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El Educador Sembrador de Valores y Virtudes PDF Imprimir

MENSAJE DE MONSEÑOR JOSÉ FRANCISCO ULLOA ROJAS
OBISPO DE CARTAGO Y PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL
CON MOTIVO DEL MES DEL EDUCADOR,
NOVIEMBRE 2005.

Hermanos educadores de Costa Rica:

La historia nos demuestra que nuestra nacionalidad se forjó, nació y creció a la luz de la Iglesia. Igualmente, nuestra educación en sus orígenes y desarrollo fue marcada por la presencia de la Iglesia y por su acción indeleble que llega hasta nuestros días. Para los misioneros y laicos creyentes de entonces, la educación era parte sustantiva de su misión.

Actualmente, para nosotros, Obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, la educación cobra una importancia prioritaria como servicio a la sociedad, a las familias y estudiantes de todos los niveles y modalidades, especialmente a los más pobres y necesitados. Asumimos la educación como un servicio pastoral en unión con el Estado a favor de nuestro pueblo. Reconocemos que entre los protagonistas de los procesos educativos hay unos que cumplen una misión extraordinaria e insustituible. Me refiero a los educadores y educadoras de todos los niveles y modalidades del sistema educativo. Incluyo, también como educadores a los padres de familia, instructores, animadores, comunicadores y facilitadores de múltiples procesos que además de las aulas se realizan en hogares, salones comunales, templos, cabinas de radio, aulas abiertas en la naturaleza, estudios de televisión y muchos otros lugares en los que se producen hechos educativos para el desarrollo integral de las personas.

Por este motivo, en los últimos años nos hemos unido a la celebración del día del educador y de la educadora. Conscientes de la necesidad de este reconocimiento que merecen todos ellos y ellas. El año pasado extendimos la celebración a una semana, y a partir de este año dedicaremos todo el mes de noviembre a esta actividad. En unión con el Ministerio de Educación Pública en las Direcciones Regionales, Asociaciones de Educadores, y en todas las Diócesis, Parroquias y Centros Educativos se realizan diversas actividades formativas tomando como centro a la persona del Educador con su dignidad y sublime misión en la formación de las personas y la promoción integral de la sociedad.

Durante el mes de noviembre queremos que todos, educadores y educandos junto a la comunidad, realicemos nuestra reflexión y celebración tomando como tema: “El Educador, Sembrador de Valores y Virtudes”.

Al educador, tal como lo hemos identificado, lo podemos mirar y admirar desde muchas perspectivos sin pretender agotar la comprensión y valoración de su noble vocación y misión. Sembrador de Valores y Virtudes es uno de los rasgos e ideales que más define un auténtico educador, especialmente en la cultura posmoderna en que vivimos. Creo que todos estamos de acuerdo que hoy vivimos en un estilo de vida de gran confusión y contradicción: sentimos desde dentro una fuerte tendencia al bien, a la ética y a la perfección. Por otra parte, constatamos que se está conformado un estilo de vida de antivalores, llamado con razón cultura de la muerte.

Ante esta realidad personal y social es urgente que el educador, formador de personas sea realmente un sembrador que deposita y lanza la semilla en todo momento y en todo lugar; que sabe cuidar, abonar, desyerbar, regar y estimular con gran respeto, atención y dedicación a quienes Dios y la patria ha puesto en sus manos. Educador que como sembrador sabe esperar pacientemente los frutos que muchas veces nunca llegará a ver, pero otros los disfrutarán porque es consciente que los mejores frutos no son para sí, sino para los otros. El educador de vocación siguiendo el ejemplo de Cristo Maestro ama la tierra, ama la semilla, ama su trabajo; su mejor satisfacción es ver los frutos en los otros que construyen su proyecto de vida.

Invito pues, a todos los educadores a unirse a la revolución de Cristo Maestro, que ante una cultura de muerte supo abrir un nuevo camino con una nueva pedagogía rompiendo paradigmas para instaurar una nueva escuela fundada en los cimientos de la solidaridad, la equidad, el amor y la paz; Costa Rica necesita esta revolución para generar una nueva cultura. Solamente con la decidida y audaz participación de ustedes los maestros será posible esta revolución descubriendo en Cristo la fuente, la inspiración y la motivación de su vocación y misión.

“Yo soy el camino, la verdad y la vida”, nos ha dicho Jesús. Él es el que nos llama y nos envía a realizar el cambio en nosotros mismos, en nuestros hermanos y en la sociedad.

Recuerden pues, que hoy más que nunca ustedes los educadores han de ser sembradores eficaces de valores y virtudes.

 
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