Obispos de frontera en Colombia, Panamá y Costa Rica visitan el Darién

El Papa Francisco ha enviado un mensaje a los participantes del encuentro.

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En una convocatoria por el Dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano Integral del Vaticano, se está realizando un encuentro de obispos de frontera y sus delegaciones de las Conferencias Episcopales de Colombia, Panamá y Costa Rica, quienes hoy justamente están visitando el Darién para dialogar con migrantes asentados en el campamento Lajas Blancas.

De Costa Rica están participando Mons. Manuel Eugenio Salazar de la Diócesis de Tilarán-Liberia,, Mons. José Manuel Garita Herrera Obispo de Ciudad Quesada, Mons. Javier Román Arias, Obispo de Limón, Mons. Juan Miguel Castro Rojas Obispo de San Isidro y Mons. Daniel Francisco Blanco Méndez, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de San José y presidente de la Comisión Nacional de movilidad humana en Costa Rica

En el Darién celebrarán la Eucaristía presidida por el cardenal de colombiano, Luis José Rueda Aparicio, presidente de la Conferencia Episcopal de este país.

«Los migrantes están en el corazón del Papa, y nos ha exhortado a los obispos a comprender, pero sobre todo atender integralmente su situación», afirmó el arzobispo de Panamá y vicepresidente del Celam, Monseñor José Domingo Ulloa Mendieta.

El Papa Francisco ha enviado un mensaje a los obispos fronterizos de Colombia, Panamá y Costa Rica, quienes iniciaron en encuentro en la ciudad panameña el martes 19 de
marzo 2024 para analizar, reflexionar y asumir compromisos pastorales en comunión por lo complejo de la situación migratoria. Este encuentro concluirá el viernes 22 de marzo.

Puede leer el mensaje completo del Papa Francisco aquí: https://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino/pubblico/2024/03/20/0232/00498.html

«La migración en esa región incluye venezolanos, ecuatorianos, colombianos, haitianos, que a lo largo del camino se vinculan con grupos de nicaragüenses y otros caminantes centroamericanos, así como de otros continentes. Con su faceta multicultural, esta caravana humana pasa por el Tapón del Darién, una selva que es triunfo de la naturaleza pero que hoy se convierte en un verdadero viacrucis que no sólo pone en evidencia los límites de la gobernanza migratoria en el hemisferio occidental, sino alimenta un próspero negocio que permite acumular ganancias ilícitas del tráfico humano.

Ni los peligros que suponen el tránsito y los chantajes ilegales, ni las crecientes devoluciones o estancamientos en países donde estos hermanos y hermanas no son deseados disminuyen la atracción (real o ilusoria) de satisfacer las necesidades de empleo y mejores condiciones de vida o, incluso, de una esperada reunificación familiar.

La Iglesia en Latinoamérica y el Caribe, como lo atestiguan las cinco conferencias generales de su Consejo Episcopal, siempre ha expresado su preocupación por el tema de la migración, buscando ser una Iglesia sin fronteras, Madre de todos. Es por eso que, como cristianos, cada refugiado y migrante que abandona su patria nos interpela. En nuestros pueblos encontramos al mismo tiempo la fraternidad hospitalaria que acoge con sensibilidad humana, pero desgraciadamente también, la indiferencia, que ensangrienta el Darién» dijo el Papa Francisco.

El Papa animó a los Obispos a trabajar incansablemente para que sea posible erradicar esa indiferencia, «de tal manera que cuando un hermano o una hermana migrante llegue, encuentre en la Iglesia un lugar donde no se sienta juzgado, sino acogido; donde pueda calmar el hambre y la sed, y revivir la esperanza. Por eso, la pastoral para la atención a la movilidad humana nos impulsa, cómo dice Isaías, a ensanchar el espacio de la tienda (cf. 54,2) y así, reconociéndonos también forasteros, con nuestras propias vulnerabilidades y carencias, podamos generar las condiciones necesarias para acoger al prójimo como un hermano o una hermana, y hacerlo así partícipe de nuestra cotidianidad.»

Fuente e imágenes: prensa Panamá.

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