MENSAJE PARA EL TIEMPO DE CUARESMA DE LOS OBISPOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE COSTA RICA.

Servir a Dios, liberados del pecado, hace madurar frutos de santificación para la salvación de todos» Cf. Romanos 6, 22.

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«Que el Señor los haga crecer cada vez más en el amor mutuo y hacia todos los demás, semejante al que nosotros tenemos por ustedes» (I Tesalonicenses 3, 12).

Al iniciar el Tiempo de Cuaresma, se nos presenta la oportunidad de mostrar nuestro amor cristiano, para pasar de las palabras a los hechos y de encarnar lo que el Evangelio nos manda a hacer con el hermano que está en necesidad.

Precisamente, ese es el llamado que este año nos hace el Papa Francisco en su mensaje para este tiempo de gracia que vive la Iglesia, en el número 1:  «Si es verdad que toda nuestra vida es un tiempo para sembrar el bien, aprovechemos especialmente esta Cuaresma para cuidar a quienes tenemos cerca, para hacernos prójimos de aquellos hermanos y hermanas que están heridos en el camino de la vida (cf. Lc. 10,25-37)».

Muchos son nuestros hermanos sumidos en el drama de la pobreza y la pobreza extrema; otros son abandonados por razones de su edad o por enfermedad; hay hermanos que dejan sus tierras para buscar un mejor horizonte sin poder encontrarlo; también hay hermanos a los que no se les permite nacer…  Todos ellos claman la ayuda de alguien que les consuele o que simplemente los acompañe.

El mundo todavía arrastra graves consecuencias generadas por la pandemia provocada por el COVID-19; esto también ha dejado en estado de vulnerabilidad a personas que han perdido familiares y seres queridos en general.  Muchas personas están en situación de desempleo y también han sufrido el drama por no poder suplir todas sus necesidades para tener una vida digna.  Nuestro país debe unirse para superar y resolver una serie de problemáticas, si queremos vivir en paz y en procura de un desarrollo integral para todos.

Cuaresma es un llamado a que renovemos nuestro corazón y podamos construir caminos de solidaridad.  En todo tiempo, pero más ahora, estamos llamados a hacer el bien, y esta exhortación la dirigimos a todas las personas, católicos y creyentes, especialmente; pero a todos debe llegar este clamor, pues somos parte de una sociedad en la que ahora más que nunca necesitamos unos de otros.

«La Cuaresma es un tiempo propicio para buscar –y no evitar– a quien está necesitado; para llamar –y no ignorar– a quien desea ser escuchado y recibir una buena palabra; para visitar –y no abandonar– a quien sufre la soledad.  Pongamos en práctica el llamado a hacer el bien a todos, tomándonos tiempo para amar a los más pequeños e indefensos, a los abandonados y despreciados, a quienes son discriminados y marginados», nos dice el Santo Padre en su mensaje cuaresmal, número 2.

Para los creyentes, este llamado a hacer el bien surge del encuentro con una persona, Jesucristo, quien nos marca el camino; imitando sus sentimientos se nos llama a la unidad, a tener un mismo corazón y a buscar el bien de los demás (cfr. Flp. 2, 1-11).

La Cuaresma también está marcada por el itinerario que nos lleva a vivir el centro de nuestra fe: la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.  Nos preparamos, por tanto, durante cuarenta días con una serie de prácticas que nos permiten despojarnos del hombre viejo, para renovarnos en el espíritu y revestirnos de un hombre nuevo creados a imagen de Dios en la justicia y santidad (cfr. Ef. 4, 22-24).

Invitados a la oración, al ayuno y al desprendimiento generoso, se crea el ambiente ideal para hacer el bien. Dios que ve en lo escondido sabrá recompensar nuestras buenas acciones (cfr. Mt. 6, 16-18).

Lejos del bullicio, que muchas veces tenemos en la sociedad, dedicar un momento a la oración nos permite escuchar la voz de Dios; los creyentes no podemos hacer oídos sordos al Señor que nos llama a practicar obras de misericordia, ni podemos poner oídos sordos a muchos de nuestros hermanos que claman por apoyo.

Al practicar el ayuno nos daremos cuenta que podemos fortalecer nuestro espíritu, que no dependemos sólo de lo material, sino que somos personas que estamos llamadas a la vida eterna.

«Servir a Dios, liberados del pecado, hace madurar frutos de santificación para la salvación de todos (Cf. Romanos 6, 22)», reafirma el Papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma, número 1.

Finalmente, al desprendernos de algo que poseemos para darlo a los demás, sabremos que la verdadera felicidad está en entregarnos por completo, nos pondremos en el camino de la solidaridad que nos ayudará a construir una sociedad mejor, más fraterna y más justa.

Con disposición de corazón preparemos este tiempo para vivirlo con la confianza puesta en aquél que en su misterio pascual se entrega a la muerte y muerte de cruz para darnos la salvación.  Sólo en Jesús nuestra humanidad tiene esperanza.

«Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección.  Comprendámoslo:  nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado» (Rm. 6, 5-6).

Que la Cuaresma nos una cada vez más como país alrededor de un solo pensamiento: el bienestar de todos y no el de unos cuantos; que, haciendo el bien, produzcamos frutos de alegría y amor, de igualdad y fraternidad, de bien común y justicia social, de paz y solidaridad auténticas.

Como pastores de la Iglesia en Costa Rica, pedimos la intercesión de la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de los Ángeles, y enviamos nuestra bendición para que este Tiempo de Cuaresma sea de muchos frutos en el Señor Jesucristo.

En la sede de la Conferencia Episcopal, San José, a los 2 días del mes de marzo del año del Señor 2022.

JOSÉ MANUEL GARITA HERRERA, Obispo de Ciudad Quesada y Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.

DANIEL FRANCISCO BLANCO MÉNDEZ, Obispo Auxiliar de San José y Secretario General de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.

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Imagen: Cathopic.com

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