Homilía de Mons. Bruno Musaró, Nuncio Apostólico en Costa Rica.

Misa de sufragio por el Papa Emérito Benedicto XVI. 5 de enero 2023.

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Queridos hermanos y hermanas:

         Estamos aquí reunidos hoy para celebrar la Eucaristía en sufragio del alma bendita del Papa emérito Benedicto XVI, quien ha regresado a la casa del Padre en la mañana del pasado 31 de diciembre.

         Celebrar la Eucaristía significa dar gracias al Señor por todos los beneficios que continuamente nos dispensa. Entre ellos, hoy recordamos el luminoso pontificado de Benedicto XVI, desde el 19 de abril de 2005 hasta el 28 de febrero de 2013 cuando, con un valiente acto de profunda humildad, renunció al gobierno pastoral de la Iglesia Universal, al constatar que sus fuerzas físicas iban declinando. Dijo textualmente, cuando dio el anuncio de su retiro el 11 de febrero: “Mis fuerzas, con motivo de la avanzada edad, ya no son idóneas para ejercer de manera adecuada el ministerio petrino (de Sucesor de San Pedro) … Para gobernar el barco de San Pedro y anunciar el Evangelio, es también necesario sea el vigor del cuerpo que del espíritu, vigor que, en los últimos meses se me ha ido menguando de manera tal que tengo que reconocer mi incapacidad en administrar bien el ministerio a mí confiado

Como sabemos, en estos casi diez años de Papa emérito, él ha vivido en el Monasterio “Mater Ecclesiӕ” en los Jardines Vaticanos, dedicándose a la meditación y al estudio, a la oración y a la contemplación.

         El día de su elección a Sumo Pontífice, presentándose al mundo desde el balcón de la Basílica de San Pedro, se declaró un “humilde trabajador en la viña del Señor”. Así efectivamente lo recordamos en los casi diez años como Obispo de Roma, Sucesor del Apóstol San Pedro, Vicario de Jesucristo en la tierra. Él venía del mundo universitario en Alemania y había sido un gran teólogo, marcando con sus profundos estudios la época del Concilio Ecuménico Vaticano II y del post-Concilio hasta hoy. En estos días hemos escuchado repetidamente que el Papa Benedicto XVI ha dejado un gran legado a la Iglesia con su fecundo Magisterio.

         Su vasta cultura teológica no le ha impedido de ser un Pastor humilde, afable y cercano a la gente, a imagen de Jesús el Buen Pastor. Todos los que han tenido el privilegio de acercarse a él lo reconocen y lo cuentan con emoción.

         ¿Cuál ha sido el secreto de la humildad y de la santidad de la vida de Benedicto XVI? Vivir el misterio de la Encarnación, que nosotros estamos celebrando en este tiempo de la Navidad y de la Epifanía, como la manifestación plena y definitiva del amor de Dios, hecho carne en Jesús de Nazaret.

         De su vasta producción teológica como maestro de la fe católica, quiero recordar nada más el tema de las primeras tres Cartas Encíclicas de su pontificado.

La primera se titula: “DEUS CARITAS EST” y fue publicada el 25 de diciembre de 2005. “Dios es amor” – así comienza – y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él (1 Jn 4, 16). Estas palabras de la Primera carta de Juan expresan con claridad meridiana el corazón de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y de su camino. Además, en este mismo versículo, Juan nos ofrece, por así decir, una formulación sintética de la existencia cristiana: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él». Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. En un mundo en el cual a veces se relaciona el nombre de Dios con la venganza o incluso con la obligación del odio y la violencia, éste es un mensaje de gran actualidad y con un significado muy concreto. Por eso, en mi primera Encíclica deseo hablar del amor, del cual Dios nos colma, y que nosotros debemos comunicar a los demás”.

La segunda tiene como título “SPE SALVI FACTI SUMUS” y fue publicada dos años después, el 30 de noviembre de 2007. Estas son las palabras de la introducción: “En esperanza fuimos salvados, dice san Pablo a los Romanos y también a nosotros (Rm 8,24). Según la fe cristiana, la «redención», la salvación, no es simplemente un dato de hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino.

La tercera Carta Encíclica, del 29 de junio de 2009, se titula: “CARITAS IN VERITATE” y empieza con las siguientes palabras: “La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. El amor —«caritas»— es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz. Es una fuerza que tiene su origen en Dios, Amor eterno y Verdad absoluta. Cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él, para realizarlo plenamente: en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y, aceptando esta verdad, se hace libre (cf. Jn 8,32). Por tanto, defender la verdad, proponerla con humildad y convicción y testimoniarla en la vida son formas exigentes e insustituibles de caridad. Ésta «goza con la verdad» (1 Co 13,6). Todos los hombres perciben el impulso interior de amar de manera auténtica; amor y verdad nunca los abandonan completamente, porque son la vocación que Dios ha puesto en el corazón y en la mente de cada ser humano. Jesucristo purifica y libera de nuestras limitaciones humanas la búsqueda del amor y la verdad, y nos desvela plenamente la iniciativa de amor y el proyecto de vida verdadera que Dios ha preparado para nosotros. En Cristo, la caridad en la verdad se convierte en el Rostro de su Persona, en una vocación a amar a nuestros hermanos en la verdad de su proyecto. En efecto, Él mismo es la Verdad (cf. Jn 14,6). La caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia. Todas las responsabilidades y compromisos trazados por esta doctrina provienen de la caridad que, según la enseñanza de Jesús, es la síntesis de toda la Ley (cf. Mt 22,36-40). Ella da verdadera sustancia a la relación personal con Dios y con el prójimo; no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas. Para la Iglesia —aleccionada por el Evangelio—, la caridad es todo porque, como enseña San Juan (cf. 1 Jn 4,8.16) y como he recordado en mi primera Carta encíclica «Dios es caridad» (Deus caritas est): todo proviene de la caridad de Dios, todo adquiere forma por ella, y a ella tiende todo. La caridad es el don más grande que Dios ha dado a los hombres, es su promesa y nuestra esperanza”.

         Podríamos decir que esta tres Cartas Encíclicas son el resumen perfecto del Evangelio de Jesucristo, que Benedicto XVI ha tratado de vivir como teólogo, como Arzobispo de München und Freising, como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en estricta colaboración con el Papa San Juan Pablo II, y, finalmente, como Papa y como Papa emérito en el silencio de la contemplación.

         ¿Cuáles han sido, pues, sus últimas palabras pocas horas antes de entregar su alma? ¡SEÑOR, TE AMO!

         ¡Que Él rece por todos nosotros desde el cielo!

                                                                                     + Bruno Musarò

                                                                                        Nuncio Apostólico

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