Mensaje de la Comisión Nacional de Pastoral Familiar en ocasión de la Celebración del Día de la Madres
Sábado 15 de agosto, 2026
En la vivencia del amor familiar, la mujer ocupa una misión privilegiada. Está llamada a reflejar el rostro bello y misericordioso de Dios. Esta misión se manifiesta de manera especial a través del maravilloso don de la maternidad.
En la solemnidad de la Asunción de nuestra Madre Santísima, contemplamos a María que recibe el misterioso regalo de ser la madre del Salvador. Su glorificación es fruto de su «sí» pleno a la voluntad divina. Mirando a María que es llevada por los ángeles al Cielo, estamos a la vez poniendo nuestra mirada a aquellas mujeres que, como María, han abrazado la vocación a la maternidad. Bendita sea la Madre de Dios y benditas todas nuestras madres por altísima vocación.
María de Nazaret se constituye como modelo y ejemplo para todas las madres, especialmente en porque la entrega de una madre siempre es generosa y su compromiso es siempre fecundo en el amor. Es por eso que San Juan Pablo II decía que “debemos hacer todo lo posible para que la mujer sea merecedora de amor y veneración. Debemos hacer lo imposible para que los hijos, la familia, la sociedad descubran en ella la misma dignidad que vio Cristo en la mujer”.[1]
Nuestro mensaje de gratitud a todas las mujeres madres que han tenido la bendición de abrazar al fruto de sus entrañas y llegue también estas palabras a aquellas mujeres que, aun deseándolo, no han podido ser madres. Nos hacemos solidarios de su dolor y les recordamos que, incluso en esta circunstancia, están llamadas a transmitir su cariño y dulzura maternal dondequiera que se encuentren. De igual manera, reconocemos y agradecemos a todas aquellas que han sentido el llamado a ser madres del corazón a través de la adopción.
En un mundo que a menudo se vuelve egoísta e individualista, valoramos profundamente a todas nuestras madres, que nos dan testimonio de que es posible vivir con amor la vocación a la que Dios nos llama. Su testimonio es «el antídoto más fuerte ante la difusión del individualismo egoísta»[2].
Que María, asunta al cielo, bendiga y proteja a todas las madres que con su vida encarnan la ternura de Dios.
Monseñor Elímar Carvajal Durán
Obispo de Puntarenas
Presidente de la Comisión Nacional de Pastoral Familiar
[1] Audiencia General. 10 de enero, 1979
[2] Cf. Amoris Laetitia [AL], n. 174: «Las madres son el antídoto más fuerte ante la difusión del individualismo egoísta».



