Mensaje con motivo del Día Nacional del Niño.

Comisión Nacional de Pastoral Familiar

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«El Niño creía y se favorecía, llenándose de sabiduría; y el favor de Dios lo acompañaba» Lc 2,40

La familia como base fundamental de toda sociedad es reflejo de la misma. Es por esta razón que el hogar los padres deben velar por la salud física y , sobre todo, por la salud espiritual de sus hijos. La paternidad y maternidad es un ministerio que se vive de manera más plena si se enseña con el propio testimonio de vida. A los hijos se les brinda tiempo de calidad, mas que cantidad; se les enseña a cuidar su corazones con valores como la paciencia, la bondad y la misericoria; esto los guiará a elegir el mejor camino para un mejor futuro.

Recordemos que alguna vez fuimos niños con un lenguaje sencillo e inocente. Si no olvidamos esto podremos considerar mejor el entorno y educación de nuestros hijos. Tomando en cuenta sus
edades, personalidades y condiciones especiales les proporcionamos esa formación moral que
“debería realizarse siempre con métodos activos y con un diálogo educativo que incorpore la
sensibilidad y el lenguaje propio de los hijos. Además, esta formación debe realizarse de modo
inductivo, de tal manera que el hijo pueda llegar a descubrir por sí mismo la importancia de
determinados valores, principios y normas, en lugar de imponérselos como verdades irrefutables”.
(AL 264)
La educación de los hijos será siempre la primera responsabilidad de la familia; pero ella muchas
veces necesita la ayuda, de manera subsidiaria, de otros actores sociales como las diferentes
entidades gubernamentales, la escuela y la misma Iglesia, entre otras. Son muy valiosas hoy
aquellas organizaciones que actúan en favor de los niños y adolescentes en riesgo. Sin embargo, es importante destacar que cualquiera que se disponga a colaborar con la familia en la educación de sus hijos, debe siempre cumplir con salvaguardar la integridad de los más indefensos. Urgimos de un trabajo de conjunto e interdisciplinar de todos los actores sociales para fomentar y desarrollar habilidades para el bienestar común de la niñez en general.
No podemos olvidar en la educación de los hijos la importancia de transmitir la fe. José y María son un ejemplo de padres confiable para nuestro tiempo: en su actuar con su hijo Jesús, en el seno de una familia como la nuestra, le fueron transmitiendo la fe, junto a la caridad y la esperanza, con fuerza y alegría constante y auténtica.
Desde la Comisión Nacional de Pastoral Familiar, en el marco de la celebración del Día del Niño,
queremos decirles que nos abramos al diálogo, tolerancia, empatía y amor por nuestra niñez;
seamos verdaderas Iglesias domésticas donde los hijos, especialmente los niños, puedan vivir de la fe en Dios que los ama y los cuida siempre. ¡Feliz día del Niño!

Monseñor Manuel Eugenio Salazar Mora
Obispo de la Diócesis de Tilarán-Liberia
Presidente de la Comisión Nacional de Pastoral Familiar

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