Carta pública de los obispos de la Conferencia de Costa Rica
al presidente electo de la República

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Señor:

DR. RODRIGO CHAVES ROBLES.

Presidente electo de la República Costa Rica.

Presente.

Estimado señor presidente:

Reciba nuestros saludos de gracia y paz en el Señor.

Queremos felicitarle y expresarle nuestros mejores deseos con motivo de la elección como presidente de la República, de la cual fue objeto de parte de la mayoría de los votantes en la última elección. Al mismo tiempo, queremos asegurarle nuestra oración, para que el Señor le ilumine y asista en el cumplimiento de sus altas y delicadas responsabilidades en bien del pueblo de Costa Rica.

Con el objetivo de mostrar las principales preocupaciones de la Iglesia Católica, hemos elaborado este documento, el cual refleja lo que, a la luz del Magisterio de la Iglesia y desde nuestra mirada y discernimiento pastoral, consideramos son los principales desafíos que enfrenta la sociedad costarricense.

Como pastores de la Iglesia, es nuestro deseo que su mandato sea fructuoso y en beneficio para todo el país. Además de nuestra oración le ofrecemos nuestra disponibilidad para ayudar en lo que podamos servir, siendo la Iglesia un actor social que ha estado presente en la historia costarricense.

Hemos dividido en siete temas esta propuesta para que pueda ser analizada.

Mediante la acción pastoral que desarrolla la Iglesia en nuestro país, desde hace muchísimos años, claramente y con obras concretas hemos contribuido para aportar al bien común de nuestra sociedad. Sepa que lo seguiremos haciendo; de ahí nuestra humilde cooperación con este escrito, para que pueda ser reflexionado a lo interno de su equipo de gobierno.

  1. LA POLÍTICA:

¡Hacia una sana política!

Para nadie es un secreto que, desde hace varios años, se vive en una constante crispación social. Por ello, el rumbo que marque el gobierno desde los primeros días, contribuirá o no a fortalecer la paz social que por tantos años ha caracterizado a nuestra nación.

Asimismo, es fundamental que haya plena representación de la ciudadanía en los puestos de poder; que el ciudadano se sienta realmente parte del gobierno y no lo vea como un ente lejano a sus intereses. Es bien sabido el desinterés y apatía política de la ciudadanía.

Precisamente, el Informe Estado de la Nación 2021 señala: «Desde hace varios años, la democracia costarricense enfrenta una crisis de representatividad política. Por ello se entiende, en lo fundamental, un síndrome de actitudes y prácticas ciudadanas que desconecta a la mayoría de las personas de todo vínculo orgánico e, incluso, de simpatía permanente alguna con cualquier partido, en un sistema político que otorga a los partidos el monopolio del acceso a cargos de elección popular y la función de canalizar y representar las demandas de la sociedad».

Desde la Iglesia, sentimos un gran aprecio por la política y por el sistema democrático que ha caracterizado a nuestra nación. Por ello, tras 200 años de vida independiente, debemos avanzar hacia una sana política en la cual se sientan integrados los ciudadanos, que no sea una «conexión» meramente electoral, y que, por el contrario, durante el ejercicio del poder, la ciudadanía sienta que puede acudir a sus autoridades porque están velando por sus intereses. Es fundamental poner en práctica una democracia realmente participativa.

Es importante, y por ello apelamos a su conciencia, para que las promesas que Usted ha hecho, pueda ponerlas delante de la sociedad y trabajar efectivamente por ellas, en función de servir de la mejor manera a todo el país, pues, no será presidente solo para quienes le dieron el voto, sino para todos los habitantes de Costa Rica.

  • LA ECONOMÍA:

¡La persona humana en el centro del desarrollo!

El Papa Francisco, en su Encíclica Fratelli tutti, n. 33, nos dice: «El mundo avanzaba de manera implacable hacia una economía que, utilizando los avances tecnológicos, procuraba reducir los ‘costos humanos’, y algunos pretendían hacernos creer que bastaba la libertad de mercado para que todo estuviera asegurado. Pero el golpe duro e inesperado de esta pandemia fuera de control obligó por la fuerza a volver a pensar en los seres humanos, en todos, más que en el beneficio de algunos».

De muchas maneras, estas palabras del Papa son muy reveladoras, pues, más allá de indicadores económicos de reducir el déficit fiscal que nos cuesta a todos, de reducir la inflación que es un impuesto permanente, o de ver indicadores que nos coloquen como ejemplo en las calificadoras de riesgo internacionales, necesitamos que la persona humana esté en el centro del desarrollo.

Sí, necesitamos finanzas sanas; mucho se logrará combatiendo la corrupción que carcome a toda la sociedad para evitar que los recursos de todos se queden en los bolsillos de unos cuantos. Efectivamente, necesitamos crecimiento económico, pero que sea justo, que se vea reflejado en la generación de vivienda, en infraestructura vial de primer mundo, de empleo digno para todos, de salud y educación de calidad.

Si la economía no se pone al servicio de la persona humana, esta será vacía. Por eso, en cualquier modelo de desarrollo, por el cual su gobierno quiera transitar, imploramos que se ponga como prioridad a la persona, para que se vea beneficiada integralmente de los recursos a disposición del país.

Es vergonzoso el más de un millón de costarricenses en pobreza y los más de 400 mil desempleados. Hay muchos sectores que se sienten excluidos y abandonados, ponemos nuestra mirada en los agricultores, en los pescadores… por citar algunos casos. Es hora de que, con todos los esfuerzos de diferentes equipos económicos, se ponga rostro humano a esos datos e indicadores para que podamos mostrar un verdadero desarrollo para esas personas que tanto lo necesitan.

  • LA FAMILIA Y LA VIDA:

¡Valores y un futuro sustentable!

Son varios años de retroceso en políticas que atentan contra la vida y la familia. Un país como el nuestro, históricamente defensor de la vida, porque es un derecho sagrado consagrado en la Constitución Política, ha venido abriendo sus puertas al aborto. Se está en camino de buscar medidas que aprueben la eutanasia, y cada vez hay menor respeto por el ser más débil como es el no nacido. Debemos retomar la cultura de la vida que siempre caracterizó a nuestra nación desde que en el siglo XIX abolió la pena de muerte.

Al mismo tiempo, es hora de promover políticas que ayuden a las familias, que permitan a las personas fundar una familia, por medio de trabajo digno, de educación, de herramientas que les permita crecer para beneficio de la sociedad. Dice el artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: «La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado». Esta protección no se ha visto últimamente.

Un futuro sustentable sólo es posible con familias sólidas, creando un porvenir seguro para los niños; de ellos es la sociedad del mañana. Es vital un gobierno que se vuelque en favor de la vida y la familia; esto sí nos pondría a destacar en el concierto de naciones. Basta una mirada a algunas naciones del Viejo Continente que se están devolviendo en algunas políticas del pasado, que trajeron consecuencias en el hoy y que pusieron en riesgo su futuro por la escasez de nacimientos, porque su población cada vez alcanza una mayor edad.

Costa Rica históricamente ha sido una nación con valores, respetuosa de los derechos humanos así proclamados universalmente y garante del más sagrado derecho como lo es la vida. Hoy, tras 200 años de vida independiente, debemos retomar los valores que han hecho grande a nuestro país.

  • LA SALUD:

¡Solidez desde nuestra institucionalidad!

En la década del 40’, la creación de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) sentó las bases de la solidaridad; dio solidez a un sistema de salud que hoy nos sigue protegiendo, incluso en medio de la feroz pandemia que enfrentamos. Institución que ha de fortalecerse en sus objetivos y servicios, además de una necesaria renovación estructural.

Por eso, la opción por la salud, como la apuesta por la educación, debe sentar las bases de cualquier gobierno; lo decimos con respeto. Creemos en un Estado que protege a sus habitantes, que apuesta en inversión por un sistema de salud que alcance a todos, que sea solidario, de avanzada.

Por consiguiente, deberían ser de revisión inmediata algunas decisiones que se tomaron en el pasado reciente, como cuando el país apoyó el considerar la «vejez» como una enfermedad. Al parecer, esto se ha querido “corregir” de manera parcial, utilizando en lugar de «vejez» la definición «disminución de la capacidad intrínseca asociada al envejecimiento», para catalogarla como enfermedad.

Es importante que los adultos mayores sean cuidados en todos los extremos; que haya adecuada atención a las mujeres embarazadas; no se debe permitir que algunos grupos ideológicos promuevan como condición de enfermedad la edad o el estado de embarazo; es vital proteger al no nacido. En el funcionamiento de la Institución, el componente ético es de particular importancia.

Costa Rica siempre ha estado a la vanguardia para proteger a su población, por ello creemos que el nuevo gobierno debe reforzar nuestro sistema de salud, la institucionalidad que la respalda y garantizar así el mejor futuro para todos, a través de un más eficiente y rápido manejo de la atención para la salud de todos.

  • LA EDUCACIÓN:

¡Una emergencia educativa!

Si no catalogamos o no se decreta una emergencia en la educación nacional, difícilmente se le pondrá la atención necesaria que requiere. Tras varios años, incluido el tiempo de pandemia y algunas huelgas que han afectado su curso, la educación ha evidenciado un deterioro en las relaciones sociales y en el acceso al conocimiento de los estudiantes; este impacto aún no podemos cuantificarlo.

Que haya datos de cerca de 425 mil estudiantes sin conectividad, es una vergüenza para el sistema educativo del país, y para la sociedad en general. El gobierno que iniciará sus funciones en mayo debe trabajar desde ya en soluciones urgentes que permitan nivelar el conocimiento y las habilidades blandas de los alumnos.

La inversión, que ciertamente puede ser alta en nuestro país, desde los fondos públicos que se utilizan para ese fin, debe ser repensada en su forma de ejecución, pues, la calidad educativa ha venido en retroceso creciente desde hace mucho tiempo.

También, es fundamental que se desligue a la educación de toda forma de ideologización; por el contrario, ha de estar apegada al conocimiento científico y a los valores que han caracterizado a Costa Rica.

Sobre este particular, el Papa Francisco expresaba, en julio de 2016, a los obispos de Polonia: «en Europa, América, América Latina, África, en algunos países de Asia, hay verdaderas colonizaciones ideológicas. Y una de estas –lo digo claramente con nombre y apellido– ¡es la ideología de género!».

Queremos que se vele por una educación de respeto a la persona humana, sin ideologizaciones que afectan a la misma sociedad. Soñamos con una educación integral de calidad que dé las mejores herramientas a nuestras nuevas generaciones.

  • LA PAZ SOCIAL:

¡Sólo el Bien Común nos puede unir!

Costa Rica se ha caracterizado por ser un Estado Social de Derecho y por su sólida paz social. Sin embargo, sabemos que esta se ha puesto a prueba en las últimas décadas, en medio de una desigualdad que es de las más elevadas en el continente; y, de soluciones que no llegan a las clases más vulnerables en temas como vivienda, trabajo, alimento y oportunidades en general.

El mismo Estado de la Nación, 2021, lo refleja: «Costa Rica está experimentado un fuerte desgaste de las capacidades políticas e institucionales de su sistema político y su Estado para implementar políticas públicas que atiendan problemas estructurales como la alta desigualdad y el empobrecimiento, la dualidad estructural de su economía, los problemas para el financiamiento sostenible del Estado de bienestar y de las políticas de gestión ambiental, así como para la promoción de nuevas oportunidades laborales y empresariales».

Tampoco es un secreto que, tras las elecciones de 2018, el país entró en un proceso más fuerte de crispación; la división y polarización han estado presentes en la sociedad. La única forma de unir a Costa Rica es buscar el bien común y su búsqueda compete, en primer lugar, a las autoridades del Estado.

«La responsabilidad de edificar el bien común compete, además de las personas particulares, también al Estado, porque el bien común es la razón de ser de la autoridad política. El Estado, en efecto, debe garantizar cohesión, unidad y organización a la sociedad civil de la que es expresión, de modo que se pueda lograr el bien común con la contribución de todos los ciudadanos», dice el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, numeral 168.

En momentos que la pandemia ha desnudado una serie de fragilidades en la sociedad, la búsqueda del bien común debe ser una aspiración para nuestros futuros gobernantes. Fomentar la solidaridad y la fraternidad contribuirán a fortalecer el clima de paz social tan necesario para el buen caminar de nuestra Patria.

  • EL MEDIO AMBIENTE:

¡Cuidado de la Casa Común!

«Hoy advertimos, por ejemplo, el crecimiento desmedido y desordenado de muchas ciudades que se han hecho insalubres para vivir, debido no solamente a la contaminación originada por las emisiones tóxicas, sino también al caos urbano, a los problemas del transporte y a la contaminación visual y acústica. Muchas ciudades son grandes estructuras ineficientes que gastan energía y agua en exceso. Hay barrios que, aunque hayan sido construidos recientemente, están congestionados y desordenados, sin espacios verdes suficientes. No es propio de habitantes de este planeta vivir cada vez más inundados de cemento, asfalto, vidrio y metales, privados del contacto físico con la naturaleza» (Laudato si’, numeral 44). Este extracto de la Encíclica del Papa Francisco sobre el cuidado de la Casa Común, nos pone de frente a un reto que tenemos en todo el mundo, pero desde luego, que debemos asumir con responsabilidad en nuestra nación.

Un compromiso por ser un país amigo del ambiente debe concretarse en hechos, en acciones políticas que inviten a la sociedad a transformar una serie de hábitos que de manera eficaz contribuyan al cuidado de nuestra casa. El Informe Estado de la Nación 2019, decía: «Con visión de conjunto, se observa que Costa Rica mantiene un uso insostenible en recursos naturales estratégicos para el desarrollo. Esto se refleja en un estancamiento en los patrones presentados durante varios años, el cual impide afrontar una diversidad de profundos cambios del entorno, tanto natural como económico, social y político».

Incluso, en el Informe de 2021, se destaca: «Informe Estado de la Nación, en sus más recientes ediciones, ha identificado paradojas que marcan la gestión ambiental de Costa Rica. Una de ellas es la coexistencia de logros históricos en materia de conservación al lado de patrones persistentes e insostenibles en el uso del territorio y de los recursos naturales».

Como en otra serie de políticas, es necesario que haya constancia para conseguir los resultados deseados; también madurez política para que, en el cambio de gobierno, en la sucesión de poder, entre diferentes personas y partidos políticos, se pueda establecer una hoja de ruta que sea conveniente para el país.

Cuidar nuestra «Casa Común» es una obligación de todos, pero en particular de quienes guían los destinos de la nación. Si no cuidamos y protegemos el lugar en que vivimos, no tendremos un espacio apto para vivir y desarrollarnos; y el futuro de las nuevas generaciones será grave y preocupante. También en este tema es fundamental señalar el camino indicado por el Papa Francisco, una ecología integral donde el ser humano ocupa la centralidad. Señor presidente electo, agradecemos su tiempo y atención a estos temas y preocupaciones que, desde nuestra visión pastoral, le hemos compartido. Con nuestro más sincero aprecio y saludo en Jesucristo nuestro Señor, esperamos lo mejor de Usted y de su futuro gobierno para el bien de Costa Rica. Que Dios ilumine, bendiga y haga muy fecundo su mandato. Nuestros mejores deseos y bendiciones también para las personas que Usted elija para que le acompañen a gobernar.

De Usted, con toda consideración,

José Manuel Garita Herrera, Obispo de Ciudad Quesada y Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.

Mario Enrique Quirós Quirós, Obispo de Cartago y Vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.

Daniel Francisco Blanco Méndez, Obispo Auxiliar de San José y Secretario General de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.

Javier Román Arias, Obispo de Limón y Tesorero de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.

José Rafael Quirós Quirós, Arzobispo Metropolitano de San José.

Bartolomé Buigues Oller, Obispo de Alajuela.

Juan Miguel Castro Rojas, Obispo de San Isidro de El General.

Manuel Eugenio Salazar Mora, Obispo de Tilarán-Liberia

Óscar Fernández Guillén, Obispo de Puntarenas

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