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Cardenal Rodríguez en Costa Rica PDF Imprimir


"La ética cristiana debe gobernar a los políticos"
Martes 29 de Agosto del 2006

San José, Costa Rica

cardenal
"A menudo se piensa en la Ética como algo relacionado con las Iglesias o con la Religión y muchas veces como algo impuesto desde fuera, como una especie de camisa de fuerza o un sombrero que es algo exterior y que uno es libre de usarlo o no. Nada más erróneo. La Ética básicamente es la respuesta a dos interrogantes fundamentales: ¿Quién soy yo? ¿Y qué quiero hacer con mi vida?

Precisamente por esa concepción heterónoma es que nos encontramos en estos albores del siglo XXI con un tipo de hombre que podría calificarse como un gigante técnico y un enano ético. Nada más actual entonces que la ética cristiana en la función pública”, dijo el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez, arzobispo de Honduras, en su conferencia esta mañana en el Hotel Corobicí, dentro del marco de la Semana Social de la Arquidiócesis de San José, que organizan la Escuela Social Juan XXIII y la Universidad Juan Pablo II.

“Estamos en tiempos en que la pobreza, lejos de disminuir, sigue aumentando. No podemos esperar que los cambios vengan de la confrontación armada. Desde la década de los 70 y de los 80, cuánta sangre, cuánta muerte, cuánto dolor se causó pensando que a través de los grupos alzados en armas se cambiaría la injusticia en justicia. Se nos olvidó que, como decía el Papa Pablo VI, la violencia es una espiral incontrolable.

“Los cambios son necesarios y tienen que venir, pero solo se pueden lograr en una cultura de diálogo y a través de los dirigentes políticos que asuman esa función pública como una auténtica misión. La historia de América Latina no se puede mirar solamente desde América Latina. Desde que apareció la globalización, la posibilidad de pensar la historia país por país es imposible; difícil también hacerlo región por región.

“Somos el ´jardín posterior´ de América y esta percepción continúa dividiendo el “alma latinoamericana´; para unos ese ´jardín´ sigue siendo el ´patio trasero´ y en el futuro continuarán existiendo y suscitándose corrientes “antinorteamericanas” de distinta y peligrosa identidad”, dijo el Cardenal.

“Habrá que hacerse a la tarea de contestar: ¿Cuán unida está nuestra historia a la de los EE.UU.? Con respecto a Europa es preciso constatar que Latinoamérica ya no es importante. El fenómeno de la “Unión Europea” hizo que Europa se refugiara en sí misma, redujera sus programas de cooperación y aceptara mantener contactos en industrias estratégicas en especial aquellas vinculadas al medio-ambiente.

“Latinoamérica es –dicen algunos- cada vez más el lugar de la “justificación” donde el “mea-culpa” se realiza sin problemas y donde se tiene con nuestras gentes la caridad que difícilmente se palpa frente al extracomunitario que llega en búsqueda de un mejor futuro a tierras europeas”.

Enumeración de lo que somos

El Cardenal puntualizó que, para el mundo, América Latina existe como…

• Como consumidores (en especial de bienes suntuarios y de armas).
• Como dadores de materias primas
• Como bio-diversidad
• Como lugar donde se “revitaliza” la deuda externa.
• Como lugar de inversión con rendimientos seguros
• Como trabajo barato en la gran “maquilería” en la que nos estamos convirtiendo.
• Como el lugar donde el corrupto más poderoso encuentra un interlocutor que le hará el contrapunto favorable para que el “negocio resulte”.


Para reflexionar bien sobre la política en América Latina hay que recordar que la

• No arreglaron las carencias de muchos en cuanto a las necesidades básicas pasivas (salud, comida, vestido, casa) ni a las necesidades básicas activas (educación y empleo).
• Pusieron en evidencia formas de corrupción pero cayeron en el remolino de las nuevas corrupciones.
• Todo se agravó con la aparición del narcotráfico (algunos preferimos hablar de narco negocio) que corrompió individuos e instituciones.
• Cayeron en la espiral de la compra-venta de armas en unas sociedades ya de por sí vinculadas ancestralmente a la violencia.
• Privatizaron los bienes públicos vendiéndolos a bajo precio y algunas de ellas se preparan ahora a recomprarlos en condiciones onerosas al tesoro público.
• Socializó las pérdidas y privatizó las ganancias.
• Sacrificó los mejores hombres que representaban el ámbito contestatario entregándoles el manejo del gobierno pero no la gestión del poder. Sufrieron de “Alzeimer táctico, olvidando las lecciones del pasado Crearon un “diapasón lingüístico” en donde se habla mal de los instrumentos pero no de los que los tocan, por ejemplo: la política, los partidos, la economía son malos pero se evita personalizar cayendo en aquello que “el mal trabajador le echa la culpa a la herramienta”.

Un mal momento para Latinoamérica

“Políticamente Latinoamérica está pasando por “un mal momento”; lo que urge es ser consciente que si seguimos por donde vamos no encontraremos una salida; es preciso entender que se nos agotaron “los libretos”; que nosotros mismos hemos sido superados, que de nada sirve dolerse; que ni siquiera es bueno, ni vale la pena salir a buscar a los culpables: es cierto el “instrumentario” está terminado; la “caja de herramientas” es obsoleta, inútil; nadie, “casi nadie” comprende lo que está pasando...! No vemos y sin embargo este “Tsunami” nos indica, que hay una corriente de fondo...!
“ Las elites gobernantes han comprado “la globalización” sin negociar con eficacia la forma de superar los peligrosos síntomas que han de conducir –sin duda- al fallecimiento del neoliberalismo. En efecto el aparecer del Hedonismo ,de las olas migratorias, del paramilitarismo (no sólo en lo político)

• De la inseguridad
• De la profundización de la corrupción
• Del aumento en la venta y comercio de armas
• Del acoso a los dueños de tierras y de bienes ecológicos
• Del narcotráfico
• Del aumento del desempleo
• De la ingobernabilidad
• De la dirección sin rumbo de una sociedad, en donde gobernar es “administrar problemas, no solucionarlos
• Del “minus”-valor de la vida humana!

Hoy nos preguntamos no sin pena

• ¿Por qué fracasaron nuestros proyectos autóctonos de integración?
• ¿Por qué triunfan tan rápidamente el TLC y todo aquello que viene “pro-puesto” de fuera?
• ¿Cuántas empresas son aún nuestras?”
• ¿De quien son nuestros medios de comunicación?
• ¿Cuánto acceso tenemos a la información estratégica?
• ¿En qué proporción somos aún libres de tomar nuestras propias decisiones en lo cultural, en lo político, en lo económico, en la seguridad?
• ¿En qué va aquello del equilibrio entre “globalización del Mercado y la Globalización de la Solidaridad”?
• No se puede negar que el terrorismo es una realidad cruel, que “toda muerte de un hombre empobrece la tierra” pero que las realidades del dolor y de la compasión no se agotan en la dolorosa e injusta muerte de personas en los países desarrollados.

Hemos olvidado que para nuestras gentes humildes que no conocen “el mundo grande” la destrucción de la Alcaldía y de un “Banco agrario” es tan grave como el de las torres gemelas, como el 11 S , el 11M, la destrucción del Metro de Londres”, comentó el Cardenal.

Construir la paz

En 1999 Juan Pablo II afirmaba que “Política es construir la paz” y que la política en América Latina corre sobre los rieles de la calidad y de la cantidad de los así llamados “caminos para la paz” a saber:

• El diálogo
• La educación
• La participación en los bienes
• El desarrollo del derecho
• El equilibrio de los poderes internacionales
• El respeto a la vida y a la dignidad de la persona que deben estar por encima de la estrategia, la política y la economía
• La participación
Y debemos darnos cuenta que la Doctrina Social de la Iglesia ha llegado a tiempo en la historia reciente a afrontar los problemas.

Nos dice el Documento de Puebla (III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en 1979) en el No. 513: “la dimensión política constitutiva del ser humano representa un aspecto importante de la convivencia ciudadana. Tiene un aspecto englobante porque su finalidad es el bien común de la sociedad…” La finalidad de la política no es que exista un partido con la casa, con la bandera, con la canción y con el dinero de un partido y no es tampoco la manera como los desocupados hacen dinero. La política tiene una finalidad: el bien común de la sociedad.

Un periódico europeo, informaba hace poco tiempo, de un encuentro que hubo en Viena sobre la falta de valores universales y la dimensión ética de la acción política. Moralidad y política son términos que parecen casar mal en tiempos en los que abunda la corrupción y resuenan dramáticamente los tambores de la guerra, que en demasiadas partes del mundo nunca se silenciaron. La cuestión en si es si la moralidad debe dejarse a un lado de la acción política, y en particular de la política exterior. En general los políticos, los diplomáticos, participantes en el debate sobre esta peliaguda cuestión, organizada en Viena por el Instituto de Ciencias Sociales y la Organización Periodista Project Sindicated, hablaban en términos nada exentos de cinismos.

Así, el Primer Ministro austríaco Wolfgang Schüssel, se llevó la palma cuando casi con admiración habló de un político que traicionó a todos los que sirvió, pero nunca traicionó a Francia. ¿Dónde está la ética en la función pública? Y lo ponen como un ejemplo.

REFLEXIONES SOBRE LA ETICA Y LA POLITICA

El hombre de hoy vive tiempos de incertidumbre, de zozobra, de inmenso malestar y desasosiego Por una parte carga sobre sus hombros la vocación del constructor propia del ser humano, pero por otra parte la tarea adicional de ver como, buena parte de lo construido anteriormente, le amenaza la ruina.

El peso de una modernidad, vigente aún, y de una posmodernidad, que desde 1968 intenta nacer culturalmente, y que desde la crisis del petróleo de 1973 lo hace tecnológicamente, resulta demasiado duro para nuestra humanidad. Muchas certezas, que eran el orgullo de la humanidad, se han resquebrajado, han sido sustituidas con elementos provisionales de cuya validez no está cierto. Los sueños de paz, por ejemplo, se han visto estremecidos y anulados por las 185 guerras que dieron continuidad a las dos grandes guerras mundiales, con la pequeña pero significativa diferencia de que el costo social de nuestras guerras poco interesa, y que además fueron tan solo la confrontación de dos grandes sistemas de entonces en el terreno ajeno del tercer mundo, a sabiendas de que ni uno ni otro nos servían. Es triste, el muro de Berlín, la cortina de hierro (o de bambú) y el sistema marxista, opuesto al sistema capitalista, pero combatiéndose en el tercer mundo, o en África o en América Latina.

Hoy, decretada ya la paz por los antiguos amos de la guerra, caído el imperio del marxismo por su inutilidad y la confusión de sus ideales, se ha levantado la mano del gladiador victorioso; el neoliberalismo; y se le ha proclamado como el único salvador asignándole con adulación el titulo de ser el porvenir de las naciones. Que los poderosos nos decreten la paz del triunfador no excluye que los desaventajados países continuemos en guerra. Sencillamente porque por una parte somos diferentes y por otra ya no constituyen nuestros subversores locales parte significativa de la estrategia mundial. Geopolíticamente no contamos nada actualmente. La geopolítica está en China, en Irak, en la India, en las antiguas repúblicas soviéticas, porque se puede sacar todo el petróleo sin tener que depender de la Arabia Saudita.

La función pública es un esfuerzo por construir una sociedad

Pero ¿cuál es la sociedad que se quiere construir? La política es el arte de realizar el bien común... pero ¿en qué consiste ese bien común? Definirlo es la tarea de la ética, y esa ética debe generar la creativa simetría de los fines y de los medios. La función pública apela a lo humano que hay en el hombre, y allí se ve a la calidad de humanidad a la que hemos llegado. Todo cristiano debe despertar, y no puede renunciar ante lo humano ante la relación entre su fe y el compromiso con los demás.

Kant aconseja la honradez como la mejor política. El cristianismo vincula la política a la fuerza plena de la verdad.

La construcción del bien común exige que cada persona asuma sus responsabilidades y sus deberes. Todos estamos llamados a “promover, orgánica e institucionalmente el bien común”.

Por nuestra parte, mirando al futuro, hemos asumido los siguientes compromisos:

• Formarnos integralmente para dar respuestas pertinentes a las situaciones de desigualdad, que afecta sobre todo a las mujeres, indígenas y pobres. Necesitamos ser eficaces en nuestros lugares de acción. La realidad social, política y económica latinoamericana no puede ser abordada desde la improvisación.
• Revalorar la acción política como una actividad eminentemente ética, como servicio al bien común y no como ocasión para abusar del poder.
• Fortalecer desde nuestros programas y plataformas la reconciliación que nos lleve a restaurar el tejido social, tan desgarrado por la injusticia estructural y por las distintas formas de violencia.
• Dar prioridad a la educación en ciudadanía para que todos los latinoamericanos -hombres y mujeres- la ejerzan plenamente y los pobres sean protagonistas de su propio desarrollo.
• Difundir la riqueza que aquí hemos recogido y compartido.
• Generar espacios de comunión y promover redes entre los participantes de los próximos encuentros, integrando, además, a constructores sociales de distintas comunidades.

Los problemas que abruman al Continente son enormes, pero nuestros pueblos poseen una reserva moral que hace posible la esperanza. En el inicio del tercer milenio, asumimos el compromiso de construir una política que haga realidad los sueños de justicia y dignidad de las mayorías empobrecidas de América Latina.

 
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