La fraternidad no tiene fronteras

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Se llevó a cabo hoy jueves 17 de setiembre, el Encuentro Binacional de Pastoral de Movilidad Humana en la frontera entre Costa Rica y Panamá, en el marco de la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado 2026, con el fin de poner en el centro a los niños y adolescentes migrantes.

Estuvieron presentes personas migrantes, junto a las organizaciones que las acompañan y los obispos responsables de la Pastoral de la Movilidad Humana en ambos países, entre ellos Mons. Juan Miguel Castro, obispo de San Isidro, Monseñor Mons. Daniel Francisco Blanco Méndez, obispo Auxiliar de San José y presidente de la Pastoral Social Caritas Costa Rica y Mons. Luis Enrique Saldaña, obispo de David, Panamá.

El lema propuesto por el Papa León XIV para este año es: “Incluso uno solo de estos pequeños”, llama a prestar atención a los menores que se ven directamente afectados por la experiencia de la migración y la huida, a la preocupación por ellos y a la promesa del Señor de que quien acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí” (Mc 9,37).

Con este sentir, el encuentro inició en la Capilla Nuestra Señora de los Ángeles, La Loma del lado costarricense, se hizo una parada en el punto fronterizo, para hacer un gesto simbólico y luego se continuó hacia la capilla Inmaculado Corazón de María, en la comunidad Canoas Internacional, barriada Villa Flores, lado panameño, donde se celebraró la Eucaristía.

En su mensaje, Monseñor Juan Miguel Castro recordó que en una frontera, donde los Estados establecen sus límites, los cristianos estamos llamados a recordar que la fraternidad no tiene fronteras: «Antes que extranjero, migrante o refugiado, quien llega hasta nosotros es una persona, un hermano, una hermana, un hijo o una hija de Dios. Su dignidad no depende de su nacionalidad ni de su situación migratoria».

La hospitalidad, dijo Monseñor, comienza con gestos sencillos: mirar sin prejuicios, escuchar con respeto, ofrecer orientación, compartir el alimento, proteger a quien está en peligro y acompañar a quien se encuentra solo: «La hospitalidad también exige rechazar la xenofobia, la indiferencia y toda forma de explotación. No basta con sentir compasión; como el buen samaritano, estamos llamados a ver, acercarnos y cuidar», agregó.

Luego de agradecer a las comunidades de ambos lados de la frontera, a los agentes de pastoral, organizaciones, instituciones y familias que han abierto sus puertas y han tendido la mano a quienes transitan por esta región, el obispo generaleño motivó sobre que cada gesto de acogida, aunque parezca pequeño, puede devolver la esperanza y salvar una vida.

Por su parte, Monseñor Daniel Francisco recordó que el lema del encuentro: «El que acoge a uno de estos, conmigo lo hace», recoge el corazón del Evangelio, pues Jesús nos dice: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí».

«Por eso, recibir a una persona migrante, proteger a un niño, reunir a una familia o acompañar a quien ha quedado solo no constituye únicamente una obra humanitaria: es un acto de fe y un encuentro con el mismo Cristo», dijo Monseñor.

«El Santo Padre nos pide transformar la hospitalidad de un concepto abstracto en una práctica pastoral constante. No podemos delegar esta responsabilidad solamente en algunas instituciones, congregaciones o grupos especializados. Toda comunidad cristiana está llamada a abrir los ojos y el corazón, a escuchar las historias concretas y a tratar a las personas migrantes y refugiadas como miembros de pleno derecho de la familia eclesial», agregó.

Por eso, añadió, «renovamos nuestro compromiso de proteger la vida y la dignidad de cada persona, especialmente de los menores. Debemos evitar que sean separados de sus familias; garantizarles protección, educación y oportunidades; y prevenir toda forma de violencia, trata, explotación, discriminación y rechazo. La gestión de las fronteras nunca puede estar por encima del valor sagrado de la persona humana».

«Las imágenes de nuestras dos patronas se encuentran hoy como se encuentran dos pueblos hermanos. María también conoció el miedo, la huida y el exilio cuando, junto con José, tuvo que proteger al Niño Jesús de la violencia de Herodes. Ella comprende el dolor de las madres que caminan con sus hijos y la angustia de las familias separadas», concluyó el obispo responsable de Movilidad Humana en nuestro país.

Entre los sacerdotes presentes, además de los diocesanos, hubo religiosos Scalabrinianos, ⁠Vicentinos, ⁠Claretianos, Franciscanos y Agustinos.

Colaboró el Padre Gustavo Meneses Castro, secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.

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