Mensaje para el Domingo Mundial de las Misiones
23 de Octubre de 2005
El mes de octubre es el mes misionero por excelencia. Aunque toda vida cristiana ha de vivir su sentido misionero durante todos los días del año. Sin embargo, Octubre es el mes donde se concentra el espíritu misionero, para orar más intensamente por los misioneros, misioneras y por todos los que aún no conocen a Cristo en los campos de misión, para ofrecer nuestros sacrificios a favor de las misiones y para compartir lo poco o lo mucho que el Señor nos ha dado, se trata de ofrecer nuestra ayuda económica para la realización de los proyectos misioneros de la Iglesia en los lugares más difíciles y pobres del mundo.
En este año dedicado a la Eucaristía, el espíritu misionero tiene un significado especial. Si la Eucaristía es la fuente y corona de la vida cristiana, la misión no estará completa si no se llega a conocer, amar y vivir a Jesucristo vivo en la Eucaristía. Solamente, cuando los creyentes se acercan a recibir a Cristo bajo el signo sacramental de su presencia Eucarística en medio de la comunidad, se puede afirmar que se han encontrado con la gracia salvadora emanada de la Cruz.
Muchos hombres y mujeres del mundo sufren hambre, sea por la miseria en que viven, sea por las injusticias que a diario se cometen o sea por catastróficos desastres naturales, a ellos hay que alimentarlos. Existe también, el hambre espiritual, el hambre de Dios, el hambre de la Palabra liberadora. Para ellos, Jesús parte el pan y se ofrece a sí mismo bajo el signo sacramental de su amor por todos. Aquí la Eucaristía se hace solidaridad con toda la humanidad, es el pan del cielo que, dando la vida eterna, abre el corazón de los hombres y mujeres a una gran esperanza. Sólo Jesús puede satisfacer los anhelos más íntimos del corazón humano. Sólo Jesús puede apagar el hambre de amor y la sed de justicia de los hombres y mujeres del mundo de hoy.
Si Jesús es “pan partido” para toda la humanidad, también nosotros personas eucarísticas debemos compartir con nuestros hermanos, especialmente con los más necesitados. A esto nos invita, a ser generosos con la ofrenda económica que se recogerá el domingo mundial de las Misiones y que será enviada al Santo Padre Benedicto XVI, para que sea distribuida según las necesidades de las tierras de misión que juzgare pertinentes.
Exhorto a los párrocos, sacerdotes y agentes de pastoral que motiven a sus comunidades, para que manifiesten su amor a Jesús Eucaristía, aportando de forma especial su colaboración económica en el Domingo Mundial de las Misiones y que dicha colecta sea enviada lo más pronto posible a la Curia Diocesana para la entrega a las Obras Misionales Pontificias.
Como creyentes convirtámonos en “pan partido para la vida del mundo”, porque la participación en la Eucaristía nos hace misioneros.
+ Monseñor José Francisco Ulloa Rojas
Obispo Diocesano de Cartago
Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica |