos religiosos y religiosas
en el país ha ocupado también nuestra atención. Agradecemos
el valioso trabajo que desempeñan las comunidades religiosas, especialmente
en la educación, salud, cuidado de niños abandonados, adultos
mayores y particularmente de los más pobres, así como su
labor pastoral en muchas de nuestras parroquias. Deseamos que nuestro
compromiso eclesial sea de comunión y participación para
que juntos podamos construir con mayor eficacia el Reino de Dios.
3.-Instrumento Pastoral
Estamos preparando un Instrumento Pastoral que responda a los grandes
desafíos del Nuevo Milenio y que sirva de inspiración a
la acción evangelizadora de nuestra Iglesia en Costa Rica. Nuestra
realidad nacional será iluminada por la luz del Evangelio que nos
lleve a todos a un encuentro personal y comunitario, con Jesucristo vivo.
4.-Algunas preocupaciones
--Nos preocupa la brecha social que cada día se amplía entre
unos pocos que tienen mucho y muchos que tienen poco. Basta recordar que
de cada cien costarricenses, veinte de ellos viven en extrema pobreza.
No podemos quedarnos indiferentes ante la ola de violencia que se ha
desatado en los últimos días. Nos angustia esta situación
porque no es parte de nuestra idiosincrasia, ya que hemos sido una sociedad
respetuosa y pacífica.
Constatamos con dolor que hay violencia dentro del hogar: “Todos
debemos comprender cuan grave es la falta que el varón comete cuando
maltrata a la mujer, sea en el hogar o en cualquier otra parte, casi siempre
bajo los efectos de la ira, el licor o los celos, pero también,
y esto es algo sumamente doloroso, sin la menor excusa, sólo por
prepotencia y falta de educación. Graves son también las
consecuencias de tan inhumano y anticristiano proceder. Cabe señalar
entre ellas: el pésimo ejemplo para los hijo; el odio que puede
anidarse en sus corazones al ver cómo su padre maltrata a la madre
que los trajo al mundo y la desintegración familiar, consecuencia
de la justificada negativa de la esposa a continuar viviendo con el esposo
que la maltrata” (homilía Mons. Román Arrieta 2/08/2000).
Encontramos también violencia en la calle, asaltos, robos, etc.
Una forma de violencia particularmente inhumana que comienza a proliferar
entre nosotros es el secuestro:(Cfr Homilía de Mons. Román
Arrieta 2/08/2000.) El derecho a la vida y a la libertad de todo ser humano
es sagrado y debe ser respetado.
Agosto 2000
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