Mensaje de bienvenida para el V Congreso Latinoamericano CEPROME 2026.
S.E.R Mons. Mark Gerard Miles, Nuncio Apostólico en Costa Rica.
S.E.R. Mons. Javier Román Arias, presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.
S.E.R. Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, vicepresidente del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño.
Pbro. Dr. Daniel Portillo Trevizo, director del Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor.
Hermanos Obispos presentes de la Conferencia Episcopal de Costa Rica y Obispos que nos visitan de otros países.
Pbro. Dr. Daniel Portillo Trevizo, director de CEPROME.
Estimados ponentes, equipo internacional de CEPROME, equipo nacional de colaboradores del Congreso y participantes en general.
Con sincero afecto, les doy la más cordial bienvenida a Costa Rica y a este V Congreso Latinoamericano que nos convoca bajo el significativo lema: “Reparar el daño: entre la fe que sostiene, el cuidado que acompaña y la justicia que restaura”. Agradecemos sinceramente a CEPROME por haber escogido a nuestro país para este encuentro y congreso.
Recibimos con profunda gratitud a quienes han viajado desde diversos países, animados por el compromiso firme de fortalecer la cultura del cuidado y la protección en nuestras comunidades eclesiales. Es, sin duda, un verdadero don de Dios poder acogerlos este año en nuestra tierra.
Nos honran con su presencia representantes de comisiones nacionales, diocesanas y congregacionales provenientes de América Latina, Estados Unidos y Europa. Esta diversidad de rostros, experiencias y procesos enriquece nuestro camino común y manifiesta que la protección no es un esfuerzo aislado, sino una responsabilidad compartida por toda la Iglesia.
Nos reúne una causa que interpela profundamente nuestra conciencia y nuestra misión pastoral: acompañar, proteger y trabajar con perseverancia para que la Iglesia sea siempre un espacio seguro, donde la justicia y la misericordia caminen unidas, y donde la dignidad de cada persona sea respetada y custodiada.
Desde mi servicio al frente de la Comisión Nacional de Prevención de Abusos y Protección de Menores y Personas Vulnerables de Costa Rica, he sido testigo del esfuerzo sostenido por consolidar ambientes eclesiales seguros en la Iglesia universal, y de manera muy especial en nuestros países latinoamericanos. En Costa Rica hemos contado con el valioso respaldo de la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores y de CEPROME, cuyo acompañamiento ha sido fundamental para fortalecer nuestros procesos y renovar nuestro compromiso.
Espero que este Congreso y el importante tema central que trataremos con la ayuda de expertos, nos motive a seguir adelante en este apostolado que requiere formación especializada y una inmensa dosis de misericordia y amor por el que sufre.
Todos estamos trabajando fuerte por fortalecer en nuestra Iglesia la cultura del cuidado, por cambiar paradigmas y luchar contra estructuras rígidas que pueden dar pie a los abusos. Algunas veces encontramos resistencias, dificultades y podríamos desanimarnos, pero en este encuentro, tenemos la oportunidad de reflexionar sobre la importancia de nuestro apostolado y, sobre todo, de tomar conciencia de nuestra responsabilidad como Iglesia ante la justicia y la reparación para con las víctimas.
Quisiera detenerme también en un aspecto esencial de este camino: el acompañamiento y la escucha. No puede haber verdadera reparación sin una actitud interior de apertura y receptividad.
En esa línea, el Papa León XIV, en su mensaje para esta Cuaresma, nos recuerda que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro. Al respecto, dice el Santo Padre: “Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia”.
Hermanos, pidamos al Espíritu Santo que nos conceda un corazón dócil y atento, capaz de reconocer la voz de quienes han sufrido injusticias y abusos. Que nos conceda la sensibilidad necesaria para escuchar con verdadera misericordia y acompañar con respeto, cercanía y verdad, así como Dios nos escucha y acoge en nuestro propio dolor.
El clamor y el sufrimiento de las víctimas deben interpelarnos a todos; no pueden dejarnos indiferentes. Han de impulsarnos a un compromiso decidido con la reparación, como camino que contribuya a sanar heridas, a restituir la dignidad vulnerada y a abrir nuevamente horizontes de vida y esperanza.
Reitero mi agradecimiento y admiración a cada uno de ustedes por participar en este Congreso, porque asumir esta tarea exige valentía, transparencia y un profundo amor al Evangelio. Les deseo una grata estancia en esta tierra costarricense, conocida por su café y su riqueza natural, y que estos días de reflexión, oración y encuentro den abundantes frutos para el bien de la Iglesia y de quienes más nos necesitan.
Ponemos este camino bajo la protección amorosa de Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de Costa Rica, confiando a su intercesión los frutos de este Congreso y el compromiso que de él brote para nuestra Iglesia. Muchas gracias.
Monseñor José Manuel Garita Herrera
Obispo de Ciudad Quesada y presidente de la Comisión Nacional de Prevención de Abusos y Protección de Menores y Personas Vulnerables de Costa Rica.
Fuente: https://www.iglesiaciudadquesada.com/



