Mensaje con ocasión de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2026.
Celebramos, en la solemnidad de la Ascensión, la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Cristo Resucitado envía a sus discípulos al mundo entero para anunciar el Evangelio y ser testigos de la verdad, de la esperanza y del amor de Dios. También hoy, en medio de una cultura profundamente marcada por la comunicación digital y por el desarrollo acelerado de nuevas tecnologías, la Iglesia renueva ese mandato misionero con renovado entusiasmo y responsabilidad.
El Papa León XIV, en su mensaje para esta Jornada, nos ofrece una iluminación particularmente necesaria al invitarnos a “custodiar voces y rostros humanos”. El Santo Padre nos recuerda que la comunicación no puede reducirse a estrategias, algoritmos, impactos emocionales o simples intercambios de información. La comunicación es, ante todo, una expresión de la dignidad humana, un encuentro entre personas, una búsqueda compartida de la verdad y un camino para construir fraternidad.
En una época donde la velocidad muchas veces supera la reflexión, donde las redes sociales pueden convertirse en espacios de polarización, agresividad y desinformación, estamos llamados a custodiar el don de la comunicación como una dimensión esencial de la persona humana. Toda innovación tecnológica debe estar orientada al bien integral del ser humano y nunca puede sustituir la riqueza del encuentro auténtico, del diálogo respetuoso y de la escucha sincera.
Necesitamos una comunicación capaz de sanar heridas y no de profundizar divisiones; una comunicación que dé voz a quienes no la tienen; una comunicación que respete el rostro y la dignidad de cada persona, especialmente de los más vulnerables. La verdad nunca puede separarse de la caridad, ni la libertad de expresión desvincularse de la responsabilidad ética y moral.
Quisiera agradecer especialmente a quienes ejercen la comunicación con honestidad, profesionalismo y profundo sentido humano. Su trabajo es un verdadero servicio al bien común y a la democracia. También animo a nuestras comunidades eclesiales a seguir utilizando responsablemente los medios de comunicación y las plataformas digitales como instrumentos de evangelización, cercanía y promoción de la cultura del encuentro.
Como Iglesia en Costa Rica, estamos llamados a ser comunicadores de esperanza, a anunciar palabras que iluminen, que unan y que ayuden a descubrir la presencia de Dios en la vida cotidiana.
Jesucristo, el Señor, que asciende al cielo sin abandonar a su pueblo, fortalezca nuestra misión de ser testigos creíbles del Evangelio en todos los espacios de comunicación humana y María Santísima, Reina de los Ángeles, mujer del sí y portadora de la Palabra hecha carne, nos enseñe a comunicar con verdad, humildad y amor.
Mons. Bartolomé Buigues Oller
Obispo de Alajuela
Presidente de la Comisión Nacional de Comunicación, CECOR



