- Una visita llena de amor y fe filial
Queridos hermanos en Cristo,
queridas religiosas, sacerdotes, y peregrinos venidos desde nuestra querida Diócesis de San Isidro,
Nos encontramos hoy en un momento de gracia muy especial: el último día de la novena en honor a Nuestra Madre, la Virgen de los Ángeles. Hemos caminado estos días con el corazón en oración, como pueblo peregrino que reconoce en la Virgen María una presencia maternal, cercana, protectora, y sobre todo, el modelo más puro de lo que significa ser templo vivo del Señor.
- El asombro de Salomón y el misterio de la presencia de Dios
El texto del Primer Libro de los Reyes nos ha llevado al corazón del Antiguo Testamento, cuando el rey Salomón, de rodillas en el templo recién construido en Jerusalén, eleva una oración humilde y llena de asombro:
“¿Es posible que Dios habite en la tierra? ¡Si el cielo y los cielos de los cielos no pueden contenerte, cuánto menos este templo que yo te he construido!”
Y sin embargo, Salomón suplica: “Escucha la oración de tu siervo, y los ruegos que haga este pueblo hacia este lugar”.
Ese asombro de Salomón es el mismo que podemos experimentar nosotros hoy al contemplar a María: ¿Es posible que el Infinito haya habitado en una joven humilde de Nazaret? Sí, es posible. Porque Dios no busca templos de piedra, sino templos de fe, templos abiertos, humildes, dispuestos. Y en María encontró el templo más bello, más silencioso, más fecundo.
- María, el nuevo templo vivo del Altísimo
El Evangelio nos conduce al momento decisivo de la Anunciación. El ángel entra a la casa de María, no a un templo de oro, sino a una casa sencilla. La llama “llena de gracia”, es decir, llena de Dios.
Cuando María dice: “Hágase en mí según tu palabra”, está abriendo totalmente su ser para que Dios lo habite, lo transforme, lo fecunde.
Desde ese instante, María se convierte en el nuevo arca de la alianza, el sagrario viviente, el templo santo del Altísimo.
- Una diócesis peregrina que llega con el corazón lleno
Hoy, como Diócesis de San Isidro, hemos venido como un solo pueblo, con el corazón lleno de nombres y rostros: los campesinos, las familias, los jóvenes, los migrantes, los enfermos, los niños, los consagrados y servidores de nuestras comunidades. Todos venimos a la casa de la Madre para suplicarle con confianza: Madre, escucha nuestra oración. Mira nuestras luchas. Acoge nuestras súplicas. Y muéstranos a Jesús.
- También nosotros estamos llamados a ser templos del Señor
Si María es templo, también nosotros estamos llamados a ser templos. San Pablo nos lo recuerda: “¿No saben que son templos del Espíritu Santo?”
Pero cabe preguntarnos:
¿Somos templos abiertos o cerrados?
¿Templos oscuros o llenos de luz?
¿Templos en los que Dios habita con alegría, o espacios que hemos ocupado con cosas del mundo?
- Aprender de María a ser templos humildes, orantes y disponibles
María no se glorió de ser templo de Dios, sino que se puso completamente al servicio del plan divino. Y desde entonces, acompaña a la Iglesia como Madre, intercesora y modelo.
Hoy queremos aprender de ella: a vivir con humildad, a abrirnos a la voluntad del Señor, a dejarnos habitar por el Espíritu, y a dar a luz a Cristo en medio del mundo.
- Oración final a Nuestra Señora de los Ángeles
Querida Virgen de los Ángeles, en este último día de la novena, recibe a tu diócesis hermana, San Isidro de El General, bendice a sus pastores, a sus familias, a sus jóvenes, a sus comunidades.
Haz de nosotros templos vivos, donde Jesús sea amado y anunciado. Y cuando sintamos que nuestra fe se tambalea, cuando parezca que todo se derrumba, ayúdanos a reconstruir desde la oración, la entrega y la esperanza.
Porque como tú, también nosotros queremos decir: “Aquí está la sierva del Señor, hágase en mí según tu palabra”.
Amén.
✞ Mons. Juan Miguel Castro
Obispo de la Diócesis de San Isidro



