En nombre de la Comisión Nacional de Laicos, nos unimos con alegría por segundo año en la
celebración el día nacional del Laico costarricense.
De este modo en camino de preparación al gran Jubileo del próximo año, estamos en el año de la
oración, por eso oramos por cada uno de los laicos, hombres y mujeres que entregan sus vidas por el Evangelio. Con memoria agradecida, recordamos a todos los que nos han antecedido y a quienes desde el silencio han sido y siguen siendo sembradores de la semilla del Reino en nuestros pueblos, catequistas, miembros de movimientos apostólicos, lectores, monaguillos, animadores de comunidad, líderes juveniles y pastoral familiar, colaboradores en la administración de los bienes, y la lista continúa, gracias infinitas.
Este año, tenemos muchas razones por las cuales celebrar esta fecha, que desde el año pasado se
inscribió en el calendario de nuestra Iglesia costarricense bajo la intercesión de los santos esposos Celia y Luis Guerin. Entre estos motivos de gozo, está la realización del segundo congreso nacional de Laicos, que Dios mediante iniciará mañana y deseamos contar con su oración para que los frutos de este congreso sean guiados por el Espíritu Santo.
Pero también, dirigimos una palabra de gratitud y estímulo a cada laico que en la sociedad, buscan abrir espacios para ser evangelizadores, primero con su coherencia de vida y segundo como acción evangelizadora. Cómo no tener presente a tantos hombres y mujeres en el mundo de la academia, la cultura, la política, la medicina, a esos taxistas, choferes, amas de casa, agricultores, ganaderos, estudiantes, que cada día siembran también evangelio en sus ambientes cotidianos.
Por eso, en el contexto de la etapa del Sínodo que vive la Iglesia universal, habiendo recibido el
“instrumentum laboris” para la sesión del octubre próximo, celebrar este día del Laico es recordar la importancia de caminar juntos, buscando siempre que la comunión y la participación para hacer más viva y efectiva la misión que nuestro señor Jesucristo le confío a la Iglesia.
Finalmente, a las puertas de celebrar la fiesta nacional en honor a nuestra Señora de los Ángeles, nos encomendamos al cuidado materno de la virgen, para que ella nos siga guiando al encuentro de su hijo y sepamos responder como lo hizo, con un sí generoso.
Feliz día hermanos y hermanas, gracias por su testimonio y entrega; sigamos caminando juntos,
“ustedes son la luz del mundo».
+Monseñor Javier Román Arias.
Obispo de Limón en Costa Rica
Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.
Obispo responsable de la Comisión Nacional de Laicos




