Arzobispo Metropolitano recuerda momentos vividos junto al Papa emérito.

Palabras de cierre en la Eucaristía celebrada el 5 de enero 2023 en sufragio de Benedicto XVI.

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Hermanas y hermanos en el Señor.

Qué hermoso y reconfortante es tener la certeza de que siempre que celebramos la Eucaristía, celebramos a Cristo muerto y resucitado, Salvador de la humanidad. Por tanto, proclamamos que en y por Cristo, la muerte ha sido vencida, y que quienes peregrinamos en este mundo, habiendo sido incorporados a Él por el bautismo, nos encaminamos hacia la plenitud de la vida.

Como familia de rescatados, nos hemos reunido para celebrar esta Eucaristía, en sufragio de nuestro querido Papa Emérito Benedicto XVI, pidiendo al Señor lo tenga en su regazo. Su vida fue un ejemplo de entrega, amor y confianza plena en Él, de ahí que podríamos afirmar que sus últimas palabras lo dicen todo: “Jesús, te amo”. Sobre la base de ese amor sincero, fue que también llevó adelante la misión como Sumo Pontífice, insigne “cooperador de la Verdad”, aunque esto le trajo señalamientos e incomprensiones, pero, plenamente convencido continuó adelante, no fundamentado en el orgullo, dada su sabiduría y conocimientos, sino, desde la sencillez y humildad.

Permítanme compartirles, cómo el 21 de setiembre de 2006, tuve la oportunidad de escuchar presencialmente por primera vez como obispo, al entonces Papa Benedicto XVI, en la audiencia en que nos recibió a los participantes en el curso de obispos nombrados ese año. Fueron momentos emotivos sin duda alguna, y a la vez, momentos para escuchar palabras llenas de sabiduría, de espiritualidad y visión. Nos dijo: “Queridos hermanos, cada uno de vosotros, siguiendo el ejemplo de Cristo, en la atención diaria a la grey, ha de hacerse «todo a todos» (cf. 1 Co 9, 22), proponiendo la verdad de la fe, celebrando los sacramentos de nuestra santificación y testimoniando la caridad del Señor.” También nos manifestó: “Acoged con corazón abierto a los que llaman a vuestra puerta: aconsejadlos, consoladlos y sostenedlos en el camino de Dios, tratando de llevarlos a todos a la unidad en la fe y en el amor, cuyo principio y fundamento visible, por voluntad del Señor, debéis ser vosotros en vuestras diócesis (cf. Lumen gentium, 23).”

De igual forma recuerdo, que para nuestra visita ad limina en el 2008, cuando acudí a la audiencia particular, con la mayor sencillez del mundo, al ingresar al despacho, era él quien me esperaba a la entrada. En la conversación que sostuvimos sobre la diócesis me pidió le señalara en el mapa que tenia en el escritorio, dónde quedaba la diócesis de Limón.

En esa oportunidad, el 8 de febrero de 2008 nos dijo a los obispos de la Conferencia Episcopal, “También el pueblo costarricense necesita revitalizar constantemente sus antiguas y profundas raíces cristianas, su vigorosa religiosidad popular o su entrañable piedad mariana, para que den frutos de una vida digna de los discípulos de Jesús, alimentada por la oración y los sacramentos, de una coherencia de la existencia cotidiana con la fe profesada y de un compromiso de participar activamente en la misión de «abrir el mundo para que entre Dios y, de este modo, la verdad, el amor y el bien» (cf. Spe salvi, 35).

Agregó “El Señor ha sido pródigo con su viña en Costa Rica, donde hay un buen número de sacerdotes que son los principales colaboradores del Obispo en su ministerio pastoral. Por eso necesitan, además de orientaciones y criterios claros, de una formación constante y de apoyo en el ejercicio de su ministerio, una cercanía propia de «hijos y amigos» (Lumen gentium, 28)”

Por todo ello, hermanos, además de encomendar en la plegaria, al querido Papa Emérito Benedicto XVI, les invito a dar gracias al Señor por haber regalado a su Iglesia, un Papa que supo guiarla, desde la sencillez y la verdad, en medio de aguas turbulentas.

Mons. José Rafael Quirós Quirós

Arzobispo Metropolitano de San José

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