Saludo inicial en la Eucaristía por el descanso eterno de Benedicto XVI, Papa Emérito.

Palabras de Mons. José Manuel Garita al inicio de la Eucaristía en sugragio por el Papa Emérito.

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Hermanos todos en el Señor:

Iluminados por la luz esplendente de la Pascua, “porque si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe”, nos hemos reunido esta mañana en esta Iglesia Catedral Metropolitana, Santuario Nacional dedicado a San José, para celebrar el misterio eucarístico, fuente de vida y santidad, en sufragio del querido Papa emérito, Benedicto XVI, fallecido el pasado 31 de diciembre.

 
A lo largo de su existencia, que se ha prolongado por 95 años, nos hemos encontrado con el hombre, el creyente, el sacerdote, el teólogo, el profesor, el Obispo y el Sucesor de Pedro. Pero todas estas dimensiones de su vida cristiana se ven integradas en la conciencia de una misión que cifró toda su existencia, y que muy bien deseó expresar el mismo Joseph Ratzinger al ser nombrado por San Pablo VI, arzobispo de Múnich, y posteriormente designado cardenal por el mismo Pontífice, y fue el lema de su escudo episcopal: “Cooperadores de la verdad” (3 Juan v. 8). La búsqueda de la verdad y el servicio a ella fue su gran pasión. Al hacer experiencia de su Pascua, el pasado 31 de diciembre, ha entrado para siempre en comunión con la Verdad, cuyo nombre es Jesucristo, que colmó todas sus ansias y desvelos en favor de la Iglesia.

 
Al hacer un balance de su vida como sacerdote, obispo y Papa, nos encontramos con una rica y vasta aportación a la reflexión teológica y a la acción evangelizadora de la Iglesia con más de 71 años de homilías, publicadas en diversos idiomas; 66 libros que recogen su experiencia docente y su camino de fe. Como Papa nos ha dejado 3 Encíclicas y 4 Exhortaciones Apostólicas. Todo su aporte lo podríamos resumir en esta frase de su Testamento Espiritual: “Manténgase firmes en la fe ¡No se dejen confundir!”.

Querido Papa Benedicto, tus últimas palabras, en la mañana del 31 de diciembre anterior, resumen lo que guardaste en tu corazón de creyente y que ahora nos heredas al entrar en la eternidad: “¡Señor, te amo!”.  Vela por nosotros que somos el Pueblo de Dios aún peregrino en el tiempo y en el espacio, y concédenos entrar cada día en la experiencia del amor de Aquel que fue la razón de tu vida y que deseamos colme también la nuestra. Descansa en paz con el Supremo Amor y por siempre. Amén.

Mons. José Manuel Garita Herrera.

Obispo de Ciudad Quesada.

Presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica.

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