Mensaje sobre los pescadores: “Remen mar adentro con esperanza: un llamado a custodiar el don recibido”

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Mensaje de Mons. Óscar Fernández a las Gentes del Mar, Diócesis de Puntarenas, con motivo de la celebración dedicada Nuestra Señora del Carmen, la Virgen del Mar, llevada a cabo el domingo 13 de julio.

Queridos hermanos y hermanas, gentes del mar.

El Señor Jesús, que caminó por las orillas del lago de Genesaret y subió a las barcas de humildes pescadores para anunciar el Reino, hoy también sube a sus lanchas, escucha sus redes vacías y conoce sus corazones cansados. Él les dice como entonces: “No teman, remen mar adentro, y echen sus redes” (cf. Lc 5,4).

Sus vidas, tan unidas al mar, son reflejo de ese Dios providente que no deja de sostenerlos, que les regala un paraíso en el que viven y trabajan.

Ustedes mismos lo han expresado: sienten la bendición de habitar un lugar hermoso y que les llena de alegría cuando el fruto del mar sostiene a toda la comunidad.

Pero también comparten sus dolores y preocupaciones: la pesca indiscriminada, la falta de liderazgo, el desorden, la pobreza, la violencia y el narcotráfico que envenenan la vida del pueblo. Les duele que, pese a vivir rodeados de tanta belleza, haya tanta presión sobre su gente. Y tienen razón. Esas realidades claman justicia y conversión.

No podemos callar ante la indiferencia del gobierno y de las instituciones, que tantas veces parecen sordas a las necesidades más apremiantes de estas comunidades. La falta de voluntad política para generar alternativas dignas de trabajo, la ausencia de coordinación interinstitucional para regular y acompañar responsablemente la actividad pesquera, han permitido que crezca un caos que perjudica sobre todo a los más humildes. Como decía el Papa Francisco en Laudato Si’“Con demasiada frecuencia, las políticas no responden a la urgencia de la situación” (LS 165).

Esto se refleja claramente en la gran informalidad que vive la pesca en esta región, donde apenas 20 de cada 100 pescadores cuentan con una licencia para ejercer esta actividad. Esto no solo genera enorme inequidad, dejando en la incertidumbre a la mayoría que no tiene acceso a beneficios ni protección social, sino que además alimenta un círculo vicioso de desorden, ilegalidad y abuso.

Nos mantenemos a la expectativa en torno a la implementación de este nuevo mecanismo para la conservación de los manglares, conocido como pago por servicios ambientales marinos, si bien es cierto, esto vendría a paliar en parte dificultades económica y se esperaría un impacto positivo ambientalmente, nos preocupa profundamente que los beneficios no lleguen a quienes realmente habitan y dependen del manglar. Como han compartido los pobladores de la Islita, aquí cerquita de nosotros, que han visto con dolor e indignación, cómo se les afecta en la distribución de los permisos o licencias para molusqueros, quedando muchas veces excluidos quienes más necesitan de esos recursos para sobrevivir.

Hoy la Palabra del Señor nos invita a una doble actitud profética y esperanzadora:

1. Cuidar la casa común, custodiar el mar que los alimenta.
El mar no solo es el lugar de su trabajo: es parte esencial de su vida. Si se destruye, se destruyen ustedes mismos y el futuro de sus hijos. Por eso es urgente asumir una pesca responsable, respetar vedas, rechazar artes prohibidas que arrasan todo, y educarse para manejar mejor los recursos. La indiferencia —tanto del Estado como de nosotros mismos— mata, mientras que la conciencia salva. Como dice Francisco: “Todo está conectado” (LS 91). No hay pescador sin peces, ni comunidad sin un mar vivo.

2. Tejer comunidad, superar la desunión y el individualismo.
Han reconocido que falta organización, que hay malos administradores y poco compromiso colectivo. El Evangelio muestra que los discípulos sacaron una pesca milagrosa porque trabajaron juntos, porque Pedro dejó que Jesús entrara en su barca y confiaron en su palabra. Hoy Jesús quiere entrar en sus familias, en sus grupos de pescadores, para enseñarles a compartir, a ayudarse, a exigir justicia, pero también a responsabilizarse mutuamente.

La Iglesia quiere caminar con ustedes, como lo han pedido, generando espacios de formación, buscando alianzas con organizaciones que puedan traer más oportunidades y fortaleciendo su fe. Pero ustedes son los primeros llamados a organizarse, a crear liderazgos con autoridad moral, a no dejarse vencer por el pesimismo ni a resignarse a esperar todo del Estado.

Hermanos pescadores, no están solos. Dios camina con ustedes. Su Palabra dice: “No temas, pequeño rebaño, porque su Padre ha decidido darles el Reino” (Lc 12,32). Confíen en su Providencia, pero también pongan de su parte para ser custodios vigilantes y activos de este tesoro que es su mar. Así, el Golfo de Nicoya podrá seguir siendo ese paraíso bendito donde la creación canta la gloria de Dios y donde las redes se llenan no solo de peces, sino de esperanza.

Que la Virgen del Mar los proteja y bendiga sus faenas, sus familias y sus comunidades, para que sigan remando juntos, mar adentro, hacia un futuro de justicia, fraternidad y paz.

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