A las puertas de una crisis migratoria: llamado a la acción urgente

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Este domingo 25 de setiembre estaremos celebrando la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado y, en su mensaje, el Santo Padre nos recuerda que la construcción del futuro es una tarea en la que debemos participar todos, “porque el proyecto de Dios es esencialmente inclusivo y sitúa en el centro a los habitantes de las periferias existenciales, entre los que hay muchos migrantes y refugiados, desplazados y víctimas de trata”.

En este preciso momento, no podemos ser indiferentes ante una posible crisis humanitaria si no atendemos de forma integral lo que viene aconteciendo en nuestro país. A la situación ya de por sí compleja de la migración nicaragüense, se suma la de grupos procedentes de otras partes del continente, entre los cuales la situación de los venezolanos es crítica; pero también de otras partes del mundo que usan a nuestro país como territorio de tránsito hacia Estados Unidos.

Del 1 de enero al 31 de agosto de este año, en Panamá se registró el paso de 102.067 personas que se trasladaron a nuestro país. Las causas que, independientemente del país de origen, fuerzan su desplazamiento son diversas: persecución política, inseguridad y violencia, exclusión y pobreza, incluso la crisis climática y desastres ambientales. Muchos expuestos a ser víctimas de la trata de personas, de los traficantes que abusan de ellos, de la delincuencia común e, incluso, de las autoridades.

A pesar de esa evidencia, no hemos podido tomar conciencia de sus alcances y naturaleza crítica. En varias localidades se observa la concentración de estos grupos: la zona sur, la ciudad de San José, Ciudad Quesada, Los Chiles, Upala y La Cruz, pero hay también una creciente presencia, prácticamente, en todas la diócesis del país en condiciones de riesgo y abandono. Es probable que una gran cantidad de dichas personas no puedan continuar su camino y deban permanecer de manera involuntaria e indefinida en Costa Rica, muchos porque se quedaron sin dinero o no poseen los medios para solventar los obstáculos derivados del cierre de fronteras que les impide entrar y transitar por otros países vecinos.

El Santo Padre nos insiste en que no debemos esconder nuestra piedad ante nuestros hermanos migrantes, sobre todo con los más débiles, y que “es necesario identificar pautas de solución concretas y viables, aclarando roles y responsabilidades de todos los actores”, mostrando nuestra sensibilidad y compromiso cristiano.

La respuesta de la Iglesia debe ser primordial, casi que ejemplar, poniendo a disposición recursos y capacidades para responder a este drama humano. Llamados a organizar la asistencia humanitaria, condición ineludible de nuestra praxis cristiana. También hacemos una llamado a la sociedad costarricense y de manera especial y respetuosa a las autoridades de Gobierno de la República y a las instituciones para que asumamos esta situación desde una perspectiva de derechos humanos y, por lo tanto, les instamos a que se disponga de los recursos necesarios para asegurarles el paso y su estadía en nuestro país de una manera digna.

X DANIEL FRANCISCO BLANCO MÉNDEZ

Obispo Auxiliar de San José

Secretario General

Pbro. Gustavo Meneses Castro

Secretario Ejecutivo Pastoral de Movilidad Humana

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Imagen: ACNUR, asilo y migración

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