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Ésta es la Iglesia…
El día 14 de marzo del presente año, la Comisión Nacional de Liturgia (CONALI) recibió una carta del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) invitándonos a participar en un Encuentro de las CONALI de América Latina y el Caribe. Dicha actividad se llevaría acabo del 19 al 23 de junio en Santo Domingo-República Dominicana.
Para esa reunión, se había escogido el tema “Liturgia: fuente y cumbre del discipulado y de la misión”. Los trabajos y reflexiones de las CONALI serían un aporte para la Vª Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, a realizarse el próximo año en Aparecida, Brasil. Y para que ese aporte fuera verdaderamente provechoso a cada Comisión se le envío un cuestionario, a partir del cual se haría un trabajo que tomaría como punto de partida la realidad de cada país en el ámbito de la Liturgia.
Al igual que las otras CONALI, también en Costa Rica analizamos los puntos que se nos pedían: examinamos la realidad de nuestro país en campos como la iniciación cristiana, la presidencia de la asamblea litúrgica y la relación existente entre liturgia y misión. El trabajo se hizo en coordinación con algunas de las instancias que intervienen en dichos campos.
Concluidos los trabajos de preparación, y al dirigirnos hacia República Dominicana, nos encontrábamos con las delegaciones de los otros países (obispos, sacerdotes y laicos) y al mirarnos, con solo la expresión del rostro, nos transmitíamos un sentimiento mutuo: éramos conscientes de dirigirnos hacia el Encuentro de Liturgia, donde cada uno iba brindar sus aportes para la evangelización. Ese sentimiento me hacía pensar cómo, desde diferentes países, se están realizando esfuerzos en el área de la Liturgia. Íbamos a ponerlos en común; más aún, a compartir nuestras experiencias.
En las jornadas de trabajo y análisis, cada región (México y Centroamérica – Caribe – Cono Sur – Bolivarianos) presentó la realidad litúrgica de los países que la conforman. Fue muy esperanzador constatar que, en cada área, se dan las mismas preocupaciones, problemas y dificultades, así como la búsqueda de caminos de solución. Esto me hizo pensar en aquel principio que nos recuerda cómo “La Iglesia es humana y divina”; se trata de una Iglesia que tiene problemas, pero busca medios para solucionarlos; y esto se debe a la fuerza del Espíritu que actúa en ella.
A lo largo del Encuentro, hubo también momentos para celebrar la Liturgia de las Horas y la Eucaristía. Es extraordinario darse cuenta que, a pesar de la diversidad cultural, no existen límites para unirnos como hermanos. Ni siquiera el idioma fue un obstáculo, pues, uno de esos días celebramos la Misa conventual en portugués, sin que eso nos privara de vivirla intensamente. Experimentamos cómo la « […] Liturgia es la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza » (SC 10); ya que, unidos por la vivencia de una misma fe, fuimos impulsados para brindar nuestro aporte a la Vª Conferencia.
Por otra parte, las ocasiones para unirnos como hermanos, no se redujeron solamente a las celebraciones litúrgicas, los tiempos para comer también servían para estrechar lazos de fraternidad; particularmente el miércoles 21, cuando hubo una cena típica, en la que cada país compartió recuerdos o productos propios. Momento en el que nuevamente palpamos el lado humano de la Iglesia. Pues, en un ambiente de confianza disfrutamos la riqueza que cada región posee. Fuimos testigos de cómo lo humano es camino de salvación: también en los momentos de encuentro fraternal, la presencia de Dios es real y actuante en medio de nosotros. La Iglesia no puede prescindir de la parte humana de quienes la conforman.
En síntesis, ésta es la Iglesia… aquella que no es perfecta porque va peregrinando hacia la Jerusalén del cielo, y que en ese camino encuentra dificultades; pero aún así, se reúne sin importar el país de procedencia, para buscar soluciones en conjunto, impulsadas siempre por el Espíritu evangelizador de nuestra Iglesia. Ésta es la Iglesia… que se reúne para la “fracción del Pan” y para compartir una fiesta; palpando en esos momentos, de modo diverso, la cariñosa presencia de Dios. Ésta es la Iglesia… que va más allá de las fronteras de un determinado país.
La mejor manera de sintetizar lo que significó ese Encuentro Latinoamericano de las CONALI es quizá una frase dicha por Mons. Juan Francisco Sarasti (Arzobispo de Cali y Responsable de la sección de Liturgia del CELAM) durante la homilía pronunciada en la Misa conclusiva: “Hemos venido a compartir la gran riqueza de nuestra fe”. Desde diferentes lugares, nos reunimos en el país donde llegó por primera vez la cruz a América. En esta actividad, desde la Liturgia, colaboramos en la evangelización de América Latina y el Caribe. En este encuentro hemos experimentado que al ser Iglesia, somos como un sacramento de Cristo (Cf. LG 1): desde nuestra dimensión bautismal, y con nuestro aporte, hemos sido un instrumento a través del cual Dios ofrece sus gracias, para el bien de la Iglesia.
Solo me resta decir que, como fruto de nuestra reflexión, todos los que participamos en esa reunión eclesial nos afirmamos en la convicción de que la Liturgia es el primer lugar donde se forma el verdadero discípulo de Cristo: allí nace en la fe, y desarrolla desde ahí toda su existencia cristiana; no solamente iniciándose a la vida sacramental, sino en la vida de la comunidad. La Liturgia no es solamente el lugar para reunirnos a rezar; sino que de desde ella, es impulsada toda la acción de la Iglesia, de la cual ella misma es eje transversal.
Allan Jiménez Campos
Comisión Nacional de Liturgia
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