El pasado 11 de noviembre 2024, S.E. Mons. Mark Gerard Miles, Nuncio del Papa Francisco en Costa Rica, visitó por primera vez el Seminario Nacional Nuestra Señora de los Ángeles y estuvo con los seminaristas y formadores. Compartimos acá las palabras que les dirigió:
«Muy estimados Seminaristas que conforman la comunidad del Seminario Nacional Nuestra Señora de Los Ángeles, es con alegría que he aceptado la cordial invitación de su Rector el P. Carlos Coto, a fin de conocer esta realidad de la Iglesia en Costa Rica, en el marco de mi reciente nombramiento como Nuncio Apostólico de Su Santidad en este hermoso país.
Es interesante dimensionar la realidad de un Seminario Nacional ya que estamos hablando del lugar en que se forman académicamente y en la Fe a aquellos que están madurando la vocación al sacerdocio para la atención pastoral de toda una Nación.
Esta gran responsabilidad debe hacer reflexionar a todos los involucrados en la necesidad de profundizar en algunos aspectos que, si me permiten, son prioritarios: la oración, la obediencia y el celibato, todo esto bajo el patrocinio maternal de María Santísima.
1.La oración es indispensable: si queremos poner a Dios en el primer lugar de nuestras vidas, no podemos dejar de lado la oración.
«La oración es el aliento de la fe, es su expresión más adecuada. Como un grito que sale del corazón de los que creen y se confían a Dios», (Papa Francisco al iniciar una serie de 38 catequesis, 6 de mayo de 2020).
Quisiera considerar la oración como la relación entre amigos. ¿Cómo está mi amistad con Jesús, el amigo que nunca falla?
Los amigos pasan tiempo justos, y por esa razón los quiero animar a desarrollar la práctica de pasar tiempo delante del Santísimo. Esa disciplina es también amor, y les va a ayudar mucho, si Dios quiere, en el futuro ministerio.
En el numeral 26 de su reciente Carta Encíclica Dilexit Nos el Papa Francisco hace referencia a un hermoso pensamiento del Cardenal San John Henry Newman este numeral dice: “Por eso Newman encontraba en la Eucaristía el Corazón de Jesucristo vivo, capaz de liberar, de dar sentido a cada momento y de derramar la verdadera paz al ser humano: «Sacratísimo y muy amado Corazón de Jesús, estás oculto en la Santa Eucaristía y sufres aún por nosotros. […] Te venero, pues, con todo mi mejor amor y reverencia, con mi ferviente afecto, con mi mayor sumisión y la más resuelta voluntad. Dios mío, cuando condesciendes a sufrir que te reciba, te coma y te beba, y por un momento estableces tu morada en mí, haz que mi corazón lata con el tuyo. Purifícalo de todo lo que es terrenal, de todo lo que es orgullo y sensualidad, de todo lo que es duro y cruel, de toda perversidad, de todo desorden, de toda mortandad. Llénalo tanto de ti, que ni los acontecimientos del momento ni las circunstancias de la época tengan poder de alterarlo, sino que en tu amor y en tu temor pueda hallarse en paz».” ( Dilexit nos 26).
2. La Obediencia. El sacerdote debería tener siempre delante de sus ojos el ejemplo de el Buen Pastor quien vino para servir y no ser servido, y ofrecer su vida en rescate de las almas (cf. 20:28). Por eso es tan importante cultivar la humildad y la obedienciaa la voluntad de Dios que se refleja en las autoridades competentes.
«La obediencia —explicó el Papa Francisco— muchas veces nos conduce por una senda que no es la que yo pienso que debe ser: existe otra, la obediencia de Jesús que dice al Padre en el huerto de los Olivos “que se cumpla tu voluntad”». Obrando así, Jesús «obedece y nos salva a todos». Por lo tanto, debemos estar dispuestos a «obedecer, tener la valentía de cambiar de camino cuando el Señor nos lo pide». Y «por ello quien obedece tiene la vida eterna; y quien no obedece, la ira de Dios permanece en él» (L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 16, viernes 17 de abril de 2015).
La experiencia comunitaria en el Seminario es sin duda una ocasión preciosa para poner en práctica este consejo evangélico de la obediencia para que por medio de la Gracia de Dios sea posible hacerlo vida en el Ministerio del Sacerdocio.
“Aquellos que, por un generoso esfuerzo, se resuelven a obedecer, ganan grandes méritos, pues la obediencia entraña un sacrificio parecido al martirio.” (San Ignacio de Loyola)
3.El Celibato propter regnum caelorum es un don con el que el Señor ha bendecido a su Iglesia y de modo particular lo ha pedido a quienes elige para el Sacerdocio. El celibato no es solamente una opción ascética, sino que hace parte del conjunto de dones sobrenaturales con que Dios ha dotado a su Iglesia.
Cuando se trata de los dones de la Gracia, no es el Reino de Dios el que tiene que adaptarse al mundo, sino lo contrario.
“en el corazón de esta identidad [sacerdotal], configurada con el Señor Jesús, está el celibato”.
(mensaje a los seminaristas de Francia, “corazón de la identidad” del sacerdocio. Dic 2023).
Este y cualquier otro don, no es posible llevarlo adelante sino es con una visión totalmente sobrenatural, ya que Dios se vale de frágiles instrumentos para realizar Su obra, y que mejor que encomendarnos a aquella que es Madre de Dios y que nos fue entregada por el propio Salvador desde lo alto de la Cruz como madre nuestra. Una madre acompaña amorosamente a su hijo en medio de todas las dificultades, peligros y debilidades, Ella nos auxilia, pero nosotros debemos ser fervorosos hijos que se valen de ese socorro.
Quiero agradecer sinceramente la posibilidad de poder reunirme con una de las instituciones más relevantes dentro de la Iglesia, es por eso mi interés de compartir estos principios indispensables para aquellos que se preparan para ser “otros Cristos” en el sacramento del Orden.
Mi estimulo y plegaria por cada uno de Ustedes, pidiendo a Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, una fidelidad plena a su llamado, que todos nosotros, seminaristas, formadores y obispos seamos instrumentos dóciles en las manos del Señor.
¡Muchas gracias!».



