Dentro de poco, miles de jóvenes de todos los rincones de Costa Rica emprenderán un mismo camino. No los mueve una competencia, un espectáculo o un interés pasajero. Los reúne el deseo de encontrarse con Cristo y compartir la alegría de la fe. Solo ese hecho ya llena de esperanza el corazón de nuestra Iglesia.
Este sábado 11 de julio, participarán en el Día Nacional de la Juventud en nuestra Diócesis de Limón. Será una verdadera experiencia de Iglesia, donde cada uno podrá descubrir que no camina solo y que la fe sigue viva en el corazón de las nuevas generaciones.
Quizá el signo más hermoso de esta jornada sea precisamente ese. Hoy muchos de estos jóvenes podrían estar haciendo cualquier otra cosa, sin embargo, han decidido dedicar este día al Señor. Han querido reunirse para celebrar la Eucaristía, orar, compartir con otros jóvenes de distintas comunidades y dejarse fortalecer por el amor de Dios. En un mundo donde con frecuencia pareciera que la fe debe vivirse en silencio, ellos nos recuerdan que creer no es motivo de vergüenza, sino una alegría que vale la pena compartir.
Cada uno llegará con su propia historia. Algunos lo harán con el corazón lleno de ilusión; otros llevarán preguntas, preocupaciones o heridas que quizá nadie conoce. También habrá quienes busquen una palabra de aliento, una respuesta o simplemente un espacio para sentirse acogidos. Y eso es precisamente lo que la Iglesia desea ofrecerles: un hogar donde todos tienen un lugar, donde nadie sobra y donde Cristo sale al encuentro de cada persona con amor y misericordia.
Este encuentro también nos invita a mirarnos como Iglesia. No basta con organizar una gran celebración; debemos preguntarnos qué estamos haciendo por nuestros jóvenes y qué esperan ellos de nosotros. Siempre podremos hacer más para acompañarlos, comprender sus inquietudes y caminar junto a ellos. Deben sentir que la Iglesia confía en sus capacidades, valora sus talentos y les abre espacios para crecer, servir y asumir con alegría su compromiso en la misión.
Con frecuencia decimos que los jóvenes son el futuro de la Iglesia, y es verdad. Pero antes que el futuro, son el presente de la Iglesia, el ahora de Dios. Porque cuando un joven abre su corazón al Señor, también se convierte en un signo de esperanza para su familia, para sus amigos y para toda la sociedad.
Deseo que cada uno de los jóvenes que participe en esta gran fiesta regrese a su hogar con la certeza de que esta también es su Iglesia. Aquí hay un lugar para ellos. Aquí sus preguntas encuentran acogida, sus sueños merecen ser acompañados y su presencia es un verdadero regalo. La Iglesia en Costa Rica quiere caminar a su lado, animarlos a no tener miedo de seguir a Cristo y recordarles que el Evangelio sigue siendo una propuesta capaz de dar sentido a la vida y de transformar el corazón.
Que este Día Nacional de la Juventud renueve la fe de quienes participen y también la esperanza de toda nuestra Iglesia. Encomendemos este encuentro a la Santísima Virgen María, para que acompañe a nuestros jóvenes, los proteja y los anime a responder con generosidad a la llamada del Señor. Que regresen a sus comunidades con un corazón renovado y con la alegría de saberse amados por Dios. Porque cuando un joven se encuentra con Cristo, nunca cambia solo su vida; también se renueva la esperanza de toda la Iglesia.
Mons. Javier Román Arias
Obispo de Limón
Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica



